3 de Noviembre de 2022
Atmósfera

El agujero de la capa de ozono sigue menguando

Desde hace dos décadas se viene observando una disminución en el tamaño del agujero de la capa de ozono, y en 2022 se ha mantenido esa tendencia, pese a la erupción del volcán Hunga Tonga-Hunga Ha'apai.

Desde que entró en vigor el Protocolo de Montreal en 1989 y comenzaron a reducirse las emisiones de clorofluorocarbonos, la capa de ozono se ha ido recuperando progresivamente. Según las observaciones de la NASA y la NOAA, el año 2022 no ha sido una excepción. [studio023/iStock]

Hace décadas que, al llegar la primavera en el hemisferio sur, el agujero de la capa de ozono se abre sobre la Antártida. Entre el 7 de septiembre y el 13 de octubre del presente año, alcanzó una extensión de 23,2 millones de kilómetros cuadrados, es decir, 1,6 millones menos que en 2021. De acuerdo con un comunicado de la NASA y la NOAA, los datos cumplen con la tendencia positiva de los últimos años.

El agujero de la capa de ozono no es un «agujero» en sentido estricto, es decir, no presenta una ausencia total de moléculas de gas. Lo que ocurre es que, en esa zona, la concentración de ozono solo oscila entre 130 y 220 unidades Dobson, mientras que, antes del uso masivo de clorofluorocarbonos (CFC) se situaba, como mínimo, entre 260 y 320 unidades Dobson. En latitudes inferiores, los valores suelen fluctuar entre 300 y 500.

Imagen del tamaño y la forma del agujero de ozono sobre el Polo Sur el 5 de octubre de 2022, fecha en que alcanzó su máxima extensión en un solo día a lo largo de este año. Los colores rojos y anaranjados indican un empobrecimiento de ozono. [<a href="https://www.nasa.gov/esnt/2022/ozone-hole-continues-shrinking-in-2022-nasa-and-noaa-scientists-say">Joshua Stevens/Observatorio de la Tierra de la NASA</a>]

El empobrecimiento observado en el hemisferio sur se intensifica en primavera. En invierno, las moléculas de CFC responsables del agujero se acumulan sobre el Polo Sur y, cuando la noche polar da paso a la radiación solar, los radicales comienzan a destruir las moléculas de ozono. Solo las elevadas temperaturas estratosféricas ponen fin al proceso de degradación.

El tamaño del agujero varía en función de las condiciones meteorológicas, por lo que se han establecido nuevos récords en los últimos años. «Sin embargo, con el tiempo se está viendo un progreso constante, y el agujero es cada vez más pequeño», afirma Paul Newman, de la NASA. Desde hace dos décadas, los científicos atmosféricos han observado una tendencia que podría llevar a la desaparición del agujero a largo plazo.

El fenómeno se describió por primera vez en la década de los ochenta y se atribuyó a la emisión de CFC. En virtud del Protocolo de Montreal, que entró en vigor en 1989, la comunidad internacional prohibió la producción y el empleo de estos gases de larga duración, cuya concentración atmosférica disminuye ahora de forma progresiva. No obstante, se detectan con frecuencia emisiones ilegales.

Este año, por el contrario, los expertos temían que el agujero pudiera aumentar de tamaño debido a que la erupción de Hunga Tonga-Hunga Ha'apai en enero alcanzó la estratosfera y, por tanto, llegó hasta la capa de ozono. En 1991, el monte Pinatubo liberó ingentes cantidades de dióxido de azufre, unas emisiones que agravaron el empobrecimiento en ozono. Sin embargo, los datos de la estratosfera antártica en 2022 no reflejan una influencia directa de Hunga Tunga.

Daniel Lingenhöhl

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