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29 de Mayo de 2018
Física

El cohete imposible no funciona

El propulsor EM, pese a sus oscuros fundamentos, debía generar impulso gracias a las microondas. Pareció funcionar en algunos experimentos, hasta que un equipo buscó errores de medición.

El propulsor eM ensayado por el laboratorio Eagleworks de la NASA en 2013 y 2014 [David A. Brady, Harold G. White, Paul March, James T. Lawrence, and Frank J. Davies. Eagleworks Laboratories, NASA Lyndon B. Johnson Space Center].

Un motor de cohete que no necesitaba ninguna sustancia impulsora, que parecía violar las leyes de la física, pero que podía volar en 70 días a Marte: desde principios de este siglo, el principio de un denominado «propulsor EM», o de cavidad resonante, se difundió por el mundo y hasta por las publicaciones especializadas. El propulsor se basaba solo en las microondas y violaba, ahí estaba la pega, la conservación del momento. Sin embargo, había experimentos, de la NASA incluso, que presuntamente mostraban que generaba un impulso, pequeño pero que no se sabía descartar con alguna explicación.

La gran ventaja de ese propulsor hipotético-misterioso: funcionaba sin expeler materia en la dirección opuesta. Por lo tanto, una nave espacial que se impulsara de esa manera no necesitaría cargar combustible; lástima que eso llevara al mencionado conflicto con las leyes de la física. ¿De dónde venía la fuerza impulsora medida en algunos experimentos? ¿Es que se debía a una nueva física?

Ahora, un grupo de investigadores, dirigido por Martin Tajmar, de la Universidad de Dresde, ha dirigido la atención hacia otra posible causa, con la que han tenido que pechar tantos descubrimientos supuestamente sensacionales: un error de medición. El objetivo de su trabajo es crear una infraestructura para la investigación que distinga con mucha precisión, en ideas nuevas para la propulsión, qué es una verdadera fuerza impulsora y qué otros efectos indeseados, y así encontrar lo que realmente funciona y lo que no.

Caso de prueba, y parece que primera víctima de estos procedimientos rigurosos, fue un duplicado del propulsor EM ensayado por la NASA y consistente en una cavidad llena de microondas. Cuatro micronewton, como el peso de un grano de arena gordo, le midió el grupo de Dresde a su copia del propulsor EM de la NASA. Pero, por otra parte, esa fuerza resultó ser independiente de la intensidad de las microondas e incluso de su dirección, lo que daba a entender que tenía algún origen externo.

Lo que el grupo de Tajmar ha explicado ahora  en un congreso sobre propulsores de la sociedad francesa de aeronáutica y astronáutica es que tanta peculiaridad revelaba una fuente de error universal que había podido arruinar también las mediciones anteriores. Un par de centímetros de cable no habían sido aislados del campo magnético terrestre, y la corriente que circulaba entonces por ellos bien podía haber generado la fuerza. Los cálculos indican que el error explica por completo la fuerza impulsora medida, sostienen esos investigadores. Quieren ahora probar el dispositivo con campos más intensos y otras frecuencias, para encontrar el efecto buscado o bien fuentes de error poco comunes e interesantes.

Lars Fischer / spektrum.de

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Spektrum der Wissenschaft.

Referencia: «The SpaceDrive Project - First Results on EMDrive and Mach-Effect Thrusters», de Martin Tajmar et al, Space Propulsion Conference.

Más información en New Scientist.

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