6 de Septiembre de 2022
CONSERVACIÓN

La devastadora invasión de conejos en Australia fue provocada por unas pocas docenas de animales procedentes Inglaterra

El análisis del genoma muestra que la mayoría de los conejos australianos descienden de unos cuantos ejemplares silvestres llegados a Melbourne en 1859.

Conejos reunidos alrededor de un pequeño pozo de agua en el sur de Australia. Imagen obtenida en 1938. [M. W. Mules/CSIRO, Science image]

Un análisis genómico ha contribuido a demostrar que la población invasora de conejos de Australia se originó probablemente a partir de un envío de dos docenas de conejos silvestres que llegaron cerca de Melbourne el día de Navidad de 1859. El estudio también concluye que la ascendencia silvestre de la manada le habría dado una ventaja sobre las introducidas con anterioridad.

Los conejos han invadido la mayor parte del continente australiano y han tenido un impacto desastroso en los ecosistemas: han amenazado a unas 300 especies de plantas y animales y han causado daños por valor de cientos de millones de dólares a la industria agrícola cada año. «Ese único acontecimiento desencadenó en Australia una enorme catástrofe ecológica y económica», afirma Francis Jiggins, genetista evolutivo de la Universidad de Cambridge y coautor del estudio.

Reproducirse como conejos

Los registros históricos indican que los primeros conejos europeos (Oryctolagus cuniculus) que llegaron a Australia fueron introducidos en Sídney en 1788 por los primeros colonizadores. Los barcos que los traían siguieron atracando en la costa durante décadas, pero no fue hasta la segunda mitad del siglo XIX cuando la población de conejos se expandió de forma importante, extendiéndose por el país a un ritmo de 100 kilómetros al año.

Los registros históricos también sugieren que la expansión de los conejos se produjo tras un envío de animales a un tal Thomas Austin, en Barwon Park, al suroeste de la actual Melbourne. Su hermano los había atrapado en los alrededores de su propiedad familiar en Baltonsborough, en el suroeste de Inglaterra.

Joel Alves, genetista evolutivo de la Universidad de Oxford, y sus colaboradores querían averiguar si los datos genómicos corroboraban los registros. Analizaron los datos genéticos de 179 conejos silvestres capturados en Australia y en Nueva Zelanda, Francia y el Reino Unido, así como de 8 conejos domésticos de distintas razas.

Descubrieron que la mayoría de los conejos de Australia continental eran genéticamente similares, con una ascendencia mixta salvaje y doméstica. También compartían más alelos infrecuentes con los conejos del suroeste de Inglaterra que con los del resto del Reino Unido, lo que apunta a Baltonsborough como lugar de origen. Al examinar específicamente el ADN mitocondrial, que se hereda de la madre, los investigadores concluyeron que la mayoría de los conejos australianos continentales descendían de unas cinco hembras introducidas desde Europa.

Los autores también descubrieron que la diversidad genética de los conejos disminuía cuanto más lejos de Barwon Park se capturaban los animales, y que aumentaban los alelos que son infrecuentes o inexistentes en los conejos silvestres. Los científicos afirman que estas pautas concuerdan con la idea de que la mayoría de los conejos de Australia proceden de Barwon Park. El equipo publicó sus resultados en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences el 22 de agosto.

«Se trata de un artículo muy interesante sobre un tema muy relevante y bien conocido», afirma Martín Núñez, que investiga las invasiones ecológicas en la Universidad de Houston. El uso de la genética para entender cómo se inician las invasiones de animales no deseados puede ayudar a predecir las futuras, sostiene.

La tormenta perfecta

El equipo afirma que la ascendencia silvestre de los conejos fue un factor importante que favoreció la invasión del continente. «Los conejos salvajes son diferentes», comenta Alves. Presentan ciertos rasgos, como la huida de entornos estresantes y la excavación de madrigueras, que probablemente les ayudaron a escaparse de los depredadores y a sobrevivir en terrenos difíciles, y lo hicieron de forma más eficaz que los conejos domésticos, explica. Los registros históricos indican que Austin solicitó conejos silvestres, mientras que los envíos anteriores eran en su mayoría de razas domésticas.

El aumento de la extensión de las tierras de pastoreo australianas y la supresión generalizada de los depredadores en esa época también habrían ayudado a la expansión de los conejos. «Fue una tormenta perfecta», apunta Alves. «Había los conejos adecuados en el lugar adecuado y en el momento adecuado, junto con los cambios adecuados en el entorno.»

«Los análisis genéticos parecen muy sólidos», afirma Amy Iannella, genetista de conejos y asesora independiente. Añade que, aunque las poblaciones del país se originaron probablemente en Barwon Park, su rápida propagación pudo verse favorecida por el transporte de los animales a otras partes de Australia, donde también empezaron a extenderse. Los conejos son animales típicamente gregarios que dependen del refugio para sobrevivir, y los individuos juveniles rara vez se desplazan más allá de un kilómetro, explica. «La idea de que los conejos avanzaran tan deprisa desde el frente de invasión y colonizaran Australia con tal rapidez a partir de una sola liberación me parece algo extrema, teniendo en cuenta lo que sabemos sobre la ecología de los conejos.»

Smriti Mallapaty/Nature News

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con el permiso de Nature Research Group.

Referencia: «A single introduction of wild rabbits triggered the biological invasion of Australia»; Joel M. Alves et al. en Proceedings of the National Academy of Sciences, vol. 119, e2122734119, agosto de 2022.

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