8 de Marzo de 2022
Exploración espacial

La misión ExoMars podría aplazarse por la guerra de Ucrania

Es probable que el lanzamiento del primer vehículo explorador de la ESA a Marte, un proyecto conjunto ruso-europeo, deba posponerse por tercera vez como consecuencia de las sanciones a Rusia.

Recreación artística del vehículo explorador Rosalind Franklin en la superficie de Marte. El róver debía lanzarse este año como parte de la misión ExoMars, una colaboración ruso-europea que se ha visto comprometida tras la invasión de Ucrania. [ESA]

El futuro de un programa de 1300 millones de euros para explorar Marte ha quedado en el aire debido a la invasión rusa de Ucrania. La Agencia Espacial Europea (ESA) ha manifestado que ahora es «muy improbable» que el  lanzamiento de su vehículo explorador se produzca este año.

El plan para enviar un róver a Marte es la segunda parte de ExoMars, una misión conjunta entre la ESA y la agencia espacial rusa Roscosmos. Estaba previsto que el vehículo explorador despegara en septiembre a bordo de un cohete ruso desde Baikonur, en Kazajistán.

Tras una reunión de los Estados miembros de la ESA, la organización declaró el 28 de febrero que las sanciones económicas impuestas por las naciones occidentales a Rusia y el contexto general de la guerra hacen que las probabilidades de lanzar la misión este año sean remotas. El director general de la ESA, Josef Aschbacher, analizará ahora posibles alternativas.

El objetivo de ExoMars es transportar a Marte el que sería el primer vehículo explorador de Rusia y Europa en el planeta rojo. Bautizado como Rosalind Franklin, el vehículo posee un taladro diseñado para detectar cualquier señal de vida orgánica enterrada a gran profundidad. Esta será la tercera vez que se pospone el lanzamiento de la misión desde 2018, la fecha inicialmente prevista. Y cada nuevo retraso conlleva más costes.

Un retraso doloroso

En su declaración para anunciar el probable retraso, la ESA manifestó que deploraba «las bajas humanas y las trágicas consecuencias de la guerra en Ucrania», y que sus decisiones tienen en cuenta no solo a sus trabajadores, sino también los valores europeos.

No llevar el vehículo explorador ExoMars al espacio en un cohete ruso «es la decisión correcta, moralmente», valora Paul Byrne, planetólogo de la Universidad de Washington en San Luis ajeno a la misión. Pero para la comunidad científica, la demora será «dolorosa», admite. Y añade que la próxima ventana de lanzamiento no llegará hasta noviembre de 2024. «Supone una larga espera para los científicos que han trabajado en esta misión durante casi una década.» Los investigadores que están iniciando su carrera y contaban con los datos de la misión se verán especialmente afectados.

A fin de proseguir la misión, los científicos podrían tener que adaptar el vehículo explorador para que vuele en otro cohete. Si surgen dificultades, «entonces quizás haya que cancelar el proyecto», agrega Byrne. «Una cancelación supondría un duro golpe para el programa de exploración planetaria de la ESA, que por lo demás está realizando hallazgos increíbles acerca de nuestro sistema solar.»

«Si no se lanza este año, no se lanzará nunca», sentencia Lev Zelenyi, asesor científico y expresidente del Instituto de Investigación Espacial de la Academia Rusa de Ciencias en Moscú, y miembro de la misión. Zelenyi asegura entender las motivaciones de la ESA, pero cree que es una decisión equivocada. «Todo el esfuerzo de los científicos, ingenieros y técnicos de muchos países europeos, sin siquiera hablar de los rusos, habrá sido en vano.»

A la ESA no le resultaría fácil apartar a Rusia por completo del proyecto. En teoría Europa ha fabricado el vehículo explorador, y Rusia, el módulo de descenso y la plataforma de aterrizaje, pero en realidad «no hay una línea divisoria clara» entre las responsabilidades de los dos equipos, según declaró en 2016 a Nature Jorge Vago, científico del proyecto de la ESA.

«ExoMars 2022 es de una complejidad sin precedentes en cuanto a interfaces», apunta Oleg Korablev, miembro de la colaboración ExoMars en el Instituto de Investigación Espacial. Y cree que adaptar la nave para utilizar un sistema de aterrizaje de la NASA llevaría más de dos años.

La ESA y Roscosmos ya colaboran en el Orbitador para el Estudio de Gases Traza (TGO, por sus siglas en inglés), la primera parte de la misión ExoMars, que alcanzó la órbita marciana en 2016. El TGO está diseñado no solo para estudiar la atmósfera de Marte, sino también para actuar como estación repetidora para las transmisiones del vehículo explorador. Un portavoz de la ESA no supo precisar cómo afectaría la situación a las operaciones del TGO.

Colaboraciones afectadas

La guerra en Ucrania y las sanciones contra Rusia ya han trastocado otras colaboraciones espaciales. El 26 de febrero, Roscosmos retiró a su personal del principal puerto espacial de la ESA en Kourou, en la Guayana Francesa.  Eso supuso el cese de las operaciones con los cohetes rusos Soyuz, que la ESA utiliza para lanzamientos de tamaño medio, incluidos los satélites de su sistema de navegación Galileo. La ESA evaluará si es posible lanzar las próximas cargas útiles en otros cohetes, como los Vega-C o los Ariane 6, que deberían realizar su primer vuelo este año.

Las sanciones también podrían tener consecuencias para las próximas misiones lunares de Roscosmos. La ESA pensaba contribuir con una cámara de aterrizaje a la misión Luna 25, cuyo lanzamiento está previsto para julio, y con un sistema de navegación, un taladro y un minilaboratorio a la misión Luna 27, diseñada para estudiar la composición del suelo cerca del polo sur lunar. Un portavoz de la ESA declinó comentar cómo podría influir el conflicto en estos planes.

A medida que los países continúan cancelando acuerdos de investigación con Rusia, podría producirse una división en la exploración espacial entre las naciones occidentales, por un lado, y la colaboración China-Rusia, por el otro. En una intervención subida a YouTube el 26 de febrero, el director general de Roscosmos, Dmitry Rogozin, anunció que, vistas las sanciones, Rusia comprará a China cualquier componente microelectrónico que necesite para sus naves espaciales.

Los dos países tienen previsto colaborar en una serie de proyectos futuros, incluida la construcción de una base humana en la Luna, según el plan quinquenal de China para el espacio.

Roscosmos ha anunciado «un visto bueno general» a las colaboraciones con China, comenta Korablev, y los científicos del instituto ya están trabajando en un instrumento para una misión china a un asteroide. «Aun así, la cooperación científica tarda años o decenas de años en establecerse», concluye, y los efectos del conflicto y de las sanciones han sido «enormes».

Elizabeth Gibney/Nature News

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Nature Research Group.

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