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  • 20/04/2016

Psicología

El lado «perverso» de la curiosidad

Las personas poseemos un deseo inherente de resolver incertidumbres, con independencia de las consecuencias.

Psychological Science

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Según el reciente estudio, la curiosidad nos lleva a actuar para conocer la información que nos falta, incluso si corremos el riesgo de sufrir consecuencias negativas. [iStock / MiMaLeFi]

Si la curiosidad mató al gato, a los humanos puede llevarnos a cometer imprudencias, a pesar de que seamos conscientes de las posibles consecuencias. Un equipo de la Universidad Wisconsin-Madison sugiere en un reciente estudio la razón de ese comportamiento: no podemos soportar la incertidumbre. Y cuanto menos sabemos lo que nos espera, más necesidad sentimos de saber de qué se trata, sea cual sea el precio a pagar.

El equipo reunió a 54 estudiantes alrededor de una mesa sobre cuya superficie se encontraban unos bolígrafos. Los investigadores explicaron a los participantes que esos bolígrafos se habían utilizado en un experimento anterior y se habían quedado «olvidados» encima de la mesa. Al parecer, producían electrochoques; quien los apretaba recibía una ligera descarga eléctrica, pero algunos no funcionaban, pues les faltaba batería.

Los experimentadores también indicaron a los probandos que en breve iba a empezar la prueba para la que habían acudido al laboratorio, mas debían aguardar un momento. Durante ese período de espera, el equipo observó el comportamiento de los sujetos desde otra habitación, es decir, sin que ellos que se percataran de que estaban analizando su conducta.

La curiosidad puede más

El experimento consistió en varias fases. En una de ellas, se expuso a unos probandos a bolígrafos que estaban etiquetados según si producían descargas eléctricas o no; otros participantes no contaban con esa pista. Los investigadores constataron que apenas un participante era capaz de contenerse de apretar los bolígrafos. Además, los sujetos que no tenían idea de cuáles podían propinarles una descarga eléctrica apretaron más cantidad de bolígrafos en comparación con el resto de probandos.

Este resultado se observó asimismo en otra prueba: mostraron a los participantes diez bolígrafos con una etiqueta y otros diez sin esa indicación. Se constató que los bolígrafos sin etiquetar, por lo que se desconocía su efecto, llamaron más la atención de los participantes.

Los autores sugieren que la curiosidad, además de ser una bendición, es una maldición: nos anima a tirar por la borda todo razonamiento con el fin de llegar a las información faltante.

Más información en Psychological Science

Fuente: Spektrum.de/ Daniela Zeibig