12 de Julio de 2022
MEDICINA

¿Es posible regenerar las articulaciones dañadas?

Las nuevas investigaciones sobre la artritis y el cartílago abren posibilidades prometedoras.

[Bymuratdeniz/iStock]

«El cartílago no se regenera.» Es lo que los médicos suelen decir ante las lesiones del tejido flexible que recubre las caderas, las rodillas y los hombros, o cuando la artrosis lo ha erosionado y duelen las articulaciones al moverse. Yo misma he oído explicar a cirujanos ortopédicos que el cartílago carece de riego sanguíneo que lleve células reparadoras y nutrientes a una zona lesionada. Sin embargo, siempre me ha parecido inverosímil que un tejido vivo no pueda reemplazar las células dañadas. Resulta que, según indican recientes investigaciones, el cartílago articular sí posee cierta capacidad de reparación. Los nuevos conocimientos sobre esta facultad alientan la esperanza de encontrar tratamientos que favorezcan la reparación o protejan de un mayor deterioro al cartílago dañado. 

Para visualizar el cartílago articular, piénsese en el recubrimiento duro y blanco del extremo de un hueso de pollo. La mayor parte es un material esponjoso, la matriz extracelular, formada por agua y proteínas fibrosas que producen unas células llamadas condrocitos. «Existe regeneración intrínseca (esto es, se forma tejido nuevo mientras se descompone y elimina el viejo) como en todos los tejidos, salvo el esmalte dental», explica la reumatóloga Virginia Kraus, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Duke. No obstante, subraya que el proceso de renovación del cartílago es muy lento. Y es cierto que el de los adultos carece de riego sanguíneo. En cambio, se beneficia de lo que los expertos llaman carga dinámica (aplicación de tensión o peso a la articulación), que estimula la circulación de líquido sinovial, cargado de nutrientes. «Por eso el ejercicio es tan importante para la salud de las articulaciones», señala Kraus. «Para llevar nutrientes al cartílago es necesario el movimiento.» 

Kraus es una de las pocas científicas que estudian la lenta renovación de este tejido. En un sorprendente trabajo que publicó con su equipo en 2019, descubrió que la producción de proteínas asociadas a la reparación y regeneración difiere según la articulación: es mayor en el tobillo que en la rodilla, y mayor en esta que en la cadera. Kraus denomina a tal gradiente «nuestra salamandra interior» y refiere que, en ese y otros animales que regeneran los miembros amputados, dicha capacidad es más intensa en el pie que en la parte superior de la pata. 

Su estudio también demostró que el material genético vinculado a la reparación es más abundante en las articulaciones enfermas que en las sanas. Al igual que la lesión de un miembro inicia un programa de recuperación en la salamandra, la artrosis lo activa en los seres humanos, conjetura Kraus, aunque «es obvio que nuestro programa no es suficiente». Con todo, el proceso de reparación podría funcionar en el tobillo, que, añade, es mucho menos propenso a la artrosis grave que la rodilla o la cadera. 

Hay otras pruebas de que el cartílago humano se regenera. Se está ensayando el método de tracción articular para fomentar la regeneración en pacientes con artrosis de rodilla en fases avanzadas (cuando los huesos contactan entre sí) pero que son demasiado jóvenes para la colocación de una prótesis total. (La prótesis de rodilla dura entre 15 y 20 años; luego, hay que cambiarla en una complicada intervención quirúrgica.) El procedimiento consiste en colocar unos clavos por encima y por debajo de la rodilla, y emplear un dispositivo externo durante seis semanas para separar cinco milímetros los huesos de las partes superior e inferior de la pierna. De este modo se abre el espacio articular. Se anima a los pacientes a caminar mientras el dispositivo evita la sobrecarga de la rodilla, que se baña así en líquido rico en nutrientes. 

Investigadores holandeses han demostrado que con ello se logra un pequeño aumento del cartílago articular y disminuye el dolor, beneficios que duran un mínimo de dos años y, en algunos pacientes, llegan hasta los diez. Se precisan ensayos clínicos más amplios con la técnica, «pero es un modelo sumamente interesante», afirma el reumatólogo Philip Conaghan de la Universidad de Leeds. 

Conaghan investiga nuevos fármacos para la artrosis, como la esprifermina, un factor de crecimiento que parece ralentizar la pérdida de cartílago en algunos pacientes. También estudia el canakinumab, un inhibidor de la inflamación que se examinó como medicamento cardiovascular y mostró un efecto secundario sorprendente: los pacientes tratados precisaron menos intervenciones de prótesis articular que los del grupo de placebo. Pero Conaghan advierte de lo arduo que resulta buscar medicamentos que aumenten el grosor del cartílago, dada la naturaleza lenta e incierta de la regeneración. «El cambio es muy pequeño y difícil de captar, incluso con las mejores técnicas de diagnóstico por la imagen.» 

Por ahora, los ejercicios de fortalecimiento siguen siendo la mejor estrategia para el desgaste de las articulaciones. Conaghan recomienda caminar en la piscina. «Unos cuádriceps potentes reducen mucho el dolor de rodilla, con independencia del proceso subyacente», advierte. «Hay que mantener los músculos fuertes toda la vida.»

Claudia Wallis

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