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5 de Junio de 2015
aeronáutica

La NASA ensaya un disco inflable para llegar a Marte

El nuevo módulo de aterrizaje podría llevar vehículos más pesados que los actuales al planeta rojo.

Recreación artística del módulo de aterrizaje Desacelerador Supersónico de Baja Densidad (LDSD). [NASA / JPL-CALTECH]

El aterrizaje constituye la fase más complicada de cualquier viaje espacial a Marte. Su atmósfera es demasiado delgada para que unos paracaídas puedan desplegarse y contrarrestar por sí solos el peso de una nave en movimiento a velocidades extremas. Por otro lado, una maniobra de este tipo realizada únicamente a través de «cohetes retrógrados» requiere más combustible que cualquier otra misión al planeta rojo prevista para el futuro.

Hoy en día, la NASA utiliza ambas técnicas. Por ejemplo, el vehículo de exploración marciana Curiosity ha utilizado un paracaídas desarrollado en los años setenta durante su aterrizaje en 2012. Sin embargo, el empleo de este método limita el peso de las sondas a un máximo de 1,5 toneladas. Por encima de este valor, cualquier vehículo dará lugar a otro cráter en la superficie de Marte. Por esta razón, se precisa de un nuevo enfoque para las futuras misiones robóticas, más pesadas, o incluso para las humanas.

Este mes de junio, la agencia espacial planea ensayar un nuevo concepto de módulo de aterrizaje, el Desacelerador Supersónico de Baja Densidad (LDSD, por sus siglas en inglés), el cual podría depositar en terreno marciano el doble de peso que las misiones actuales. El LDSD consta de un disco inflable del polímero poliparafenileno tereftalamida, conocido por su nombre comercial de kevlar, de seis metros de diámetro y un paracaídas con una apertura de treinta metros — el más grande jamás desplegado — capaz de frenar cuerpos que se desplazan a velocidades supersónicas. (Otro disco con diámetro de ocho metros, pensado para los aterrizajes de las misiones tripuladas, está en fase de desarrollo.) El «platillo volante» inflable y el paracaídas gigante podrían llevar al planeta rojo cargas de gran volumen, sin necesidad de cantidades excesivas de combustible o de escudos protectores muy pesados para evitar la combustión de la sonda durante la entrada en la atmósfera marciana.

La NASA realizará las pruebas con el LDSD en la estratosfera terrestre, una capa atmosférica que representa un sustituto válido de la delgada atmósfera de Marte. En primer lugar, un globo con el tamaño de un estadio de fútbol americano izará el módulo de aterrizaje hasta los 37 kilómetros de altura por encima del Océano Pacífico, cerca de Hawái. Posteriormente, el LDSD se separará de la aeronave y encenderá los cohetes para alcanzar una altura de 55 kilómetros. Allí, a una velocidad de casi cuatro veces la del sonido, inflará el disco, lo que también frenará el movimiento del vehículo. Esta maniobra permitirá el despliegue del paracaídas y, al tiempo, representará un instante crítico, puesto que, en una demostración de vuelo realizada a principios del año 2014, las fuerzas aerodinámicas en juego durante dicho proceso despedazaron el paracaídas.

Si todo va bien, unas tres horas después del lanzamiento, el platillo volante se estallará en el Pacífico, con lo que despejará el camino para futuras misiones de mayor complejidad destinadas a Marte y a otros lugares del sistema solar. Según Ian Clark, responsable del LDSD en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, incluso si surgieran contratiempos, «preferimos aprender de estos ensayos aquí más que en Marte».

Fuente: Lee Billings / Scientific American

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