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3 de Junio de 2020
Etología

La crianza prolongada ayuda a las aves jóvenes a ser más inteligentes

En los córvidos, la «infancia extendida» permite que las crías aprendan habilidades complejas que contribuyen a su supervivencia. Lo mismo sucede en los humanos.

Un cuervo de Nueva Caledonia joven (derecha) usa una herramienta en compañía de un adulto. [Michael Griesser]

Los humanos somos algo singulares en lo que al período de crianza se refiere, incluso en comparación de los primates: en nuestro caso, vivimos una crianza prolongada. Los científicos piensan que esta duración prolongada de la infancia y la adolescencia nos da mucho tiempo para explorar, crear y aprender, lo que nos ayuda a disponer de la inteligencia suficiente para aprender habilidades que se tardan años en dominar. Pero los humanos no somos la única especie con una «niñez extendida»: también se da en los elefantes, algunos murciélagos, las ballenas, los delfines y algunas aves, especialmente, en los córvidos. Pero ¿una infancia prolongada hace que otras especies sean también inteligentes? Si es así, ¿cuál es el papel de los padres?

Un equipo de científicos del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana, la Universidad de Constanza y del Reino Unido han buscado la respuesta a estas preguntas a través de los resultados de sus trabajos de campo sobre dos especies de córvidos: los arrendajos siberianos y los cuervos de Nueva Caledonia. El estudio, publicado en Philosophical Transactions of the Royal Society B, centra la evolución de la inteligencia en la crianza de los hijos.

Una crianza tolerante y constructiva

Durante años, los investigadores observaron dos especies de aves en la naturaleza para comprender la relación del aprendizaje de los ejemplares jóvenes con la crianza que habían recibido durante la adolescencia y la supervivencia en la edad adulta. En uno de los experimentos de campo analizaron la capacidad de los jóvenes arrendajos siberianos para aprender habilidades cruciales para su vida: reconocer a un depredador peligroso y abrir una caja para obtener alimento.

Los arrendajos siberianos viven en grupos familiares que pueden incluir no solo las crías de una pareja, sino también las que nacieron en otros grupos. Estas crías pueden permanecer con el grupo familiar hasta cuatro años. Los jóvenes que permanecieron con sus padres durante más tiempo se beneficiaron de su compañía: aprendieron más rápido observando a sus progenitores y recibieron más comida. Como consecuencia, era más probable que vivieran más tiempo y formaran su propia familia.

En otra investigación, los científicos siguieron a los cuervos de Nueva Caledonia para conocer cómo los jóvenes aprendían una habilidad esencial de supervivencia: construir herramientas para obtener alimento. Por lo general, aprender esa habilidad les lleva alrededor de un año, una costosa inversión de tiempo para los padres que aún tienen que alimentar a los jóvenes. Estos cuervos pueden permanecer con sus progenitores hasta tres años, lo que les permite vivir una «infancia» mucho más larga que la de la mayoría de los córvidos. Los padres y otros adultos son extremadamente «tolerantes» con los cuervos jóvenes: mientras que los adultos usan una herramienta para conseguir comida, les alimentan, les permiten observar de cerca e incluso consienten el «robo» de herramientas y el contacto físico de los jóvenes.

La crianza prolongada beneficia la inteligencia

Los autores sostienen que el papel clave de la crianza en la evolución de la cognición se ha pasado por alto hasta ahora. El cuidado de los padres es la razón por la que los niños pueden pasar su infancia aprendiendo y cometiendo errores. «La crianza prolongada de los hijos tiene profundas consecuencias para el aprendizaje y la inteligencia», explica Michael Griesser, de la Universidad de Constanza, en un comunicado de prensa. «Las oportunidades de aprendizaje surgen de la interacción entre la infancia y la parentalidad prolongadas. El refugio seguro que proporciona la crianza ampliada es fundamental para las oportunidades de aprendizaje».

Con un refugio seguro, las aves jóvenes tienen tiempo para desarrollar un cerebro más grande, aprender habilidades complejas,  incrementar su supervivencia, y, posiblemente, expandirse a nuevos entornos. La infancia prolongada también les proporciona ciertas similitudes con los humanos; por ejemplo, los córvidos tienen cerebros mucho más grandes en relación con su tamaño corporal, como nosotros. «Además, los córvidos y los humanos tienen la capacidad de aprender durante toda la vida, un tipo de inteligencia flexible que les permite adaptarse a entornos cambiantes a lo largo de su vida», afirma Natalie Uomini, del Instituto Max Planck.

Según concluyen los autores, los padres desempeñan un papel vital en ayudar a los cerebros jóvenes a crecer más inteligentes. Los niños, como los pájaros jóvenes, no pueden aprender habilidades de forma aislada.

Fuente: Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana

«Extended parenting and the evolution of cognition». N. Uomini et al. publicado en línea en Philosophical Transactions of the Royal Society B en mayo de 2020.

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