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25 de Noviembre de 2020
Astrobiología

La posibilidad de que haya vida en Venus se debilita, pero no desaparece todavía

Sigue el debate sobre un polémico estudio que detectó fosfano en la atmósfera del planeta. El reanálisis realizado por los autores sigue detectando una señal, pero más débil.

Los volcanes de Venus no pueden explicar por sí solos el fosfano que un equipo de investigadores sostiene que hay en la atmósfera del planeta. Ni siquiera tras una nueva evaluación que rebaja la concentración del gas estimada en el primer análisis. [NASA/JPL-Caltech/ESA].

Los indicios de que hay gas fosfano en la atmósfera de Venus se han debilitado, pero aún siguen ahí, según un nuevo análisis de los datos.

En septiembre, un equipo internacional de astrónomos llegó a los titulares de la prensa al comunicar que había encontrado fosfano, posible marcador de la existencia de vida en la atmósfera del planeta. Enseguida aparecieron estudios que ponían en duda las observaciones y las conclusiones. Ahora, el mismo equipo ha reanalizado parte de sus datos; ya que había, dice, un error de procesamiento en el conjunto original de datos. Los resultados confirman la señal del fosfano, pero los autores afirman que es más débil de lo que dedujeron antes.

El trabajo es un paso importante hacia la resolución del debate sobre Venus más apasionante desde hace muchos años. «He esperado esto toda mi vida», dice Sanjay Limaye, científico planetario de la Universidad de Wisconsin-Madison, quien sostiene que el debate ha dado nuevo vigor a ese campo.

El reanálisis, basado en las observaciones radiotelescópicas de la Gran Red Milimétrica/submilimétrica de Atacama (ALMA), en Chile, llega a la conclusión de que los niveles medios de fosfano en Venus son de alrededor de una parte en mil millones, aproximadamente un séptimo del cálculo anterior. Al contrario que en su informe original, dicen ahora de su descubrimiento de fosfano en Venus que es tentativo.

Es la primera respuesta en público de los investigadores a las críticas que les han dirigido en los últimos dos meses. «El proceso científico está actuando», dice Bob Grimm, científico planetario del Instituto de Investigación del Sudoeste, en Colorado, que no ha participado en ninguno de los estudios sobre el fosfano. Los investigadores tienden a responder a las grandes aseveraciones con grandes esfuerzos por reunir pruebas con las que confirmarlas o refutarlas.

Otro vistazo

En su artículo de septiembre, el equipo usó para su descubrimiento datos de ALMA y del Telescopio James Clerk Maxwell (JCMT), en Hawái. La directora del equipo, Jane Greaves, astrónoma de la Universidad de Cardiff, en Gales, Reino Unido, dice que ella y sus colaboradores rehicieron el trabajo porque supieron que los datos originales de ALMA contenían una señal espuria que podía afectar al resultado. ALMA subió los datos correctos el 16 de noviembre; Greaves y sus colaboradores efectuaron un nuevo análisis esa noche y lo subieron, antes de la revisión por pares, al servidor de prepublicaciones arxiv.org. «Hemos trabajado como locos», dijo en una reunión del Grupo de Análisis de la Exploración de Venus, un foro comunitario de la NASA, el 17 de noviembre.

Según Greaves y sus colaboradores, los datos de ALMA muestran la firma espectral del fosfano, molécula compuesta por un átomo de fósforo y tres de hidrógeno. Dicen que ningún otro compuesto puede explicar los datos. Hallar fosfano en Venus sería fascinante: los microbios producen ese gas en la Tierra. Si la señal es auténtica y se debe realmente al fosfano, sería posible que microbios que viviesen y fuesen a la deriva por las nubes del planeta estuviesen produciendo el gas, pero también lo sería que hubiera una fuente no viva que los científicos no conozcan todavía. Antes de que se pueda determinar qué es lo cierto, primero hay que confirmar la presencia del fosfano.

En una crítica del trabajo original unos investigadores advertían de que la señal de la que se decía que era del fosfano podía en realidad proceder del dióxido de azufre, gas común en las nubes de Venus, pero que allí no está producido por la vida. Greaves y su equipo replican en su último artículo que no puede ser así, habida cuenta de cómo aparece la huella del fosfano en los datos del segundo telescopio que usaron, el JCMT. Otras críticas se han centrado en las dificultades de extraer una señal del fosfano en datos complicados.

Según el reanálisis, la concentración de fosfano en la atmósfera de Venus alcanza ocasionalmente un máximo de cinco partes en mil millones. Significa que los niveles del gas podrían ir y venir con el tiempo en distintos lugares del planeta, dice Greaves: una situación parecida a la de las puntas de metano que aparecen en Marte.

Un nuevo tipo de indicio ha venido en ayuda de la idea de que hay fosfano en Venus. Motivado por el trabajo original de Greaves, un equipo encabezado por Rakesh Mogul, bioquímico de la Universidad Politécnica del Estado de California en Pomona, buceó en los viejos datos de la misión Pioneer a Venus de la NASA, unos datos de 1978. Aquella nave dejó caer una sonda que midió en su descenso la química de las nubes de la atmósfera del planeta. Detectó una señal de fósforo que pudo deberse al fosfano o a otro compuesto de fósforo. Pero «creemos que el gas más simple que concuerda con los datos es el fosfano», dijo Mogul en la reunión del 17 de noviembre.

Trabajo todavía por hacer

De dónde viene el fosfano sigue siendo un misterio. Incluso a un nivel de una parte en mil millones, habría demasiado para que lo explicasen las erupciones volcánicas de la superficie del planeta o los rayos de su atmósfera, afirmaron varios científicos en la reunión. Pero los procesos geológicos podrían crear compuestos de fósforo que luego, al ascender por las nubes, se transformarían en otras sustancias químicas, por ejemplo en el fosfano, explica Mogul.

La única nave espacial que está en órbita alrededor de Venus en estos momentos, la japonesa Akatsuki, no lleva instrumentos que puedan zanjar el debate. La Organización de Investigación Espacial India planea una misión que se lanzaría hacia Venus en 2025 y podría equiparse con instrumentos que buscasen el fosfano. Mientras, Greaves y otros investigadores solicitan más tiempo en telescopios terrestres, incluido el ALMA.

Se investigan otros muchos aspectos de Venus, dice David Grinspoon, astrobiólogo del Instituto de Ciencia Planetaria, en Washington, D.C. «Hay mil y una razones para volver a Venus, y si el fosfano "se esfumase" tras nuevas observaciones y análisis, seguiría habiendo mil razones para ir allá».

Alexandra Witze / Nature News

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Nature Research Group.

Referencia: «Re-analysis of Phosphine in Venus' Clouds», de  Jane S. Greaves et al., en arXiv: 2011.08176 [astro-ph.EP]. 

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