30 de Junio de 2022
Climatología

El actual episodio de La Niña podría extenderse hasta 2023

El fenómeno climático de El Niño-Oscilación del Sur parece estár cambiando, pero los principales modelos predicen variaciones opuestas a las que indican los datos.

Huracán aproximándose al golfo de México. Si aumentan la frecuencia y la persistencia de La Niña, como indican algunas predicciones, la actividad de los huracanes generados en el Atlántico podría intensificarse. [MikeMareen/iStock]

De acuerdo con las últimas previsiones, el actual episodio de La Niña, que ha contribuido a las inundaciones en el este de Australia y ha agravado las sequías en Estados Unidos y África oriental, podría prolongarse hasta 2023. Si bien es común que La Niña persista durante dos inviernos consecutivos en el hemisferio norte, es relativamente inusual que lo haga durante tres. Desde 1950 solo se ha observado una «triple Niña» (de tres años de duración) en dos ocasiones.

Algunos científicos ven este prolongado episodio de La Niña como algo anecdótico. Sin embargo, otros advierten de que el cambio climático podría favorecer una mayor prevalencia de este tipo de condiciones. «Estamos aumentando las probabilidades de que se produzcan estos eventos triples», afirma Matthew England, oceanógrafo físico de la Universidad de Nueva Gales del Sur. England y sus colaboradores trabajan ahora para conciliar las discrepancias entre los datos climáticos y los resultados de los principales modelos, un análisis que podría desvelar lo que nos depara el futuro.

Un mayor número de episodios de La Niña haría que aumentase el riesgo de inundaciones en el sureste asiático, así como el de sequías e incendios forestales en el suroeste de Estados Unidos. Por otro lado, alteraría el régimen de huracanes, ciclones y monzones en los océanos Pacífico y Atlántico, además de dar lugar a otros cambios regionales.

La Niña y su contrapunto, El Niño, son fases del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS)que se repiten a intervalos irregulares de entre dos y siete años, separados por años de condiciones «neutras». Durante los episodios de El Niño, los vientos habituales en el Pacífico, que soplan de este a oeste a lo largo del Ecuador, se debilitan o se invierten, lo que provoca una entrada de agua caliente en el océano Pacífico oriental que trae consigo un aumento de las precipitaciones en esa región. Durante La Niña, esos vientos se fortalecen y el agua caliente se desplaza hacia el oeste, de forma que el Pacífico oriental se torna más frío y seco.

El fenómeno tiene grandes repercusiones. «El Pacífico tropical es enorme. Cualquier variación en sus precipitaciones desencadena un efecto dominó en el resto del mundo», afirma Michelle L'Heureux, física del Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional de la Atmósfera y el Océano de Estados Unidos (NOAA). Durante los años de La Niña, el agua oceánica absorbe calor, por lo que las temperaturas globales del aire tienden a ser más frías.

Ola de frío

El actual episodio de La Niña comenzó en septiembre de 2020. Desde entonces, ha presentado una intensidad entre leve y moderada la mayor parte del tiempo. Sin embargo, a partir de abril de 2022, se intensificó y dio lugar a una ola de frío sobre el océano Pacífico ecuatorial oriental, algo que no se experimentaba en esa época del año desde 1950. «Es bastante impresionante», se admira England.

El último pronóstico de la Organización Meteorológica Mundial, publicado el pasado 10 de junio, calcula entre un 50 y un 60 por ciento de probabilidades de que La Niña persista durante el período que va de julio a septiembre. Eso seguramente intensifique la actividad de los huracanes del Atlántico, que azotan el este de Norteamérica hasta noviembre, y reduciría la temporada de huracanes en el Pacífico, que afecta sobre todo a México. El Centro de Predicción Climática de la NOAA estima que hay un 51 por ciento de posibilidades de que La Niña perdure hasta principios de 2023.

Según L'Heureux, lo extraño de este prolongado episodio de La Niña es que, a diferencia de anteriores eventos triples, no ha llegado tras una intensa fase de El Niño, durante la cual tiende a acumularse una ingente cantidad de calor oceánico que luego tarda uno o dos años en disiparse. «No dejo de preguntarme qué mecanismo hay detrás», confiesa L'Heureux.

Correlación climática

Las grandes preguntas abiertas son si el cambio climático está alterando el patrón de El Niño-Oscilación del Sur y si los episodios de La Niña serán más frecuentes en el futuro.

Los investigadores han observado un cambio en el fenómeno ENOS en las últimas décadas: el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) muestra que los episodios intensos de El Niño y La Niña han sido más frecuentes y acusados desde 1950 que en los siglos anteriores. Sin embargo, el grupo no está seguro de si eso responde a la variabilidad natural o al cambio climático. En general, los modelos del IPCC indican una tendencia hacia más estados parecidos a El Niño a medida que el cambio climático calienta los océanos, explica Richard Seager, experto en modelos climáticos del Observatorio de la Tierra Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia. Sorprendentemente, apunta Seager, las observaciones realizadas durante el último medio siglo muestran lo contrario: a medida que el clima se ha ido calentando, una masa de agua ascendente en el océano Pacífico ecuatorial oriental se ha mantenido fría y ha creado más condiciones similares a las de La Niña.

Algunos investigadores alegan que los registros son demasiado escasos para mostrar con claridad lo que está sucediendo, o que hay demasiada variabilidad natural en el sistema para detectar tendencias a largo plazo. Pero también podría ser que los modelos del IPCC estén pasando por alto algo importante, repara L'Heureux, «lo cual constituiría un problema más serio». Seager cree que los modelos están equivocados y que el planeta experimentará más episodios del estilo de La Niña en el futuro. «Cada vez hay más expertos que se plantean seriamente si los modelos podrían estar sesgados», porque no captan esa masa de agua fría del Pacífico oriental, señala Seager.

Aporte de agua fría

England aduce otro posible motivo por el que los modelos del IPCC podrían errar en sus predicciones respecto a las futuras fases de La Niña. Conforme el planeta se calienta y el casquete glaciar de Groenlandia se derrite, se espera que su agua fría y dulce ralentice una de las principales corrientes oceánicas: la Circulación Meridional Atlántica de Retorno (AMOC). La mayoría de los científicos coinciden en que la AMOC se ha ralentizado en las últimas décadas, pero discrepan en cuanto a las razones y a la medida en que se frenará en el futuro.

En un estudio publicado en Nature Climate Change el pasado 6 de junio, England y sus colaboradores usan un modelo climático global para mostrar que la desaparición de la AMOC dejaría un exceso de calor en el Atlántico Sur tropical. Eso desencadenaría una serie de cambios de presión atmosférica que acabarían potenciando los vientos alisios del Pacífico, los cuales arrastran el agua caliente hacia el oeste y generan más condiciones similares a las de La Niña. England sostiene que los modelos actuales del IPCC no reflejan esa tendencia porque no incluyen las complejas interacciones entre el deshielo de los casquetes, los aportes de agua dulce, las corrientes oceánicas y la circulación atmosférica. «Seguimos añadiendo todo tipo de elementos a los modelos, pero hay que incluir los casquetes glaciares», asegura.

Michael Mann, climatólogo de la Universidad Estatal de Pensilvania en State College, también ha defendido que el cambio climático ralentizará la AMOC y dará lugar a más condiciones similares a las de La Niña. Según el experto, el estudio muestra que esos dos factores pueden reforzarse mutuamente. Conseguir que los modelos reflejen mejor lo que ocurre en el océano, explica Seager, «sigue siendo un tema de investigación muy activo».

«Tenemos que entender mejor lo que está pasando», coincide L'Heureux. Por el momento, añade, determinar cómo y por qué podría estar cambiando el fenómeno ENOS (si es que lo está haciendo) «constituye un enigma fascinante».

Nicola Jones

Artículo traducido por Investigación y Ciencia con permiso de Nature Research Group.

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