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11 de Junio de 2021
TECNOLOGÍA MÉDICA

La inyección de proteínas fotosensibles devuelve la vista a un hombre ciego

La técnica llamada optogenética ha permitido a una persona volver a ver décadas después, con la ayuda de unas gafas de potenciación de la imagen.

[Unsplash-Kyle-Cleveland]

Tras 40 años de ceguera, un varón de 58 años vuelve a ver imágenes y objetos en movimiento, gracias a una inyección de proteínas sensibles a la luz en la retina.

El estudio, publicado en Nature Medicine, es la primera aplicación clínica satisfactoria de la optogenética, en la que se utilizan destellos de luz para controlar la expresión génica y la activación de las neuronas. De amplio uso en el laboratorio para estudiar los circuitos neuronales, el método se está investigando como posible tratamiento del dolor, la ceguera y diversos trastornos cerebrales.

En el ensayo clínico, llevado a cabo por la empresa GenSight Biologics, con sede en París, participan personas con retinosis pigmentaria (RP), una enfermedad degenerativa que destruye las células fotorreceptoras del ojo, esto es, las que constituyen la primera etapa de la vía visual. En la retina sana, los fotorreceptores detectan la luz y envían señales eléctricas a las células ganglionares retinianas (CGR) que, a su vez, transmiten la señal al cerebro. La terapia optogenética de GenSight prescinde por completo de las células fotorreceptoras dañadas. En lugar de ello, emplea un virus para administrar proteínas bacterianas fotosensibles a las CGR, lo que les permite a estas detectar imágenes directamente.

Durante las pruebas con la técnica, se pide al participante que indique la presencia o ausencia de un vaso negro en el escritorio blanco. [J. A. Sahel et al. en Nature Medecine]

Los investigadores inyectaron el virus en el ojo de un varón con RP y, una vez estabilizada la producción de proteínas por las CGR al cabo de cuatro meses, le examinaron la visión. José-Alain Sahel, oftalmólogo del Centro Médico de la Universidad de Pittsburgh en Pensilvania y al frente del estudio, refiere que una de las dificultades fue ajustar la cantidad y el tipo de luz que penetra en el ojo, ya que la retina sana se sirve de distintas células y proteínas fotosensibles para ver una amplia gama de luz. «Ninguna proteína es capaz de reproducir el comportamiento del sistema», aclara. Por ello, los investigadores diseñaron unas gafas que captaran la información visual alrededor del paciente y la optimizaran para la detección por las proteínas bacterianas.

Con una cámara, las gafas analizan los cambios de contraste y brillo y los convierten, en tiempo real, en lo que Sahel describe como un «cielo estrellado» de puntos de color ámbar. Cuando la luz de estos puntos alcanza el ojo, activa las proteínas y, como consecuencia, las CGR envían una señal al cerebro, que traduce estos patrones en una imagen.

El participante del ensayo tuvo que practicar con las gafas durante varios meses para que el cerebro se adaptara y pudiera interpretar los puntos correctamente. «Era como un científico en un experimento nuevo, que intenta entender lo que ve y darle sentido», explica Sahel. Con el tiempo, fue capaz de reconocer imágenes de alto contraste, como objetos en una mesa y las rayas blancas de un paso de cebra. El registro de su actividad cerebral mostró que la corteza visual reaccionaba a la imagen de la misma manera que si su visión fuera normal.

Aunque aún no puede ver sin las gafas, las lleva puestas varias horas al día y la vista le ha seguido mejorando en los dos años transcurridos desde la inyección, según informa Sahel. El año pasado se inyectaron las mismas proteínas fotosensibles a otras seis personas, pero la pandemia de COVID-19 retrasó su entrenamiento con las gafas. Sahel espera tener sus resultados antes de un año. 

Seguro y permanente

«Es un gran paso en este campo», opina John Flannery, neurobiólogo de la Universidad de California en Berkeley. «Lo más importante es que parece ser seguro y permanente, algo sin duda alentador.» La retina contiene alrededor de 100 veces más fotorreceptores que las CGR, por lo que la resolución de las imágenes detectadas por estas células nunca será tan buena como la visión natural. Sin embargo, la facultad del cerebro para interpretar las imágenes acertadamente resulta apasionante para Flannery.

Según otros expertos, es necesario investigar más. «Es interesante, pero se trata de un solo paciente», advierte Sheila Nirenberg, neurocientífica del Hospital Universitario Weill Cornell en la ciudad de Nueva York, en espera de que se sepa si las demás personas del ensayo, algunas de las cuales recibieron dosis mayores de la proteína, obtienen resultados parecidos.

GenSight es una de las varias empresas que desarrollan tratamientos optogenéticos para la RP y otros trastornos de la retina. En marzo, la compañía de Nirenberg, Bionic Sight, anunció que cuatro de las cinco personas con RP a las que habían tratado con una terapia optogenética similar y un casco de realidad virtual habían recuperado cierto grado de visión, aunque los resultados completos del ensayo aún no se han publicado. Y el gigante farmacéutico suizo Novartis está trabajando en una terapia con otra proteína de tamaña sensibilidad a la luz que podrían no precisarse las gafas. Pero todavía no se han iniciado los ensayos clínicos.

Karl Deisseroth, neurocientífico de la Universidad de Stanford, en California, que intervino en la creación de la optogenética como método de laboratorio, sostiene que el estudio es importante por ser la primera vez que se demuestran los efectos de la técnica en las personas. «Convendría probarlo con opsinas más fotosensibles», que tal vez hagan innecesarias las gafas, comenta. Pero cree que la optogenética será más útil como herramienta de investigación para lograr nuevos tratamientos que como terapia propiamente. «Confiamos en que se lleven a cabo más estudios en humanos y ensayos clínicos orientados por técnicas optogenéticas», concluye.

Sara Reardon/Nature News

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con el permiso de Nature Research Group.

Referencia: «Partial recovery of visual function in a blind patient after optogenetic therapy». José-Alain Sahel et al. en Nature Medicine, mayo de 2021.

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