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28 de Octubre de 2016
PALEONTOLOGÍA

¿De dónde proceden nuestros maxilares?

El hallazgo de un pez fósil esclarece el origen evolutivo de esta parte anatómica y sugiere que guardamos más semejanzas con los peces prehistóricos de lo que se pensaba.

Reconstrucción de Qilinyu, un pez que vivió hace 423.000.000 años y cuyos fósiles se han hallado en Yunnan, en China. [Dinghua Yang]

La pregunta sobre la procedencia de nuestros maxilares resulta más compleja de lo que parece, porque no todos tienen el mismo origen. En un nuevo artículo publicado en Science, paleontólogos de China y Suecia lo sitúan en los extintos placodermos, unos peces acorazados extintos que vivieron hace más de 400 millones de años.

Los maxilares son un rasgo distintivo de nuestra anatomía y de otros vertebrados. Surgieron primero en el embrión en desarrollo como una barra cartilaginosa similar a un arco branquial. En el tiburón, esta se desarrolla para dar lugar directamente a las fauces de los adultos, pero en un embrión de un teleósteo (o pez óseo) o de un humano aparecen nuevos huesos en la parte exterior del cartílago. En nuestro cráneo, esos huesos (el dentario, el maxilar y el premaxilar) constituyen los maxilares y sobre ellos se implantan los dientes.

Se acepta de forma unánime que el dentario, el maxilar y el premaxilar son un patrimonio común de los teleósteos y de los tetrápodos: uno encuentra esos mismos huesos en un cocodrilo o en un bacalao. Pero ¿qué hallamos si retrocedemos en el tiempo? Solo un grupo de peces, los extintos placodermos, presentan un conjunto semejante de huesos maxilares. Pero esos huesos, conocidos como «placas gnatales» y que muestran un efecto cortante espectacular en el placodermo gigante Dunkleosteus, siempre se ha considerado que no guardaban relación con el dentario, el maxilar y el premaxilar. Por un lado, se sitúan un poco más hacia el interior de la boca y, en cualquier caso, existe la opinión general de que los placodermos y los teleósteos solo se hallan emparentados en muy bajo grado.

Nuestro parentesco con los placodermos

La situación empezó a cambiar en 2013, fundamentalmente con la descripción de Entelognathus, un pez fósil del período Silúrico (de 423 millones de años de edad) en Yunnan (China), en el que se combinaba un esqueleto de placodermo clásico con la presencia de un dentario, un maxilar y un premaxilar. Junto con el descubrimiento de rasgos típicos de placodermo en algunos de los peces óseos más primitivos, ello comenzó a reforzar la idea de la estrecha relación entre los placodermos y los peces óseos. Una parte importante de esos rasgos fueron traspasados luego de los placodermos a los teleósteos y, en última instancia, a nuestra especie. ¿Pero de dónde procedían esos maxilares?

Aquí es donde el nuevo fósil, Qilinyu, entra en acción. Descrito por paleontólogos del Instituto de Paleontología de Vertebrados y Paleoantropología en Pekín y de la Universidad de Uppsala, Qilinyu vivió en el mismo lugar y tiempo que Entelognathus, y exhibía a la vez esqueleto de placodermo y dentario, maxilar y premaxilar, a pesar de que los dos peces presentaban un aspecto muy distinto y debían de mostrar diferentes estilos de vida. Si nos fijamos en sus maxilares, se observa que en ambos se combinan caracteres de los huesos maxilares de los teleósteos (que forman parte de la zona externa del rostro y del maxilar inferior) y de las placas gnatales de los placodermos (que ofrecen una amplia superficie de mordedura en la boca). También se hace evidente otro aspecto: se ha argumentado que las placas gnatales de los placodermos representan un arco maxilar interno, similar en posición a los «huesos coronoides» de los teleostéos, y si eso fuera cierto se esperaría hallar placas gnatales justo en el interior del dentario, el maxilar y el premaxilar de Entelognathus y Qilinyu; pero no es así.

La interpretación más simple de esos datos es que nuestros maxilares corresponden a las placas gnatales de los placodermos, tras haber sufrido una ligera remodelación. Parece que el origen de algunas partes importantes de nuestra anatomía puede trazarse no solo hasta los teleósteos más primitivos, sino más allá de ellos, hasta los extraños placodermos acorazados del Silúrico.

Más información en Science

Fuente: Linda Koffmar / Universidad de Uppsala

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