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  • 07/03/2018

Sueño

La luz brillante antes de acostarse reduce la melatonina en los niños

La exposición a fuentes de luz intensa altera la producción de la «hormona del sueño» en los niños preescolares.

Physiological Reports

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La luz nocturna brillante puede reducir la producción de melatonina, «hormona del sueño», en los niños de edad preescolar. [iStock/ FamVeld]

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Los niños que permanecen una hora expuestos a una luz brillante antes de irse a dormir presentan una menor producción de melatonina, hormona relacionada con la consolidación del sueño y la regulación de los ciclos sueño y vigilia. Este efecto se mantiene, al menos, 50 minutos después de que se apaguen las luces, según publican en Physiological Reports investigadores de la Universidad de Colorado en Boulder.

El estudio se suma a un número creciente de hallazgos que sugieren que, debido a las diferencias estructurales en sus ojos, los niños pueden ser más vulnerables al impacto que la luz ejerce sobre el sueño y el reloj biológico. «Aunque los efectos de la luz se han estudiado de manera amplia en los adultos, prácticamente no se sabe nada sobre cómo la exposición a la luz nocturna afecta la fisiología, la salud y el desarrollo de los niños en edad preescolar», indica Lameese Akacem, autora principal de la investigación. «En este estudio hemos hallado que los niños son extremadamente sensibles a la luz».

Menos melatonina a la hora de dormir

Para el estudio, los investigadores contaron con la participación de 10 niños sanos con edades comprendidas entre los 3 y 5 años. Del primer al quinto día, estos cumplieron un estricto horario para normalizar sus relojes corporales y establecer un patrón en el aumento nocturno de melatonina. El sexto día, los experimentadores crearon un ambiente con luz tenue en el dormitorio de los niños: cubrieron las ventanas con plástico negro y cambiaron las luces habituales por bombillas de bajo voltaje. De esta manera, se aseguraban de que todos estuvieran expuestos a la mismas condiciones lumínicas. También tomaron muestras de saliva de los probandos para evaluar los niveles de melatonina. La noche siguiente, se invitó a los niños a que, durante una hora, colorearan dibujos o jugaran con fichas magnéticas sobre una mesa con una superficie lumínica de 1000 lux (similar a la luz de una habitación brillante). A continuación, tomaron de nuevo muestras salivales para comparar los niveles de melatonina con los de la noche anterior. Según constataron, se habían reducido en un 88 por ciento tras de la exposición a la luz brillante. Los niveles de melatonina permanecieron bajos al menos durante 50 minutos.

«La luz es el "cronometrador" principal de nuestro reloj cerebral», explica Monique LeBourgeois, otra de las autoras. «Sabemos que los individuos más jóvenes presentan pupilas más grandes y cristalinos más transparentes que los adultos. Esta mayor sensibilidad a la luz los hace más propensos a la desregulación del sueño y del reloj circadiano». Según indica, cuando la luz penetra la retina en el ojo por la noche, produce una cascada de señales hacia el sistema circadiano para suprimir la melatonina lo que en los preescolares no solo puede provocar problemas para conciliar el sueño una noche, sino también alteraciones crónicas en el descanso. «Los efectos de la luz en la exposición nocturna pueden ir más allá del sueño», afirma Akacem.

Con todo, los investigadores señalan que la muestra de su estudio es pequeña y que la intensidad de luz que usaron es mayor de la que emite, por ejemplo, un dispositivo electrónico. En una próxima investigación prevén exponer a 90 niños a luz de diversa intensidad para determinar qué condiciones lumínicas afectan el sistema circadiano a esas edades. De momento recomiendan a los padres que atenúen la luz del dormitorio de sus hijos en las horas previas a acostarse.

Vídeo explicativo (en inglés) de la Universidad de Colorado en Boulder:

 

Fuente: Lisa Marshall / Universidad de Colorado en Boulder

Referencia: «Sensitivity of the circadian system to evening bright light in preschool-age children». Lameese D. Akacem et al. en Physiological Reports, publicado en línea el 4 de marzo de 2018.

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