29 de Noviembre de 2022
Metrología

El fin del segundo intercalar

La comunidad internacional ha decidido dejar de realizar ajustes ocasionales para sincronizar los relojes atómicos con el tiempo astronómico, una medida que reclamaban desde hace tiempo las empresas tecnológicas.

Debido a los cambios pequeños e impredecibles que experimenta la velocidad de rotación de la Tierra, el tiempo universal coordinado se ajusta de forma ocasional al tiempo astronómico mediante la adición de segundos «intercalares». Sin embargo, la imprevisibilidad de esos ajustes causa problemas a las empresas tecnológicas, por lo que se ha decidido suprimirlos durante al menos cien años. [Jon Tyson/Unsplash]

A más tardar en 2035, los segundos intercalares, o bisiestos, dejarán de existir. Así lo decidieron el pasado 18 de noviembre representantes gubernamentales de todo el mundo en la Conferencia General de Pesos y Medidas. La decisión responde a las reiteradas peticiones de algunas empresas tecnológicas, como Google, para las que los reajustes del tiempo a corto plazo suponen problemas técnicos y organizativos.

Los segundos intercalares, introducidos en 1972, son segundos que se añaden de forma ocasional al Tiempo Universal Coordinado (UTC), determinado por los relojes atómicos, a fin de mantenerlo sincronizado con el tiempo astronómico, ligado a la rotación de la Tierra. Ahora se ha tomado la decisión de suprimirlos durante al menos un siglo, sin saber todavía cómo se procederá después.

Los problemas técnicos derivados de los segundos intercalares radican sobre todo en su impredecibilidad. La necesidad de añadirlos responde al hecho de que la rotación de la Tierra se va ralentizando, aunque de un modo muy irregular. Y es que el giro del planeta se ve afectado por sus procesos internos, así como por los terremotos superficiales, o incluso el clima y la meteorología... efectos que son esencialmente imprevisibles. De hecho, desde 2020, la rotación de la Tierra se ha acelerado tanto que, en teoría, deberíamos agregar un segundo bisiesto negativo.

Debido a esa incertidumbre, los segundos intercalares se anuncian con tan solo medio año de antelación. Además, no existe una norma internacional respecto a cuándo y cómo deben insertarse, y los distintos métodos empleados dan lugar a desajustes a corto plazo entre diferentes relojes. En los casos más extremos, esos desajustes pueden ascender a décimas de segundo, lo que conlleva el riesgo de que se produzcan averías y fallos de seguridad, por ejemplo, en los mercados financieros. Y algunos sistemas, como el GPS, ignoran por completo los segundos intercalares. (El tiempo que usan los GPS se sincronizó con el UTC en 1980 y no se ha corregido desde entonces.) 

La supresión de los segundos intercalares hará que el UTC y el tiempo astronómico difieran en aproximadamente un minuto dentro de cien años. Aún no está claro cómo se procederá entonces, ni si se eliminará esa diferencia. La estrecha sincronización entre el UTC y el tiempo astronómico responde a razones históricas y filosóficas, ya que, desde un punto de vista técnico, tiene más sentido desacoplar la hora solar. En todo caso, la medida no supondrá ninguna diferencia para nuestra percepción: en la mayoría de los países, la gente está acostumbrada a cambios mucho mayores, como el paso del horario de verano al de invierno.

Lars Fischer

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