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28 de Noviembre de 2013
Neurociencia

La memoria latente del cuerpo

Ciertos gusanos recuerdan su entorno, incluso tras ser decapitados y desarrollar una cabeza nueva.

Las planarias recuerdan su entorno tras regenerar su tejido cerebral dañado. [Cortesía de Tal Shomrat y Michael Levin]

Las planarias, un tipo de platelmintos (gusanos planos), son unos de los animales preferidos de la neurociencia. Su cerebro centralizado, sus características sensoriales complejas y su rápida capacidad regenerativa hacen de ellos un modelo ideal para estudiar los mecanismos que regulan la función de las células madre, el desarrollo neuronal y la regeneración de las extremidades. Los científicos han descubierto ahora una nueva capacidad de estos invertebrados: pueden almacenar recuerdos fuera de su cerebro y recuperarlos después de perder la cabeza y desarrollar una nueva.

Investigadores de la Universidad Tufts analizaron su capacidad de recuperar la memoria sirviéndose de una peculiaridad de la conducta de las planarias: los individuos que medran en un entorno conocido se alimentan con mayor rapidez que las que se hallan en ambiente nuevo. Los recién llegados suelen necesitar tiempo para explorar los alrededores, con el fin garantizar su seguridad antes de comer. Así que los expertos introdujeron planarias en una placa de Petri y les permitieron familiarizarse con su entorno. A continuación decapitaron a los gusanos y esperaron dos semanas hasta que la cabeza volviera a crecer.

Entonces, los científicos activaron la memoria de los gusanos al volverlos a introducir brevemente en la placa y alimentarlos. La idea era hacer revivir el recuerdo latente del cuerpo a través de una corta exposición del animal al entorno conocido. «Para el gusano, fijar automáticamente en el nuevo tejido cerebral un antiguo recuerdo tal vez irrelevante sería un desperdicio», dice el coautor del estudio Michael Levin, un biólogo del desarrollo de la Universidad Tufts. «La breve exposición informa al cerebro de que el recuerdo es de hecho importante.»

Cuando los investigadores reintrodujeron las planarias entrenadas en la misma placa, estas empezaron a alimentarse mucho antes que las que se habían manipulado de la misma forma pero no habían explorado la placa antes de la decapitación.

Los resultados del estudio refuerzan un hallazgo controvertido, de décadas de antigüedad, realizado por un neurocientífico poco convencional, James V. McConnell. En los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, McConnell realizó experimentos similares con planarias; llegó incluso a alimentar con fragmentos de gusanos entrenados a sus hermanos no entrenados, en un intento de transferirles moléculas de la memoria. Sin embargo, algunos investigadores cuestionaron la objetividad de sus estudios, muchos de los cuales no se publicaron en revistas de referencia, sino en una que él mismo editaba, Worm Runner's Digest. El grupo de Tufts se esforzó en minimizar el sesgo del observador mediante el uso de una máquina que les ayudaba a analizar el comportamiento de los gusanos.

La nueva investigación podría tener implicaciones en el desarrollo de la memoria artificial y el estudio de las enfermedades neurodegenerativas, que los investigadores esperan poder tratar algún día mediante la sustitución del tejido cerebral dañado. «Realmente desconocemos el efecto que esa intervención podría ejercer en la personalidad o los recuerdos de un paciente», dice Levin. «Las planarias son el modelo que podría ayudarnos a empezar a averiguarlo.»

Más información en Journal of Experimental Biology

Fuente: Arielle Duhaime-Ross / Scientific American

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