3 de Junio de 2022
EPIDEMIOLOGÍA

Cuatro preguntas clave sobre la viruela del simio

Los expertos se esfuerzan por entender los últimos brotes, desde sus orígenes hasta la posibilidad de contenerlos.

Partículas del virus de la viruela del simio. [iStock/kontekbrothers]

Hace cuatro semanas que las autoridades sanitarias confirmaron un caso de viruela del simio en el Reino Unido. Desde entonces, han aparecido más de 400 casos confirmados o sospechosos en al menos veinte países no africanos, como Canadá, Portugal, España y el Reino Unido, lo que supone el mayor brote de la historia fuera de África. La situación mantiene a los científicos en alerta porque el virus ha aparecido en poblaciones separadas de varios países, y no hay una relación evidente entre muchos de los grupos, lo que plantea la posibilidad de que haya un contagio local no detectado.

«Tenemos que actuar con rapidez y decisión, pero aún queda mucho por aprender», afirma Anne Rimoin, epidemióloga de la Universidad de California en Los Ángeles que lleva más de una década estudiando la viruela símica en la República Democrática del Congo.

Se presentan a continuación algunas de las preguntas clave sobre los recientes brotes que los investigadores se apresuran a responder.

¿Cómo empezaron los brotes actuales?

Desde que estos aparecieron, los investigadores han secuenciado los genomas víricos recogidos de personas con viruela símica en países como Bélgica, Francia, Alemania, Portugal y Estados Unidos. El dato más importante que han obtenido hasta ahora es que cada una de las secuencias se parece mucho a la de una cepa de viruela símica que se encuentra en África occidental. La cepa es menos letal (provoca una mortalidad inferior al 1 por ciento en poblaciones pobres y rurales) que otra que se ha detectado en África central y que causa una mortalidad de hasta el 10 por ciento.

También se han hallado indicios sobre cómo podría haber comenzado el brote. Aunque los investigadores necesitan más datos para confirmar sus sospechas, las secuencias que han analizado hasta ahora son casi idénticas entre sí.  Ello hace pensar que una investigación epidemiológica exhaustiva demostraría que los recientes brotes fuera de África descenderían de un único caso.

Las secuencias actuales se asemejan más a las de un puñado de casos de viruela símica que surgieron fuera de África en 2018 y 2019 y que se relacionaron con viajes al África occidental. La explicación más sencilla es que el primer caso no africano de este año (correspondiente a una persona que aún no se ha identificado) se infectó a través del contacto con un animal o un humano portador del virus mientras visitaba una parte similar de África, apunta Bernie Moss, virólogo del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de EE.UU. en Bethesda, Maryland.

 

Pero no pueden descartarse otras explicaciones, opina Gustavo Palacios, virólogo de la Escuela de Medicina Icahn del Monte Sinaí, en Nueva York. Es posible que el virus ya estuviera circulando, sin ser detectado, fuera de África en humanos o animales, y que se hubiera introducido durante brotes anteriores. Sin embargo, esta hipótesis es menos probable porque el virus de la viruela símica suele causar lesiones visibles en el cuerpo de las personas y probablemente llamarían la atención de un médico.

¿Puede un cambio genético en el virus explicar los últimos brotes?

Conocer si existe una causa genética que explique la propagación sin precedentes del virus fuera de África será increíblemente difícil, comenta Elliot Lefkowitz, virólogo computacional de la Universidad de Alabama que ha estudiado la evolución de los poxvirus. Los investigadores todavía no han conseguido determinar con precisión qué genes son los responsables de la mayor virulencia y transmisibilidad de la cepa centroafricana, en comparación con la occidental, más de 17 años después de haber identificado una diferencia entre ambas.

Una de las razones de esa tardanza es que los genomas de los poxvirus encierran muchos misterios, afirma Lefkowitz. El genoma de la viruela símica es enorme en relación con el de muchos otros virus: es más de seis veces mayor que el del coronavirus SARS-CoV-2. Eso significa que son al menos «seis veces más difíciles de analizar», dice Rachel Roper, viróloga de la Universidad del Este de Carolina, en Carolina del Norte.

Palacios explica que otra razón es que se han dedicado pocos recursos a los esfuerzos de vigilancia genómica en África, donde la viruela símica ha sido un problema de salud pública durante muchos años. Así que los virólogos no saben nada en este momento, porque tienen pocas secuencias con las que comparar las secuencias de los nuevos brotes, apunta. Los organismos de financiación han hecho caso omiso a los científicos que llevan más de una década advirtiendo de que podrían producirse nuevos brotes, añade.

Ifedayo Adetifa, director del Centro para el Control de Enfermedades de Nigeria, afirma que los virólogos africanos con los que ha hablado han expresado su irritación por las dificultades que han hallado durante años para obtener financiación y publicar estudios sobre la viruela símica. Y ahora que se ha extendido fuera del continente, las autoridades de salud pública de todo el mundo parecen de repente más interesadas.

Para entender cómo evoluciona el virus, también sería útil secuenciar el virus en animales, comenta Palacios. Se sabe que infecta a los animales (sobre todo a roedores, como las ardillas y las ratas), pero aún no se ha descubierto su reservorio animal natural en las zonas afectadas de África.

¿Pueden contenerse los brotes?

Desde que empezaron los brotes actuales, algunos países han estado adquiriendo vacunas contra la viruela, que se cree que son muy eficaces contra la viruela símica, ya que ambos virus están emparentados. A diferencia de las vacunas contra la COVID-19, que tardan hasta dos semanas en ofrecer una protección completa, se piensa que las vacunas antivariólicas protegen contra la viruela símica si se administran en los cuatro días siguientes a la exposición, debido al largo periodo de incubación del virus, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU. (CDC) en Atlanta (Georgia).

En caso de desplegarse la vacunación, probablemente se emplearía una estrategia de «vacunación en anillo», con la inoculación de los contactos cercanos de las personas infectadas. Andrea McCollum, epidemióloga que dirige el equipo de poxvirus de los CDC, afirma que la agencia aún no está aplicando una estrategia de vacunación en anillo. Pero mientras tanto, la CNN informa de que Estados Unidos tiene previsto ofrecer vacunas antivariólicas a algunos profesionales sanitarios que traten a personas infectadas. También podría considerarse la posibilidad de vacunar a los grupos con mayor riesgo de infección, además de los contactos cercanos de las personas infectadas, explica Rimoin.

Aunque los funcionarios de salud pública detengan la transmisión de la viruela símica en los brotes actuales, los virólogos también están preocupados por la posibilidad de que el virus vuelva a extenderse a los animales. Tener nuevos reservorios del virus en los animales aumentaría la probabilidad de que se transmitiera a las personas una y otra vez, incluso en países que no albergan ningún reservorio animal conocido del virus. El 23 de mayo, el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades destacó esta posibilidad, pero consideró que la probabilidad era «muy baja». Aun así, las autoridades sanitarias europeas recomendaron encarecidamente que los roedores domésticos, como hámsters y cobayas, cuyos propietarios fueran casos confirmados de viruela símica se aislaran y vigilaran en instalaciones gubernamentales o se les aplicara la eutanasia para evitar la posibilidad de contagio.

Aunque el riesgo es bajo, Moss afirma que el principal problema es que los científicos no sabrían si se había producido tal contagio hasta que fuera demasiado tarde, porque los animales infectados no suelen mostrar los mismos síntomas visibles que los humanos.

¿Se propaga ahora el virus de forma diferente en comparación con los brotes anteriores?

Se sabe que el virus de la viruela símica se transmite a través del contacto estrecho con las lesiones, los fluidos corporales y las gotitas respiratorias de personas o animales infectados. Sin embargo, las autoridades sanitarias han examinado la actividad sexual en dos fiestas rave de España y Bélgica como motores de la transmisión de la enfermedad, según Associated Press, lo que hace especular con la posibilidad de que el virus haya evolucionado y esté mejor adaptado a la transmisión sexual.

Sin embargo, los casos vinculados a la actividad sexual no significan que el virus sea más contagioso o se transmita por vía sexual, sino que se propaga fácilmente a través del contacto cercano, afirma Rimoin. A diferencia del SARS-CoV-2, que no se cree que permanezca mucho tiempo en las superficies, los poxvirus pueden sobrevivir largo tiempo fuera del cuerpo, lo que hace que superficies como las sábanas y los pomos de las puertas sean un vector potencial de propagación, afirma Roper.

Aunque las autoridades sanitarias han señalado que se han producido numerosos casos en hombres que mantienen relaciones homosexuales, Rimoin subraya que la explicación más probable de la propagación del virus entre ellos es que el virus se introdujo casualmente en la comunidad, y que ha seguido extendiéndose allí.

Según McCollum, toda la atención prestada a la viruela símica ha puesto de manifiesto lo mucho que los científicos aún tienen que desvelar sobre el virus. «Cuando todo esto se haya calmado, tendremos que pensar largo y tendido sobre cuáles deben ser las prioridades de investigación», concluye.

Max Kozlov

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con el permiso de Nature Research Group.

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