28 de Mayo de 2022
Medicina

El doble filo de los antiinflamatorios: podrían incrementar el riesgo de dolor crónico

La respuesta inflamatoria aguda mediante la activación de células defensivas (neutrófilos) protege frente al dolor crónico. Así, tratar la inflamación podría incrementar el riesgo de sufrirlo.

Foto [iStock/Pornpak Khunatorn]

El dolor crónico es un importante problema de salud global, especialmente en las sociedades más envejecidas. Esta dolencia tiene un profundo impacto en la calidad de vida y en la autonomía de los pacientes y supone un coste elevado para los Estados. Solo en España, el Ministerio de Sanidad estima que ocho millones de personas sufren algún tipo de dolor persistente (el 17 % de la población del país). Entre todos los tipos de dolor crónico, el dolor lumbar es el que más destaca por el elevado número de años con discapacidad que provoca y porque su frecuencia e impacto aumentan con la edad.

A pesar da la gran relevancia de esta dolencia en el mundo, los mecanismos moleculares implicados en que el dolor agudo se transforme, a veces, en crónicos son prácticamente desconocidos. Conocer mejor qué ocurre en este proceso podría ayudar a prevenir su aparición o a desarrollar analgésicos más eficaces para tratarlo. Los estudios más recientes sugieren que en la aparición de este tipo de dolor están involucrados tanto el sistema nervioso como el sistema inmunitario. De esta forma, el dolor crónico sería una dolencia neuroinflamatoria. Diversas células del sistema inmunitario participan en la regulación del dolor mediante la liberación de moléculas que actúan de forma directa o indirecta sobre neuronas sensoriales periféricas o del sistema nervioso central.

Ahora, una reciente investigación, cuyos resultados se publican en la revista Science Translational Medicine, aporta datos valiosos sobre cómo el sistema inmunitario participa en la resolución del dolor lumbar agudo, protegiendo así al organismo de la aparición del dolor crónico. Para la realización del estudio, un equipo internacional de investigadores ha evaluado el sistema inmunitario de muestras procedentes tanto de pacientes (98 participantes con dolor lumbar agudo, a los que se les realizó un seguimiento de 3 meses) como de ratones con dolor lumbar.

Uno de los pasos que realizaron los científicos fue estudiar el conjunto de moléculas de ARN presentes en las células del sistema inmunitario, un proceso denominado análisis transcriptómico. A partir de este análisis, los autores descubrieron que cuando las personas que sufrían dolor lumbar mostraban una activación de sus neutrófilos (células que intervienen en la respuesta temprana del sistema inmunitario), mediada por la mayor actividad de genes inflamatorios, el dolor desaparecía en ellos en un plazo de tres meses. Sin embargo, estos cambios en la actividad inflamatoria de dichas células no se daban en aquellos individuos que seguían padeciendo dolor lumbar.

Los experimentos realizados en modelos animales complementan y refuerzan los hallazgos en humanos. Cuando los investigadores administraban analgésicos con efectos antiinflamatorios (como dexametasona o diclofenaco) a ratones con dolor, este síntoma se mantenía durante más tiempo que en aquellos que no recibían estos medicamentos, aunque el dolor desapareciera al comienzo de su uso. Este fenómeno también ocurría si se bloqueaba la función de los neutrófilos mediante el uso continuado de anticuerpos específicos frente a estas células (el tiempo de resolución del dolor era hasta diez veces superior a lo normal).

El efecto negativo anterior podía revertirse: tan solo hacía falta administrar neutrófilos o proteínas que normalmente liberan estas células (S100A8/A9) para que el tiempo de resolución del dolor volviera a la normalidad. Además, la mayor persistencia del dolor no aparecía si se empleaban analgésicos sin efecto antiinflamatorio.

Los datos clínicos obtenidos a partir de estudios epidemiológicos procedentes del Biobanco de Reino Unido respaldan también los resultados anteriores. Este biobanco es una enorme base de datos biomédica que contiene una extensa información sanitaria y genética de alrededor de medio millón de participantes.

Los investigadores comprobaron, a partir de esta fuente, que las personas con dolor lumbar que tomaban antiinflamatorios no esteroideos (AINES), en el que se encuentran fármacos como el ibuprofeno, la aspirina o el diclofenaco, tenían un riesgo más elevado de persistencia del dolor (de dos a diez años tras el comienzo de su consumo). Este efecto no se detectaba en aquellos que tomaban otros fármacos como el paracetamol o antidepresivos.

En conjunto, estos datos sugieren que los analgésicos con efecto antiinflamatorio, que se utilizan con mucha frecuencia para aliviar el dolor agudo podrían ser contraproducentes a largo plazo en los pacientes con dolor lumbar, al incrementar el riesgo de dolor crónico. Así, puede que el uso de analgésicos sin efectos sobre la inflamación tengan un resultado más favorable a largo plazo (para evitar la aparición de dolor crónico) que aquellos con efecto antiinflamatorio.

No obstante, serán necesarios ensayos clínicos que confirmen estos hallazgos y demuestren la relación de causa y efecto entre el uso de estos medicamentos y una mayor persistencia del dolor. En el caso de que se validaran estos resultados, sería necesario replantearse el tratamiento del dolor agudo que reciben millones de personas en la actualidad para interferir lo mínimo posible con el proceso inflamatorio.  

Esther Samper

Referencia: «Acute inflammatory response via neutrophil activation protects against the development of chronic pain», Marc Parisien et al. en Science Translational Medicine, vol. 14, n.º 644, eabj9954, 11 de mayo de 2022.

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