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23 de Julio de 2019
Enfermedades neurodegenerativas

La microbiota también influye en la progresión de la esclerosis lateral amiotrófica

En ratones, descubren que la nicotinamida secretada por la cepa bacteriana Akkermansia muciniphila reduciría la muerte de las neuronas motoras. Sin embargo, el número de estos microorganismos disminuye a medida que avanza la enfermedad.

De acuerdo con los resultados, el desequilibrio de las bacterias intestinales favorecería la disfunción y pérdida de las neuronas motoras. En la imagen, neurona motora de la medula espinal. [Berkshire Community College Bioscience Image Library/Fayette A Reynolds]

En los últimos años, la comunidad científica ha demostrado la influencia que ejercen los microorganismos que habitan el intestino sobre el cerebro. Según parece, el microbioma podría participar en el desarrollo de enfermedades como el párkinson, el alzhéimer o la esclerosis múltiple. Ahora, Eran Elinav y su equipo, del Instituto Weizmann en Israel, junto con investigadores de Suecia y Alemania, añaden una más a la lista: la esclerosis lateral amiotrófica o ELA.

El trabajo, publicado en tiempo reciente por la revista Nature, evalúa el modo en que los microorganismos intestinales modulan la progresión de la ELA en un modelo animal, los ratones SOD1. Estos roedores modificados genéticamente presentan una mutación en el gen que codifica la enzima superóxido dismutasa 1 (SOD1, por sus siglas en inglés). Ello resulta en la muerte progresiva de las neuronas motoras y, en consecuencia, en la aparición de la parálisis.

En primer lugar, y tras tratar a los animales con antibióticos de amplio espectro, los científicos observaron que la casi eliminación de las bacterias del intestino empeoraba los síntomas de la enfermedad. Este resultado sugiere que el desequilibrio microbiano, o disbiosis intestinal, potenciaría la pérdida de la función motora. Por ello, los autores analizaron y compararon el microbioma de los animales enfermos con el de sus compañeros sanos. Y los datos corroboraron su hipótesis: 11 cepas bacterianas se hallan alteradas, incluso antes de las primeras manifestaciones de la ELA.

A fin de dilucidar el papel que desempeña cada una de ellas, los ratones SOD1, tratados con antibióticos, recibieron inóculos con una sola de las 11 especies microbianas.

Así pues, Parabactoides distasonis y Ruminococcus torques empeoró la neurodegeneración. Lactobacillus gasseri y Prevotella melaninogenica ejerció un efecto parecido, mas no en todos los casos. En cambio, la colonización del intestino por Akkermansia muciniphila no solo redujo la atrofia cerebral y mejoró la movilidad de los ratones, sino que también alargó su esperanza de vida. La pérdida progresiva de esta especie bacteriana es una de las características de la ELA.

Pero ¿cómo modulan la progresión de la enfermedad estos microorganismos? La respuesta tiene nombre de vitamina. En concreto, nicotinamida, una forma de la vitamina B3. Los científicos postulan que Akkermansia muciniphila secretaría esta molécula que transportada por el flujo sanguíneo alcanzaría el cerebro. Allí, favorecería la supervivencia de las neuronas motoras, así como su función.

Los investigadores obtuvieron resultados parecidos después de examinar un pequeño grupo formado por 37 pacientes con ELA, pues los voluntarios presentaban alteraciones del microbioma, junto con niveles reducidos de nicotinamida en sangre. De forma interesante, los autores descubrieron que a menor concentración de nicotinamida, mayor atrofia muscular.

En conclusión, Elinav y sus colaboradores destacan que el hallazgo supone un primer paso para comprender la relación entre las bacterias intestinales y la ELA, que en un futuro podría ayudar en la lucha contra la enfermedad.

Marta Pulido Salgado

Referencia: «Potential roles of gut microbiome and metabolites in modulating ALS in mice», de E. Blacher et al., en Nature, publicado el 22 de julio de 2019.

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