21 de Julio de 2021
Geología

El «octavo continente»

Zelandia, microcontinente en su mayor parte sumergido, cuyas tierras emergidas forman Nueva Zelanda y Nueva Caledonia, tiene rocas de hace mil millones de años: parece que proceden del supercontinente Rodinia.

Bajo la Fiordland neozelandesa hay rocas del supercontinente Rodinia de hace mil millones de años [Pseudopanax].

En 1642, el explorador holandés Abel Tasman y su tripulación salieron de Yakarta a bordo de dos barcos. Su objetivo: cartografiar las regiones mal conocidas del hemisferio sur y, si era posible, descubrir la Terra Australis, con la que se fantaseaba desde la Antigüedad. Este continente, representado burdamente en los mapas del siglo XVII, era para el imaginario de la época una región salvaje, rebosante de oro, que  esperaba ser descubierta. En diciembre de ese mismo año, Tasman fue el primer europeo en ver Nueva Zelanda, habitada desde el siglo XIII por los maoríes, pero la abandonó sin haberse dado tiempo para explorarla. Sin saberlo, el holandés había tenido ante sus ojos un continente desaparecido. Habría que esperar 375 años, hasta 2017, para que un equipo internacional lo confirmase: existe un «octavo continente», bautizado Zelandia, o Te Riu-a-Māui en la lengua maorí. En un estudio reciente, publicado en Geology, la geóloga Rose Turnbull, del Instituto GNS Science, en Dunedin, Nueva Zelanda, y sus colegas han demostrado que ese microcontinente está formado en parte por rocas que tienen mil millones de años.

Si Zelandia ha estado oculta tanto tiempo, es porque el 94 por ciento de su superficie, de la que se cree que mide 4,9 millones de kilómetros cuadrados, es decir, unas ocho veces Madagascar (a la que se llama también microcontinente), está sumergida en el océano Pacífico, al este de Australia. Los únicos altos emergidos (Nueva Caledonia, Nueva Zelanda y las islas vecinas) revelan la existencia de ese vasto bloque continental. Antes de separarse, Zelandia formaba parte integrante de Gondwana, el supercontinente del que nacieron África, India, Australia y la Antártida. Solo cuando Gondwana se fragmentó, hará entre 80 y 100 millones de años, se formó Zelandia propiamente dicha, antes de sumergirse pronto. Su corteza, más fina que la de los otros continentes (entre 20 y 25 kilómetros de espesor), no se eleva tanto con respecto a la placa oceánica, de ahí su inmersión.

Mapa topográfico del continente Zelandia [Wikimedia Commons / Ulrich Lange / Institución Scripps de Oceanografía. Universidad de California, San Diego].

Tras el descubrimiento de Zelandia, los investigadores estimaron que la edad de sus rocas más antiguas era de 500 millones de años. Pero las rocas graníticas de Fiordland y de la isla de Stewart, en Nueva Zelanda, cuentan una historia completamente diferente, mucho más antigua. Esos granitos se formaron por la cristalización de magmas de regiones muy profundas de la corteza terrestre, antes de remontar hacia la superficie en una conmoción continental, causada su vez por una actividad sísmica repartida a lo largo de millones de años. El equipo de Rose Turnbull estudió granos de zircón contenidos en esos granitos. Ese mineral es capaz de resistir numerosos episodios geológicos durante miles de millones de años y puede así ofrecer información sobre aquella remota época y las condiciones en que se cristalizó. La firma isotópica de los zircones descubre así la presencia de rocas de mil millones de años en las profundidades, en la corteza bajo Fiordland y la isla de Stewart. Los geólogos asocian esas rocas al supercontinente Rodinia, anterior a Pangea, que vino a su vez de Gondwana, ya que se formó hace unos 1100 millones de años, y se partió hace alrededor de 750 millones de años. De esta forma, Zelandia sería el eslabón que faltaba entre China del Sur, Australia y América del Norte en el rompecabezas geológico que era aquel supercontinente.

William Rowe-Pirra

Referencia: «A hidden Rodinian lithospheric keel beneath Zealandia, Earth's newly recognized continent», de R.E. Turnbull et al., en Geology (2021).

Revistas relacionadas

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.