16 de Febrero de 2022
Contaminación

La mayor concentración de mercurio atmosférico está en el Amazonas

El aire de la selva sudamericana muestra niveles excepcionales de contaminación por mercurio, debido a las pequeñas explotaciones mineras que lo emplean para extraer oro.

Mina de oro en la selva amazónica brasileña. El mercurio líquido empleado para aglutinar el oro se introduce en el ambiente y la cadena trófica. Buena parte de ese mercurio queda retenido en las hojas de los árboles, por lo que la quema de regiones selváticas supondría liberar a la atmósfera ingentes cantidades de este metal tóxico. [Tarcisio Schnaider/iStock]

Miles de buscadores de oro registran incansablemente los ríos de Perú, Venezuela y Brasil. El proceso de explotación no solo deja atrás desiertos de barro y ecosistemas destruidos, sino que también contamina las áreas circundantes con el mercurio empleado para extraer el preciado mineral. Jaqueline Gerson, biogeoquímica de la Universidad Duke, y su equipo han detectado en la selva peruana los mayores niveles de contaminación por mercurio atmosférico observados hasta ahora en el planeta, según informan en Nature Communications.

En su estudio, el grupo de trabajo analizó distintas áreas de selva virgen en la región peruana de Madre de Dios, donde miles de buscadores de oro han acudido en los últimos años a fin de explotar la valiosa materia prima. En el proceso utilizan mercurio, que aglutina el oro. Para liberar el metal precioso, el mercurio líquido se vaporiza y termina introduciéndose en la atmósfera. Posteriormente es arrastrado por la lluvia o se deposita en la superficie de las hojas de los árboles y con ello se incorpora al ciclo alimentario y a los suelos.

La concentración de mercurio introducido en el ambiente se calcula a partir de muestras extraídas de la biomasa vegetal, las aves, el sustrato o el aire. «Los valores superan los de cualquier otro ecosistema estudiado hasta ahora en cualquier parte del mundo», afirma Gerson. Y es que, cuanto más virgen sea un bosque, más mercurio acumula, puesto que el denso follaje retiene las gotas del metal líquido. En algunas zonas se infiltran en el ecosistema hasta 61 nanogramos de mercurio por litro de agua. El grupo de trabajo solo halló valores comparables en zonas altamente industrializadas de Guizhou, en China, donde los aportes provienen de la minería del estaño y de las centrales eléctricas de carbón.

En consecuencia, los suelos del planeta presentan ya una importante acumulación de mercurio, como ocurre en algunas regiones industrializadas de Estados Unidos, China y Corea del Sur. Particularmente crítica es la aparición de metilmercurio, que se introduce fácilmente en la cadena trófica y es capaz de atravesar la barrera hematoencefálica. Se trata de una neurotoxina que deteriora las capacidades cognitivas de humanos y animales. Las aves de las zonas especialmente contaminadas cerca de las minas de oro presentaban entre tres y doce veces más mercurio en sus plumas que las de sus congéneres de regiones no contaminadas. Y las altas concentraciones de mercurio podrían reducir en un tercio su éxito reproductivo.

«La selva tiene un papel relevante puesto que captura una elevada proporción de mercurio y evita que se introduzca en la atmósfera», explica la directora del estudio, Emily Bernhardt. «Lo que subraya aún más la importancia de que no se quemen ni se talen porque hacerlo implicaría arrojar todo ese mercurio a la atmósfera».

Por tanto, la contaminación no se limita al conocido problema de las aguas regionales. Gerson y sus colaboradores ya lo habían advertido en 2020: la minería conlleva la formación de numerosos estanques que presentan una elevada contaminación por mercurio. Las condiciones de esas aguas causan que el metal líquido se transforme en una variante aún más tóxica. Y es que la concentración de metilmercurio en tales estanques es entre cinco y siete veces superior a la detectada en los ríos de la región.

Daniel Lingenhöhl

Referencia: «Amazon forests capture high levels of atmospheric mercury pollution from artisan gold mining». Jaqueline R. Gerson et al. en Nature Communictions, vol. 13, art. 559, 28 de enero de 2022.

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