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18 de Diciembre de 2019
Etología

La gran memoria de las tortugas terrestres gigantes

Las tortugas de Galápagos y de Aldabra recuerdan información que aprendieron años antes, sobre todo, si el aprendizaje fue en grupo.

Las tortugas terrestres gigantes son capaces de reconocer a sus cuidadores. [Michael Kuba]

Las tortugas terrestres gigantes tienen la reputación de ser unas criaturas lentas, tanto en el movimiento como en la capacidad intelectual. Sin embargo, todo apunta a que se ha subestimado enormemente su inteligencia: no solo pueden aprender, sino también memorizar información a largo plazo.

«Cuando se descubrieron las tortugas terrestres gigantes, se consideró que eran estúpidas, porque los exploradores simplemente las recolectaban y almacenaban en barcos como suministro de carne fresca», explica Tamar Gutnick, autora principal del trabajo y estudiante de posdoctorado en el Instituto de Ciencia y Tecnología de Okinawa (OIST). No obstante, continua Gutnick, existen informes que insinúan su intelecto. Así, el propio Darwin observó que las tortugas de Galápagos recorrían largas distancias para comer, beber, dormir o bañarse en lodo, lo que requiere una buena memoria. Los exploradores también documentaron que estos animales podían ser entrenados para permanecer en un lugar dentro del barco.

«Nosotros observamos de primera mano que las tortugas reconocían a sus cuidadores, por lo que sabíamos que eran capaces de aprender», añade Gutnick. «Esta investigación demuestra lo inteligentes que son».

Buenas alumnas

El estudio, publicado en la revista Animal Cognition, es la culminación de casi un decenio de trabajo. Gutnick y Michael Kuba, quien en la actualidad investiga en OIST, entrenaron a ejemplares de tortugas de Aldabra (la tortuga terrestre más grande del mundo tras la de las islas Galápagos) y de Galápagos de los zoológicos de Viena y de Zúrich para que efectuaran tareas de dificultad creciente. Los investigadores utilizaron para ello una forma de condicionamiento, llamada entrenamiento con refuerzo positivo: premiaban con su comida favorita (zanahoria, remolacha roja o diente de león) a las tortugas cuando efectuaban el ejercicio correctamente.

En la primera tarea, adiestraron a los animales para que mordieran una bola de color sujeta al extremo de un palo. Una vez que aprendieron esa actividad, les enseñaron a morder otra bola de diferente color, que se encontraba a uno o dos metros de distancia. Para la tarea final, asignaron a cada tortuga un color. Las entrenaron para que eligieran, de entre otros objetos, la pelota del color que les correspondía.

Los investigadores pusieron a prueba a las tortugas tres meses después. Aunque estas no lograron recordar el color que les correspondía, cinco de cada seis aprendieron de nuevo, pero con mayor rapidez, la bola que debían morder. Ello sugiere que mostraban algo de memoria residual. También visitaron tres de las tortugas de Aldabra que habían entrenado nueve años antes en el zoológico de Viena. Sorprendentemente, las tres recordaban las dos primeras tareas, lo que demostraba su capacidad de memoria a largo plazo.

Animales sociales

La memoria a largo plazo de las tortugas no fue la única sorpresa para los investigadores: descubrieron que las tortugas que habían entrenado en grupo aprendieron más rápido que las que habían adiestrado por separado.

«Fue un hallazgo inesperado», afirma Gutnick. «Las tortugas terrestres gigantes no son conocidas por ser animales particularmente sociales, pero el aumento en la velocidad de aprendizaje fue evidente». Los científicos especulan que las tortugas terrestres gigantes pueden obtener información relevante de la naturaleza, como los lugares en los que alimentarse y beber, al observar a otras compañeras. Estos resultados demuestran la importancia de la interacción social y el aprendizaje social en reptiles, concluyen los autores.

Fuente: Instituto de Ciencia y Tecnología de Okinawa

Referencia: «The underestimated giants: operant conditioning, visual discrimination and long term memory in giant tortoises». Tamar Gutnick, Anton Weissenbacher y Michael J. Kuba, publicado en línea en Animal Cognition, 2019.

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