14 de Septiembre de 2022
Exploración espacial

El retraso en el lanzamiento de Artemis 1

La misión de la NASA, primer paso de un programa que pretende volver a llevar astronautas a la Luna, no podrá despegar hasta que los ingenieros resuelvan algunos problemas técnicos.

Vista del cohete SLS (siglas de Sistema de Lanzamiento Espacial) y la cápsula Orión en la plataforma de lanzamiento del Centro Espacial Kennedy, durante las primeras horas del pasado 29 de agosto, poco antes de que se cancelara por primera vez su despegue. [NASA/Joel Kowsky]  

A estas alturas, el nuevo gran cohete de la NASA, denominado Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS, por sus siglas en inglés), debería haber puesto una cápsula espacial no tripulada en órbita alrededor de la Luna. En cambio, sigue en la plataforma de lanzamiento tras dos intentos fallidos de enviarlo al espacio. Las fugas en los conductos de combustible que suministran hidrógeno líquido al cohete contribuyeron a impedir su despegue el 29 de agosto y el 3 de septiembre, y ahora los técnicos se afanan por solucionar el problema.

El retraso recuerda a las dificultades (también relacionadas con fugas de hidrógeno) que sufrió la NASA entre 1981 y 2011, mientras estaban activos sus transbordadores espaciales. La agencia espacial espera superar el reto y lanzar pronto el SLS y la cápsula que lo acompaña. Ese vuelo de prueba, bautizado como Artemis I, representa un hito importante dentro del programa que pretende volver a llevar astronautas a la Luna.

¿Se pospondrá ahora todo ese programa? A continuación, respondemos algunas preguntas sobre el futuro de Artemis I.

¿Por qué no ha despegado aún el cohete?

En el primer intento, realizado el 29 de agosto, la caída de un rayo cerca de la plataforma de lanzamiento retrasó el llenado de los depósitos de combustible del cohete. Luego aparecieron dos fugas de hidrógeno. Y, por último, un sensor indicó que uno de los cuatro motores principales del SLS no se había enfriado a la temperatura necesaria para recibir el combustible antes del despegue. La NASA canceló el lanzamiento, aunque más tarde se descubrió que el sensor probablemente estaba estropeado y el motor sí se hallaba lo bastante frío.

En el segundo intento, el 3 de septiembre, se produjo una gran fuga de hidrógeno en uno de los puntos donde ya se habían detectado escapes el día 29, una junta «de desconexión rápida» de un conducto de combustible. Esta fuga era mucho más grave que la anterior, hasta tal punto que se acumuló una cantidad peligrosa del gas inflamable. «Trabajar con hidrógeno no es sencillo», señaló Jim Free, administrador adjunto de la NASA para el desarrollo de sistemas de exploración, en una reunión informativa celebrada tras la suspensión del lanzamiento. «No lo estoy diciendo como excusa, simplemente es un hecho.»

¿Por qué la NASA sigue usando hidrógeno si se producen tantas fugas?

Como propelente de cohetes, el hidrógeno líquido es ligero y potente. En combinación con oxígeno líquido, produce más impulso específico (una medida del empuje que es capaz de generar) que cualquier otro combustible para cohetes. Por ello, la NASA ha seguido utilizándolo, a pesar de que es difícil de manejar y propenso a las fugas.

«El hidrógeno es una molécula complicada, pero merece la pena», subrayó John Blevins, ingeniero jefe del SLS en la NASA, el 8 de septiembre, en otra sesión informativa. «Si pensamos en el proyecto que tenemos entre manos, se trata de una misión que pide este combustible». Y el Congreso de EE.UU., en esencia, también ordenó a la NASA que usara hidrógeno para el SLS cuando autorizó el desarrollo del cohete en 2010, con el fin de que la agencia pudiera preservar la infraestructura y los puestos de trabajo creados en la era del transbordador espacial.

Las empresas aeroespaciales han experimentado con otros propelentes. SpaceX emplea metano en los motores que impulsarán su cohete Starship, diseñado para adentrarse en el espacio profundo. El metano presenta una combustión más limpia y es más barato que otros combustibles que SpaceX ha probado en el pasado, como el queroseno. Sin embargo, no proporciona tanto impulso específico como el hidrógeno.

¿Cuándo se volverá a intentar el lanzamiento?

Por el momento, los ingenieros tratan de arreglar las fugas de hidrógeno mientras el SLS continúa en la plataforma de lanzamiento del Centro Espacial Kennedy, en Florida. Pero hay muchos factores cambiantes que dictan cuándo y cómo podría tener lugar la próxima tentativa de despegue.

Por ejemplo, el cohete posee un sistema de seguridad diseñado para destruirlo si se desvía de su trayectoria. Las baterías de ese sistema deben recargarse de forma periódica, según las normas establecidas por la Fuerza Espacial de EE.UU., una rama del ejército estadounidense que se encarga de la seguridad en la plataforma de lanzamiento. A la NASA ya se le ha concedido una prórroga en cuanto a la vida útil de las baterías, y si no obtiene otra, tendrá que someterlas a pruebas, lo que exige trasladar el SLS al interior de un edificio del centro espacial. Se trata de un proceso lento que añadiría varias semanas a los plazos previstos.

Y hay otro hecho que aumenta aún más la complejidad logística: el cohete solo se puede lanzar en determinadas fechas: por un lado, deben darse las condiciones físicas necesarias para que una nave espacial abandone la Tierra en rotación, entre en órbita alrededor de la Luna y regrese a nuestro planeta. Además, hay que garantizar que se cumplen otros requisitos, como que la cápsula se sumerja en el Océano Pacífico durante las horas del día al final de su viaje. Y la NASA preferiría no lanzar el SLS en los días próximos al 3 de octubre, cuando está previsto que una nave comercial lleve a cuatro astronautas hasta la Estación Espacial Internacional.

Todo ello sugiere que el próximo intento de lanzamiento seguramente no se produzca antes de mediados de octubre. No obstante, la NASA ha reservado la plataforma de lanzamiento para los días 27 de septiembre y 2 de octubre, en caso de que logre resolver las fugas de hidrógeno y el reacondicionamiento de las baterías para entonces.

¿Afectará el retraso a los experimentos que lleva a bordo el SLS?

Los experimentos que transporta el SLS (entre los que hay diez pequeños satélites, además de módulos que estudiarán los riesgos biológicos y de la radiación en el espacio profundo) permanecen en el limbo mientras la NASA fija un nuevo calendario de vuelo. Las baterías de cinco de los satélites no se han recargado desde que se instalaron en el cohete (en algunos casos hace más de un año) y la NASA tendría que desmontar partes del SLS para acceder a ellas. Si el lanzamiento se aplaza mucho, las baterías podrían descargarse hasta el punto de que algunos de los satélites no podrían completar sus misiones. Pero el objetivo principal de Artemis I es probar el cohete SLS y la cápsula que algún día transportará astronautas a la Luna. En este caso, la ciencia no es tan importante como esa meta más general.

¿Los intentos fallidos retrasarán el plan de enviar astronautas a la Luna?

No de forma significativa, a menos que el cohete permanezca en tierra durante muchos meses. Es habitual tener que posponer la fecha de lanzamiento de los vuelos espaciales, aunque en el caso de Artemis I eso resulta especialmente incómodo porque el desarrollo del SLS, que comenzó hace más de un decenio, ya ha incurrido en notables retrasos y sobrecostes.

Tras los dos lanzamientos fallidos, el administrador de la NASA, Bill Nelson, aseguró que la agencia sigue teniendo previsto llevar a cabo las misiones Artemis II y Artemis III en 2024 y 2025, respectivamente. La primera de ellas consistiría en un vuelo tripulado alrededor de la Luna, mientras que los astronautas de Artemis III tratarían de alunizar en el polo sur de nuestro satélite; de conseguirlo, sería la primera vez que el ser humano pisa la Luna desde 1972. Es probable que ese calendario no se cumpla, pero es el que maneja la NASA en estos momentos.

La NASA está plenamente comprometida con esos vuelos, con la vista puesta en el objetivo a largo plazo de volver a llevar personas a la Luna y, en última instancia, enviarlas a Marte, según Pam Melroy, administradora adjunta de la agencia y excomandante del transbordador espacial. «Estamos intentando crear un plan para la exploración, la actividad científica y la presencia humana continuada en todo el sistema solar.» 

Alexandra Witze/Nature News

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Nature Research Group.

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