28 de Diciembre de 2021
COVID-19

¿Cuán graves son las infecciones por ómicron?

A medida que los casos se propagan y los países planifican su respuesta, los investigadores esperan halalar datos cruciales sobre la gravedad de la enfermedad causada por la variante del coronavirus.

Decenas de países han informado de casos de ómicron, incluida una cantidad preocupante de infecciones en personas que han sido vacunadas o que han experimentado infecciones anteriores por SARS-CoV-2. [Pixabay]

Han pasado menos de cuatro semanas desde el anuncio de que se había descubierto una variante de coronavirus cargada de mutaciones en el sur de África. Desde entonces, docenas de países de todo el mundo han informado casos de ómicron, incluida una cantidad preocupante de infecciones en personas que han sido vacunadas o que han experimentado infecciones anteriores por SARS-CoV-2. 

Pero a medida que los líderes políticos y los responsables de la salud pública intentan trazar un rumbo a través de las oleadas de ómicron que se avecinan, deben hacerlo sin una respuesta firme a una pregunta clave: ¿cuán graves serán esas infecciones por ómicron? 

Hasta el momento, los datos son escasos e incompletos. «Es inevitable que haya un desfase entre la infección y la hospitalización», afirma el epidemiólogo de enfermedades infecciosas Mark Woolhouse, de la Universidad de Edimburgo. «Mientras tanto, se deben tomar decisiones políticas y eso no es sencillo», añade.

Tasa de hospitalización

Los primeros resultados sugieren un rayo de esperanza. Los informes de Sudáfrica han señalado una tasa más baja de hospitalización como resultado de las infecciones por ómicron en comparación con las causadas por la variante delta, que actualmente es responsable de la mayoría de las infecciones por SARS-CoV-2 en todo el mundo. El 14 de diciembre, la aseguradora de salud privada sudafricana Discovery Health en Johannesburgo anunció que el riesgo de hospitalización ha sido un 29 por ciento menor entre las personas infectadas con ómicron en comparación con las infectadas con una variante anterior.

Esto ha alimentado las sugerencias de que ómicron causa una enfermedad más leve que las variantes anteriores. Pero los investigadores señalan que es demasiado pronto para estar seguros y que los detalles metodológicos clave de ese estudio aún no se han publicado. Dichos detalles son cruciales al interpretar los datos sobre la gravedad de la enfermedad, que pueden confundirse con factores como la capacidad del hospital, la edad y la salud general de los inicialmente infectados y el grado de exposición previa al coronavirus.

Pero los resultados de Discovery Health concuerdan con otros estudios en el país, apunta Waasila Jassat, médica y especialista en salud pública del Instituto Nacional de Enfermedades Transmisibles en Johannesburgo. «Hay muchas advertencias y descargos de responsabilidad en torno a los datos de gravedad temprana», sostiene. «Pero la imagen es muy consistente».

Se necesitará tiempo para que surja una imagen coherente de los países que en la actualidad tienen menos infecciones por ómicron. El 13 de diciembre, Dinamarca publicó datos que mostraban que las tasas de hospitalización de las personas infectadas con ómicron parecían ser similares a las de las infectadas con otras variantes. Pero esta comparación se basó en solo unos 3.400 casos de infección por ómicron y 37 hospitalizaciones.

De manera similar, un informe del Colegio Imperial de Londres del 16 de diciembre no encontró evidencia de una disminución de las hospitalizaciones por infecciones por ómicron en comparación con delta en Inglaterra, aunque esto, de nuevo, se basó en relativamente pocos casos. En general, las cifras aún son demasiado pequeñas para sacar conclusiones firmes sobre la gravedad de la enfermedad causada por ómicron, indica Troels Lillebæk, especialista en enfermedades infecciosas de la Universidad de Copenhague.

Y una variante de rápida propagación podría sobrecargar peligrosamente los sistemas de atención de la salud, incluso si el riesgo de enfermedad grave o muerte es relativamente bajo para cualquier individuo. «Una pequeña fracción de un número muy grande sigue siendo un número grande», subraya Woolhouse. «Así que la amenaza a nivel de población es muy real».

Los datos optimistas de Sudáfrica podrían no ser una señal de que ómicron en sí sea más benigno que las variantes anteriores. Más del 70 por ciento de la población en regiones fuertemente infectadas con ómicron ha tenido exposición previa al SARS-CoV-2, y alrededor del 40 por ciento ha recibido al menos una dosis de la vacuna COVID-19, señala Jassat. Ello dificulta separar los efectos de la inmunidad preexistente de las propiedades inherentes de la variante en sí.

Protección de las vacunas

Estudios de laboratorio han sugerido que ómicron podría evadir parte de la inmunidad que proporciona la vacuna contra la COVID-19, y los primeros datos de la Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido sugieren que las vacunas no protegen tanto contra las infecciones por ómicron como lo han sido contra otras variantes, aunque el número de los casos estudiados fueron demasiado reducidos para saber cuánto ha disminuido la protección.

Aun así, las vacunas podrían seguir protegiendo a muchos de quienes las han recibido de enfermedades graves y la muerte por COVID-19. Además de los anticuerpos, el sistema inmunitario de las personas previamente infectadas y vacunadas despliega las llamadas células T, las cuales pueden reconocer fragmentos de proteínas virales y destruir las células infectadas por virus, limitando potencialmente el alcance de una infección.

Los investigadores han mapeado la panoplia de mutaciones de ómicron en el menú de fragmentos de proteína del SARS-CoV-2 reconocidos por las células T después de la infección natural y la vacunación. No encontraron mutaciones en la mayoría de estos fragmentos. En el caso de la vacunación, más del 70 por ciento de los fragmentos están completamente intactos, según el inmunólogo Alessandro Sette, del Instituto de Inmunología La Jolla.

Hay más trabajo por hacer. Los científicos ya están realizando ensayos de laboratorio para determinar qué tan bien las células T generadas en respuesta a las vacunas y la infección con otras variantes reaccionan a ómicron. Se esperan resultados en las próximas semanas. «Soy optimista de que la reactividad se mantendrá, al menos en parte», sostiene Sette. «Queda por ver cuánto se conservará».

Por el momento, no hay forma de trazar una línea directa entre el grado de reactividad de las células T y la protección contra enfermedades graves. Estudios anteriores han encontrado que las reacciones sólidas de las células T al SARS-CoV-2 se correlacionan con cargas virales más bajas y enfermedades menos graves, pero no establecen un umbral en el que esa protección podría comenzar a disminuir, explica Sette. En última instancia, habrá que esperar datos sobre hospitalizaciones y muertes por ómicron para poder saberlo.

Infecciones en niños

A medida que surjan esos datos, los investigadores observarán particularmente los efectos de ómicron en los niños. Los resultados de Sudáfrica han sugerido que las tasas de hospitalización de niños infectados con ómicron son más altas que las observadas en oleadas anteriores. Pero advierten que esto no significa necesariamente que los niños sean más vulnerables a ómicron que a delta u otras variantes. Jassat señala que los niños tienen tasas más bajas de infección previa por coronavirus y vacunación que los adultos, lo que significa que sus niveles de inmunidad preexistente no son tan altos.

Las tasas más altas de hospitalización de niños durante las primeras etapas de un brote también podrían reflejar una mayor capacidad hospitalaria, lo que permite el lujo de tener un niño en observación que, de otro modo, podría ser enviado a casa, agrega. Y el entorno al que están expuestos también puede influir: las exposiciones prolongadas en el hogar a un padre infectado podrían significar una exposición inicial más alta al virus que una transitoria en la escuela, afirma David Dowdy, epidemiólogo de enfermedades infecciosas en la Escuela de Salud Pública Bloomberg de Johns Hopkins. «Aquí, todo el mundo está concentrado en el patógeno», indica. «Pero no se trata solo de la variante, también se trata del anfitrión y del entorno», sostiene.

Heidi Ledford

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con el permiso de Nature Research Group.

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