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6 de Noviembre de 2020
EVOLUCIÓN ANIMAL

El ADN antiguo revela la evolución de los perros en los últimos 11.000 años

Gracias al estudio de los genomas podemos ver cómo se han desplazado estos animales por el mundo, a menudo acompañando a los humanos.

Los perros cantores de Nueva Guinea están emparentados con los dingos australianos, como el de la imagen. [iStock-AlizadaStudios]

La historia de los humanos está entrelazada con la de los perros. El estudio más extenso realizado hasta la fecha sobre genomas antiguos de estos animales sugiere que, allá donde iban los humanos, también iban sus amigos de cuatro patas. Hasta cierto punto. La investigación también ha identificado cambios regionales importantes de los antepasados de los humanos que influyeron muy poco en las poblaciones de perros, y también épocas en las que los perros cambiaron, pero sus dueños no. 

El análisis de más de dos docenas de perros euroasiáticos también sugiere que los animales fueron domesticados y se extendieron por todo el mundo hace más de 11.000 años. Pero no determina cuándo o dónde se produjo la domesticación de los lobos, un tema que ha irritado a los investigadores y que en ocasiones ha desatado acalorados debates

«Los perros son como un colorante de contraste que ayuda a trazar la historia humana», señala Pontus Skoglund, genetista de poblaciones del Instituto Francis Crick en Londres, quien codirigió el estudio que se publicó en octubre en Science. «En ocasiones, es posible que el ADN humano no muestre partes de la prehistoria que sí podemos observar en los genomas de los perros.» 

Hasta hace unos pocos años, la historia genética canina se basaba en gran parte en el estudio del ADN de los perros actuales. Pero este ofrecía una imagen algo confusa porque una buena parte de la diversidad genética de los primeros perros se perdió, probablemente, cuando se empezaron a crear las razas modernas. Los primeros estudios sobre los genomas antiguos de perro empezaron a insinuar la existencia de cambios que se habían producido en las poblaciones caninas. Pero, con tan solo seis genomas antiguos de perros o lobos disponibles hasta ahora, esas conclusiones habían sido preliminares. 

Compañeros durante la historia

Para expandir el acervo de ADN antiguo de perro, el laboratorio de Skoglund reunió al equipo de Greger Larson, genetista evolutivo de la Universidad de Oxford, y al del arqueólogo Ron Pinhasi, de la Universidad de Viena. Juntos, secuenciaron 27 genomas antiguos de perro. Las muestras procedían de Europa, Oriente Medio y Siberia, y sus antigüedades iban de los 100 a los 11.000 años. 

Al trazar un modelo de las relaciones intra e intergrupales de perros antiguos y modernos, los investigadores determinaron que un perro de Rusia de 10.900 años de antigüedad era diferente de cualquier perro antiguo más tardío de Europa, Oriente Medio, Siberia o América, y también difería de los miembros de un linaje canino que dio lugar a los modernos perros cantores de Nueva Guinea (los cuales están emparentados con los dingos australianos). «Entonces, hace 11.000 años, existían al menos cinco grupos de perros en todo el mundo, por lo que el origen de estos debió de ser sustancialmente anterior a esa fecha», explica Skoglund. 

Con tantos genomas disponibles, los investigadores pudieron seguir el recorrido de las poblaciones caninas antiguas a medida que se desplazaban y mezclaban, y comparar estos desplazamientos con los de las poblaciones humanas. En ocasiones, los viajes de los perros eran paralelos a los de los humanos. Cuando los agricultores de Oriente Medio se empezaron a expandir hacia Europa, hace 10.000 años, se llevaron con ellos a sus perros, y los animales -al igual que sus dueños– se mezclaron con las poblaciones locales. Los perros antiguos de Oriente Medio que vivieron hará unos 7000 años están relacionados con los perros modernos del África subsahariana, lo cual tiene que ver con el regreso de los humanos a África, algo que ocurrió más o menos en la misma época. 

Pero las historias de humanos y perros no siempre se han superpuesto. La llegada masiva de personas de las estepas de Rusia y Ucrania hace 5000 años posibilitó que se produjera un cambio duradero en la composición genética de los humanos europeos, pero no en sus perros. El estudio también reveló que el linaje de los perros europeos se volvió menos variado en los últimos 4000 años, un período en el que el muestreo detallado del ADN de los humanos antiguos ha demostrado que estos apenas se desplazaron. 

Perros errantes

La causa de esta desconexión es un misterio, afirma Angela Perri, zooarqueóloga de la Universidad Durham. «¿Fue producto de la introducción de una enfermedad, de una preferencia cultural o de un cambio de costumbres?», se pregunta. «Probablemente, se trata de cuestiones culturales que el ADN no puede revelar.» 

Los desplazamientos humanos y las preferencias culturales no son las únicas posibles explicaciones del cambio producido en el linaje de los perros, afirma Elinor Karlsson, genetista evolutiva de la Facultad de Medicina de la Universidad de Massachusetts en Worcester. «Seguramente, los perros empezaron a aprovecharse de los humanos porque suponían un recurso que les ayudaba a sobrevivir», afirma Karlsson. Los perros debieron de poder desplazarse libremente, siguiendo a los humanos o moviéndose entre grupos cuando convenía a sus intereses. 

El biólogo evolutivo Robert Wayne, de la Universidad de California en Los Ángeles, cree que este análisis a gran escala de los genomas antiguos de perro es un avance importante. Los esfuerzos para determinar, de forma inequívoca, los orígenes de los perros domésticos necesitarán adoptar el mismo enfoque, añade. «Va a ser necesario un muestreo exhaustivo de lobos y perros de toda la historia de la domesticación del perro.» 

Si no podemos contar con un gran número de genomas tanto de perros como de lobos aún más antiguos, «será muy difícil determinar cómo se produjo esa conquista inicial del mundo», señala Skoglund.

Ewen Callaway /Nature News 

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Nature Research Group.

Referencia: «Origins and genetic legacy of prehistoric dogs». Anders Bergström et al. en Science, vol. 370, págs. 557-564, octubre de 2020.

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