27 de Septiembre de 2021
PSICOLOGÍA

Establecer contacto visual indica un nuevo giro en una conversación

Dos neurocientíficas han descubierto una intrigante sutileza en la forma en que nos comunicamos cuando conversamos cara a cara.

Estar en sintonía con un compañero de conversación es bueno, pero que entrar y salir de esa alineación con ellos podría ser mejor, según revela un nuevo estudio. [Pixabay]

¿Qué conforma una buena conversación? Sin duda, se puede afirmar que son las palabras –cuanto más elocuente se es, mejor—. Pero la conversación también incluye «miradas, sonrisas, los silencios entre las palabras», según la escritora sueca Annika Thor. Es cuando esos elementos se combinan cuando nos sentimos más profundamente comprometidos y más conectados con nuestro interlocutor, como si estuviésemos sincronizados con ellos.

Como buenas conversadoras, dos neurocientíficas del Dartmouth College han tomado esa idea y la han llevado a nuevos lugares. Como parte de una serie de estudios sobre cómo dos mentes se encuentran en la vida real, informaron hallazgos sorprendentes sobre la interacción del contacto visual y la sincronización de la actividad neuronal entre dos personas durante una conversación. En un artículo publicado el 14 de septiembre en Proceedings of the National Academy of Sciences, las investigadoras sugieren que estar en sintonía con un compañero de conversación es bueno, pero que entrar y salir de esa alineación con ellos podría ser mejor.

Desde hace mucho tiempo se ha concebido que el contacto visual actúa como un elemento cohesivo, que conecta a una persona con la persona con la que está hablando. La ausencia de contacto visual puede indicar disfunción social. De manera similar, el creciente campo de estudio de la sincronía neuronal se ha centrado en los aspectos positivos de la alineación en la actividad cerebral entre individuos.

En el nuevo estudio, al utilizar la dilatación de la pupila como medida de sincronía durante una conversación no estructurada, la psicóloga Thalia Wheatley y la estudiante de posgrado Sophie Wohltjen descubrieron que el momento de hacer contacto visual marca un pico en la atención compartida –y no el comienzo de un período sostenido de miradas fijadas—. La sincronía, de hecho, cae bruscamente después de mirar a los ojos a tu interlocutor y solo comienza a recuperarse cuando tú y esa persona apartáis la mirada el uno del otro. «El contacto visual no provoca sincronía; la está interrumpiendo», dice Wheatley, autora del artículo.

¿Por qué sería esto? La conversación requiere cierto nivel de sincronía, pero Wheatley y la autora principal del estudio, Wohltjen, especulan que romper el contacto visual finalmente impulsa la conversación hacia adelante. «Quizás lo que esto está haciendo es permitirnos romper la sincronía y volver a nuestra propia mente para que podamos generar contribuciones nuevas e individuales para mantener viva la conversación», explica Wohltjen.

«Es un estudio fantástico», dice el psiquiatra y neurocientífico social Leonhard Schilbach del Instituto de Psiquiatría Max Planck en Múnich, quien estudia la interacción social pero no participó en la investigación. Él aplaude el diseño del experimento para replicar encuentros naturales y el enfoque en la conversación de forma libre. Los resultados sugieren, dice, que «la sincronía interpersonal es un aspecto importante de las interacciones sociales, pero puede que no siempre sea deseable».

Otros en el campo se sienten atraídos por la forma creativa de las investigadoras de pensar sobre la conversación, que se describe en el documento como «una plataforma donde las mentes se encuentran». «Tal conceptualización puede inspirar a otros investigadores a pensar en la conversación de manera diferente y a estudiarla más profundamente», dice Juliana Schroeder, psicóloga social de la Escuela de Negocios Haas de la Universidad de California en Berkeley, que tampoco participó en la investigación.

El nuevo trabajo se basa en un estudio anterior de Wheatley y la psicóloga Olivia Kang, ahora en la Universidad Harvard, quienes demostraron que la sincronía pupilar sirve como una medida de atención compartida. Nuestras pupilas se agrandan y se reducen como respuesta reflexiva a los cambios de luz, pero también, en menor grado, cuando estamos fisiológicamente excitados. Kang y Wheatley siguieron los movimientos oculares de los hablantes mientras relataban recuerdos positivos o negativos de su vida. Luego, rastrearon los movimientos oculares de las personas que escuchaban las mismas historias en un momento posterior. Descubrieron que la dilatación de la pupila de los oyentes se sincronizaba con la de los hablantes cuando había picos emocionales en las historias. «Sabíamos que esto era un indicador de que las personas estaban en la misma página», señala Wheatley.

Para el artículo actual, Wohltjen quería ampliar esos hallazgos anteriores mediante el estudio de la conversación cara a cara para ver cómo el contacto visual podría influir en la atención compartida en tiempo real. Puso a 186 estudiantes de psicología en Dartmouth, todos relativamente desconocidos, en parejas para conversar y les pidió que hablaran durante 10 minutos sobre cualquier cosa que quisieran mientras ella seguía los movimientos de sus ojos. Los participantes también vieron videos de sus conversaciones y calificaron su nivel recordado de participación minuto a minuto.

«Esperábamos que el contacto visual funcionara como una picana para que dos personas volvieran a la misma longitud de onda», dice Wohltjen. Si fuera así, el inicio del contacto visual debió haber dado lugar a un aumento posterior de la sincronía pupilar. En cambio, los investigadores encontraron lo contrario: un pico en sincronía al inicio seguido de una disminución. Pero también encontraron que los participantes informaron estar más comprometidos cuando hacían contacto visual. «Pensamos, "Quizás este contacto visual y la ruptura deben hacer algo para ayudar a la conversación"», dice Wohltjen.

Los estudios anteriores sobre el contacto visual han sido generalmente pasivos, como en el trabajo anterior de Wheatley y Kang. El diseño de Wohltjen del experimento basado en el mundo real sirvió como recordatorio de que la mayoría de las personas fijan su mirada en el otro y luego la apartan de forma natural muchas veces durante una conversación. Sostenerle la mirada a alguien durante demasiado tiempo, o no mirarlo, puede parecer incómodo. A medida que las investigadoras pensaban más en lo que el contacto visual podría estar haciendo por nosotros, recurrieron a la literatura sobre creatividad. Allí reconocieron las limitaciones de demasiada sincronía.  «Si la gente está tratando de innovar de alguna manera, no querrás que la gente esté unida entre sí», dice Wheatley. «Quieres que la gente [diga], "¿Y si hiciéramos esto? ¿Qué pasaría si hiciéramos aquello?" Necesitas que las personas brinden sus conocimientos independientes y construyan de esa manera».

La idea de que la mirada pueda usarse para modular la sincronía es intrigante para otros investigadores. «El elegante enfoque experimental [en este artículo] podría ser útil para investigar cuantitativamente las condiciones psiquiátricas, que pueden describirse como ”trastornos de la interacción social”», dice Schilbach, quien ha estudiado la mirada y otros elementos de la interacción social en el autismo.

Los hallazgos también ayudan a explicar las frustraciones que sienten muchos en Zoom y otras plataformas de videoconferencia, en las que el contacto visual real es casi imposible de establecer, o romper, debido a la posición de las cámaras y ventanas en las pantallas. (La publicación del artículo científico provocó una animada discusión sobre ese fenómeno en Twitter.)

Wheatley puede imaginar estudios de seguimiento que examinen una variedad de contextos conversacionales. ¿Cómo se desarrolla la dinámica danza entre establecer y romper la sincronía cuando un padre está instruyendo a un niño, por ejemplo? Es de suponer que, en esa situación, un padre esperaría la atención completa del niño y, por lo tanto, una sincronía completa. Por otro lado, quizás el estudio ayude a explicar por qué los viajes largos en automóvil, en los que las personas no se miran entre sí todo el tiempo, a menudo conducen a una conversación profunda.

«Puede haber un punto óptimo en este acoplamiento y desacoplamiento, donde las personas realmente se escuchan entre sí, pero también están alimentando la conversación con nuevas ideas», dice Wheatley. «Esas conversaciones pueden ser las más divertidas.»

Lydia Denworth

Referencia: «Eye contact marks the rise and fall of shared attention in conversation»; Wohltjen, S. y Wheatley , T. en PNAS, vol. 118, e2106645118, 14 de septiembre de 2021.

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