18 de Enero de 2023
Innovación

La ciencia cada vez es menos rompedora

La proporción de publicaciones que transforman un campo ha caído en picado en los últimos cincuenta años.

Aunque el número de artículos de investigación no deja de crecer, proporcionalmente cada vez hay menos que conlleven una transformación radical. [KenanOlgun/iStock

El número de artículos de investigación en ciencia y tecnología se ha disparado en las últimas décadas, pero esos trabajos son mucho menos revolucionarios, según un análisis que ha estudiado hasta qué punto rompen con la bibliografía previa.

El examen de millones de manuscritos muestra que, en comparación con la investigación realizada a mediados del siglo XX, la de la primera década del siglo XXI tendió a impulsar la ciencia de manera gradual, en vez de a redireccionarla por otro camino que dejara el anterior obsoleto. Un estudio de las patentes de entre 1976 y 2010 mostró la misma tendencia.

«Los datos sugieren que algo está cambiando», explica Russel Funk, sociólogo de la Universidad de Minnesota y coautor del análisis, publicado el 4 de enero en Nature. «Ya no vemos el mismo auge de descubrimientos revolucionarios que hubo antaño.»

Citas reveladoras

Los autores razonaron que, si un estudio era realmente transformador, sería más probable que las publicaciones posteriores lo citaran sin hacer mención a las referencias incluidas en el propio estudio. A partir de las citas de 45 millones de artículos y 3,9 millones de patentes, los investigadores calcularon una medida de la «disrupción» (a la que llamaron índice CD), que toma valores desde −1, para los estudios menos innovadores, hasta 1, para los más revolucionarios.

El valor medio del índice CD disminuyó en más de un 90 por ciento entre 1945 y 2010 para los artículos de investigación, y en más de un 78 por ciento entre 1980 y 2010 para las patentes. La disrupción se redujo en todos los campos de conocimiento y tipos de patente analizados, incluso al tener en cuenta posibles diferencias en factores como las costumbres a la hora de citar otros trabajos.

[<a href="https://www.nature.com/articles/d41586-022-04577-5"><em>Nature</em></a>]

Los autores también analizaron los verbos más usados en los manuscritos y observaron que en los años cincuenta era más habitual encontrar palabras que evocan creación o descubrimiento, como «producir» o «determinar». En cambio, en la década de 2010, los trabajos se referían más a menudo a un progreso gradual, con términos como «mejorar» o «aumentar».

«Es genial ver este fenómeno documentado de una forma tan meticulosa», valora Dashun Wang, sociólogo computacional de la Universidad del Noroeste de EE.UU. que estudia la transformación científica.«Lo han analizado de mil maneras y, en general, me parece muy convincente.»

Otros trabajos también sugieren que la innovación científica se ha visto frenada en las últimas décadas, señala Yian Yin, otro sociólogo computacional de la Universidad del Noroeste. Pero este estudio ofrece un «nuevo punto de partida para investigar cómo cambia la ciencia utilizando datos», añade.

Ni la disrupción es buena por definición, ni el progreso gradual es malo por defecto, defiende Wang. La primera observación directa de las ondas gravitacionales, por ejemplo, fue revolucionaria y, a la vez, el resultado de una sucesión de pequeños avances científicos, argumenta.

Lo ideal es una mezcla equilibrada de avance progresivo y disrupción, según John Walsh, especialista en política científica y tecnológica del Instituto de Tecnología de Georgia. «En un mundo en el que nos preocupa la validez de los descubrimientos, podría ser bueno que haya más repeticiones y verificaciones», opina.

Los motivos del declive

Es importante entender los motivos de este cambio drástico, subraya Walsh. Podría deberse, en parte, a las variaciones que ha experimentado la actividad científica. Por nombrar un factor, ahora hay muchos más investigadores que en los años cuarenta, lo que ha creado un ambiente más competitivo y ha aumentado la presión para publicar artículos y conseguir patentes. Eso, a su vez, ha modificado el modo en que se organiza la investigación. Los equipos de muchas personas, por ejemplo, se han vuelto más habituales, y Wang y sus colaboradores han hallado que los grupos grandes tienden a producir investigaciones más graduales que rompedoras.

Encontrar una explicación para el declive no será fácil, comenta Walsh. Aunque la proporción de ciencia transformadora menguó de forma significativa entre 1945 y 2010, el número de estudios altamente innovadores se ha mantenido más o menos constante. La velocidad del descenso también es sorprendente: los índices CD cayeron en picado desde 1945 hasta 1970, pero de manera más suave entre final de los noventa y 2010. «Cualquier argumento que justifique la caída de la disrupción debe dar cuenta también de esa estabilización» observada en la primera década del siglo XXI, concluye.

Max Kozlov/Nature News

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Nature Research Group.

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.

Responsable: Prensa Científica, S.A. Finalidad: enviarle por correo electrónico los boletines que haya solicitado recibir. Derechos: tiene derecho a acceder, rectificar y suprimir sus datos, así como a otros derechos, como se explica en la información adicional y detallada que puede consultar en nuestra Política de Privacidad.