26 de Febrero de 2017
Ciencias de la Tierra

¿Está California en puertas de una inundación épica?

Cada siglo o cada dos siglos padece California inundaciones devastadoras. Las precipitaciones incesantes de ahora suscitan nuevos temores.

Un río atmosférico contra California [NASA Earth Observatory, Jesse Allen und Joshua Stevens].

Hace solo medio año que grandes partes de California sufrían una sequía extrema, como hacía quizá un siglo que no la había. Desde entonces la situación ha cambiado mucho: la costa oeste de Estados Unidos está siendo visitada desde hace meses por un río atmosférico tras otro. Este fenómeno meteorológico, llamado también el expreso de la piña, va acompañado por lluvias y nevadas copiosas que no cesan durante días. Desde principios de octubre, en muchos lugares, según los datos de la NASA, ha habido el doble de precipitaciones de lo que es normal en promedio. Solo desde el 31 de diciembre, en vastas zonas de la Sierra Nevada y del valle de Sacramento, y también en las montañas de Arizona, han caído mil milímetros de lluvia o de nieve (mil litros por metro cuadrado). Como comparación: de media, en Sacramento llueven unos 460 milímetros al año. En total, California experimenta el invierno más húmedo desde hace decenios.

Las zonas afectadas por la sequía en la costa oeste disminuyen así rápidamente, pero ya crece un nuevo temor. Cada cien o cada doscientos años sufre el estado de California inmensas inundaciones provocadas por esos mismos ríos atmosféricos que este año parecen de nuevo especialmente activos. Los ríos atmosféricos se forman cuando una gran depresión que se mueve lentamente sobre el Pacífico desde la costa oeste de Estados Unidos lanza masas de aire cálidas y húmedas sobre la zona de las islas de Hawai. La corriente en chorro subtropical se dirige entonces, más o menos en forma de fila, contra la tierra firme. El origen en el archipiélago hawaino, donde crecen las frutas tropicales, y la forma de cadena de la sucesión de lugares donde se producen las precipitaciones explican el nombre de expreso de la piña.

«Los indicios geológicos indican que se suceden en California cada cien o doscientos años lluvias extremadamente torrenciales. La última gran inundación, entre 1861 y 1862, llevó al estado de California a la bancarrota», escribían en octubre de 2013 Michael D. Dettinger, de la Institución Scripps de Oceanografía en la Jolla, y B. Lynn Ingram, de la Universidad de Berkeley, en Investigación y Ciencia. Ahora podría darse un nuevo episodio de ese tipo. En aquella ocasión llovió desde las Navidades de 1861 durante cuarenta días casi ininterrumpidamente. La ciudad de Sacramento estuvo como consecuencia de ello una semana entera bajos las aguas. Las inundaciones fueron las peores de las que se conservaba memoria que California, Oregón y Nevada habían padecido. Fueron aún peores porque tras un posible récord de las precipitaciones de nieve en las montañas vino de pronto el deshielo con lluvia hasta en las alturas. Ningún río podía drenar semejante masa de agua y así el Central Valley se convirtió en un lago.

Hoy, muchas de esas corrientes quedarían retenidas por presas y embalses, pero la situación crítica de la presa de Oroville demuestra que este año todavía podría pasar lo de aquella vez. Hace poco, el 13 de febrero de 2017, una gran masa de agua desbordaba la presa más alta de Estados Unidos y causaba grandes daños por erosión en el desagüe de emergencia. El desagüe principal ya había quedado demolido; durante un tiempo se corrió incluso el riesgo de que la presa, al menos, en parte, quedase destruida. Amenazaba una ola de inundación incontrolada, lo que obligó a desplazar a 180.000 personas.

Mientras, la cantidad de nieve en la Sierra Nevada californiana era un 173 por ciento el promedio, la capa de nieve más gruesa desde hacía 22 años. En el Monte Rose, en la frontera entre California y Nevada, por ejemplo, hay un espesor de 13 metros de nieve. Están puestos así los cimientos de una situación catastrófica, ya que los suelos, tanto tiempo resecos, alcanzan su capacidad máxima de agua, y en muchas ocasiones incluso la sobrepasan. No podrían absorber ninguna precipitación adicional: el agua correría por la superficie. Por lo tanto, no sorprende mucho que los expresos de la piña sean los causantes del 80 por ciento de las inundaciones graves en California, como muestra un estudio publicado en Nature Geoscience.

En lo que va de invierno han llegado diez ríos atmosféricos a la costa oeste de Estados Unidos, cuando en un año normal lo máximo es entre cinco y siete. Un modelo, cargado con los datos de más de cien científicos, ingenieros y expertos en protección contra catástrofes, indica lo que podría pasar en un nuevo año como el de 1861/1862. El Central Valley, donde viven seis millones de personas, se convertiría en un lago de unos 500 kilómetros de largo y más de 30 de ancho. Los perjuicios económicos serían de varios cientos de miles de millones de dólares. Para el estado de California, que ya está muy endeudado, supondría una inmensa carga financiera. Hay que tener en cuenta además la deteriorada estructura de muchas presas en California: de las más de 1500 que hay, más de un centenar se encuentran en mal estado o al menos no muy bueno, como cuenta el New York Times. Habrá que ver cómo se portan cuando se derritan las nieves.

Más información en Nature Geoscience y el Servicio Geológico de Estados Unidos.

Fuente: spektrum.de/Daniel Lingenhöhl

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