28 de Septiembre de 2021
Paleontología

Huellas en Nuevo México podrían ser los rastros más antiguos de humanos en las Américas

Estiman que las huellas de niños halladas tienen 22.500 años. Ello sitúa el establecimiento de humanos en América del Norte miles de años antes de lo que se pensaba.

Huellas antiguas encontradas en el sitio de Nuevo México. Las huellas tienen entre 21.000 y 23.000 años de antigüedad, y probablemente pertenecían a niños y adolescentes. [Servicio de Parques Nacionales, USGS y Universidad de Bournemouth]

El Parque Nacional White Sands, en el sur de Nuevo México, es conocido por sus dunas de color tiza que se extienden por cientos de kilómetros cuadrados. Pero en el apogeo de la última Edad de Hielo, la región era más húmeda y herbosa. Mamuts, perezosos gigantes y otros animales caminaban por las orillas fangosas de lagos poco profundos que crecían y se encogían con las estaciones. Y tenían compañía.

En un estudio histórico publicado el 23 de septiembre en Science, investigadores sugieren que huellas humanas en una antigua orilla del lago en el parque datan de entre 21.000 y 23.000 años. Si la datación es precisa, lo que los especialistas dicen que es probable, las impresiones representan la evidencia inequívoca más antigua de ocupación humana en todo el continente americano.

«La evidencia es muy convincente y extremadamente emocionante», dice Tom Higham, científico arqueológico y experto en datación por radiocarbono de la Universidad de Viena. «Estoy convencido de que estas huellas son realmente de la época que se afirma».

Las fechas plantean preguntas sobre cuándo y cómo los humanos que vinieron de Siberia se asentaron en la región, y hay cada vez más pruebas de que bordearon la costa del Pacífico mientras las rutas interiores estaban atrincheradas en el hielo. Los autores del estudio dicen que las huellas dan crédito a evidencias polémicas de indicios incluso anteriores de asentamiento en las Américas.

«El documento presenta un caso muy convincente de que estas huellas no solo son humanas, sino que tienen más de 20.000 años», dice Spencer Lucas, paleontólogo del Museo de Historia Natural y Ciencia de Nuevo México en Albuquerque. «Eso cambia todo».

Evidencia controvertida

Durante décadas, arqueólogos han asociado a los primeros americanos con puntas de lanza de piedra de 11.000 a 13.000 años de antigüedad y otros vestigios de la cultura «Clovis» (que lleva el nombre de otro sitio de Nuevo México, pero cuyos artefactos se encuentran en toda América del Norte). Las fechas coinciden con la recesión de un glaciar del tamaño de un continente, que creó un corredor sin hielo a través del centro de Canadá.

El descubrimiento de numerosos sitios arqueológicos «anteriores a Clovis», desde Alaska hasta la punta de América del Sur, que datan de hace 16.000 años, sembró dudas sobre la hipótesis del «consenso de Clovis» y propugnó una ruta de migración costera desde Siberia.

Las revistas de investigación están salpicadas de afirmaciones de sitios incluso anteriores, incluido un controvertido artículo en Nature que ubica a los humanos en California hace 130.000 años. Pero muchas de estas afirmaciones se han descartado debido a la ambigüedad de la evidencia: rocas probablemente confundidas con herramientas, marcas en huesos de animales que podrían haber sido hechas por procesos naturales – o excavadoras, en el caso de la afirmación de California—en lugar de carnicería con herramientas humanas.

White Sands está lleno de huellas fósiles de humanos y animales –en 2018, el mismo equipo que encontró las huellas en este último artículo, documentó una caza de perezosos gigantes en el lecho de un lago seco conocido como playa. Pero estas huellas son notoriamente difíciles de fechar, dice el coautor del estudio Matthew Bennett, geocientífico de la Universidad de Bournemouth en Poole, Reino Unido, que se especializa en el estudio de huellas fósiles. «Cada vez que descubres algo, es potencialmente de una edad diferente. La datación es una pesadilla».

Semillas antiguas

En 2019, el coautor del estudio David Bustos, arqueólogo y administrador de recursos en White Sands, identificó un sitio en la playa que tenía huellas que conducían directamente a capas de sedimento duro como una roca. La roca contenía semillas de pasto en espiral (Ruppia cirrhosa), una planta acuática que podría ser datada por carbono para determinar la edad de las huellas. «Ese es el santo grial a la hora de tratar de fechar huellas», dice Bennett.

Él y sus colegas no se sorprendieron cuando la datación por radiocarbono realizada por investigadores del Servicio Geológico de EE. UU. en Denver, Colorado, determinó que las semillas tenían entre 21.000 y 23.000 años de antigüedad, porque una excavación a pequeña escala anterior había fechado el sedimento aproximadamente en la misma época. Pero Bennett dice que el equipo sabía que las afirmaciones de ocupación humana tan temprana generarían un escrutinio extremo.

Así que intentaron abordar los factores que podrían alterar la edad de las semillas. El más probable es un fenómeno por el cual los organismos incorporan carbono que se ha filtrado al agua de rocas cercanas, como el carbonato de calcio en la piedra caliza. Estas fuentes de carbono tienden a ser mucho más antiguas que el carbono de la atmósfera terrestre.

Los investigadores dicen que esos «efectos de reservorio» son poco probables. Fecharon cientos de semillas en diferentes capas de sedimentos y sus edades coincidieron, con semillas más viejas en la parte inferior y más jóvenes en la parte superior. Si las semillas hubieran incorporado carbono viejo, probablemente habría habido más variación, dice el coautor Daniel Odess, arqueólogo del Servicio de Parques Nacionales de EE. UU. en Washington D.C. En un sitio de la zona estudiada que no tenía huellas, las semillas de Ruppia cirrhosa datan de la misma edad que el carbón vegetal en la misma capa –el cual no está sujeto a los efectos de reservorio—.

«Realmente creo que esas edades están bien», dice Thomas Stafford, geocronólogo experimental de los Laboratorios Stafford Research en Lafayette, Colorado. Incluso un error de 1.000 años no empañaría la importancia de las huellas, señala. «Si la gente estuvo aquí hace 20.000, 22.000 o 19.000 años, no cambia su increíble historia», añade Stafford. «Tenemos huellas humanas».

Huellas adolescentes

El equipo determinó que las varias docenas de huellas probablemente pertenecían a numerosas personas, en su mayoría niños y adolescentes. «Para mí, esto tiene mucho sentido», dice Odess. «Cuando era joven siempre me dirigía hacia el agua. Arroyo, río, estanque, lo que fuera. Si tuviera la oportunidad, probablemente caminaría sobre barro más que sobre tierra seca».

Karen Moreno, paleoicnóloga de la Universidad Austral de Chile en Valdivia, no tiene ninguna duda de que las huellas son humanas. Todavía no está convencida de que pertenezcan mayormente a niños, porque estas estimaciones se basan en la estatura de la gente moderna. Pero ella dice que las huellas podrían arrojar luz sobre los primeros humanos en América. «Esta comunidad más antigua probablemente tenía una forma de vida diferente y compleja».

Ahora que hay una fuerte evidencia de que los humanos se asentaron en las Américas hace más de 20.000 años, los investigadores deberían lidiar con las consecuencias, dice Bennett. Él espera que las huellas de White Sands obliguen a los investigadores a reconsiderar los sitios que tienen evidencia más equívoca de la ocupación humana temprana.

David Meltzer, arqueólogo de la Universidad Metodista del Sur en Dallas, Texas, está convencido de la evidencia que proporcionan las huellas de White Sands, pero no está de acuerdo con que den crédito a los sitios más controvertidos. Sin embargo, si se pudieran descubrir herramientas de piedra u otros artefactos asociados con quienes dejaron esas huellas, esto podría permitir establecer tales conexiones, agrega Meltzer.
Las huellas hacen que sea «extremadamente probable» que los antepasados de los humanos de White Sands y otros primeros pobladores viajaran a lo largo de la costa del Pacífico, dice Higham. El siguiente paso será identificar a las personas que llegaron a través de estos viajes de la Edad de Hielo, agrega. «Una prioridad urgente de investigación no es solo encontrar huellas como estas, sino los restos de las personas que las dejaron».

Ewen Callaway

Referencia: «Evidence of humans in North America during the Last Glacial Maximum»; Bennett, M. R. et al. Science, Vol 373, pags. 1528-153, 24 de septiembre de 2021.

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