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14 de Abril de 2021
Egiptología

La recién descubierta «ciudad áurea» del antiguo Egipto quizá no fuese una ciudad

Los arqueólogos han desenterrado recientemente unas vastas ruinas de apariencia urbana en el oeste de la Tebas egipcia. Pero un experto tiene sus dudas: ¿fue realmente una ciudad?

¿Ciudad o una parte de un complejo palaciego? [Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto].

Zahi Hawass, exsecretario general del organismo conocido entonces como Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto y ministro durante un breve tiempo de Antigüedades, anunciaba hace poco un hallazgo fascinante, sensacional: en la orilla oeste del Nilo, enfrente de Luxor (la antigua Tebas), en el vestíbulo del Valle de los Reyes, habían dado con los bien conservados restos de una ciudad de los tiempos de Amenhotep (o Amenofis) III, que reinó durante la decimoctava dinastía, entre 1390 y 1353 antes de Cristo. Aún más célebre que este importante faraón es su hijo Ajenatón, que cambió radicalmente la religión del Estado y erigió como deidad suprema (o única) al disco solar, Atón, en vez de Amón. El comunicado de prensa del Ministerio de Turismo y Antigüedades llamaba «ciudad áurea perdida» a lo que Hawass en parte ha desenterrado. Se trataría de la mayor ciudad del antiguo Egipto excavada hasta la fecha, según el comunicado. Sin embargo, no a todos los expertos les parece convincente eso de que se ha desenterrado una ciudad olvidada. Aquel ámbito de hace unos 3400 años podría ser más bien un complejo de mantenimiento anejo al vasto recinto palacial de Amenhotep III.

Los faraones de las dinastías 18, 19 y 20 construyeron sus templos funerarios en la orilla oeste del Nilo, entre el desierto y la franja fértil. En esos edificios, los sacerdotes ofrecían sacrificios por los faraones muertos, cuyos cadáveres momificados reposaban más atrás, en el Valle de los Reyes. Desde hace algún tiempo Zahi Hawass excava en la orilla oeste, ante Luxor; busca, por ejemplo, el templo funerario de Tutankhamón. Pero lo que él y su equipo encontraron fueron calles y muros de tres metros de alto.

El yacimiento se sitúa entre el templo funerario de Amenhotep III y el de Rameses (o Ramsés) III, reinante entre el 1188 y el 1156 antes de Cristo, de la dinastía 20, en Medinet Habu. Del templo de Amenhotep solo subsisten hoy los colosos de Memnón, dos estatuas sedentes del faraón en la que fuera entrada de ese gran recinto de 385.000 metros cuadrados.

El faraón Amenhotep lo erigió

Junto a vasijas de arcilla pintadas, anillos y escarabeos, el equipo de Hawass descubrió instrumentos para la fabricación de tejidos, residuos del trabajo con metales y vidrio, y un recipiente para unos diez kilos de carne. Según Hawass, se diferencian varios ámbitos funcionales: una tahona y una gran cocina con fogones y vasijas de almacenamiento, talleres y un barrio administrativo y residencial rodeado por una muralla zigzagueante en la que solo hay una puerta. Parece que se quería controlar a quienes entraban o salían de allí.

En la tapa (<em>a la izquierda</em>) de una vasija de vino se inscribió con un sello lo siguiente, según Christian E. Loeben, del Museo August Kestner de Hannover: «Vino de (los viñedos de) Tjechen-Aton (el Deslumbrante Atón)». Esta denominación se refería tanto al faraón Amenhotep III como a su palacio de Malqata [Ministerio de Turismo y Antigüedades].

Que fue el faraón Amenhotep III quien ordenó construir el conjunto se sabe por numerosos objetos encontrados allí: sellos de arcilla o adobes que llevan inscrito el cartucho del faraón, es decir, su nombre personal o el llamado nombre de trono con un enmarcado oblongo, recto por los lados y redondeado por arriba y por abajo.

¿Fue una ciudad o un complejo para el mantenimiento del palacio?

El descubrimiento de Hawass es excepcional, opina la egiptóloga estadounidense Betsy Bryan, de la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore; el comunicado de prensa cita estas palabras suyas: «el descubrimiento de la ciudad olvidada es el segundo descubrimiento arqueológico más importante desde el de la tumba de Tutankhamón». Pero no todos los expertos están seguros de que las dependencias desenterradas fuesen parte de una ciudad propiamente dicha. La especialidad de Christian E. Loeben, del Museo August Kestner de Hannover, y de la Universidad de Gotinga, es precisamente el período de Amenhotep III, Ajenatón, Tutankhamón y los sucesores de este, Ay y Horemheb. «No creo que fuese una ciudad, sino un complejo de edificios anejo al palacio de Amenhotep III», dice.

El palacio, que como su fundador llevó por un tiempo el nombre de Tjechen-Aton (el Deslumbrante Atón), se extendía desde Malqata, donde salieron a luz los restos de ese gigantesco complejo, hasta el templo funerario con los colosos de Memnón, pasando por Medinet Habu. Loeben sitúa el yacimiento actual directamente junto al palacio real.

«Para gestionar un palacio tan grande hacían falta talleres, cocinas, tahonas; es decir, unidades de trabajo», dice Loeben. Serían precisamente algunas de esas unidades lo que Hawass habría desenterrado ahora. «Si es así, ya no sorprenderá que se haya encontrado un recipiente para diez kilos de carne». En las dependencias se producirían comida, artefactos y joyas para el palacio. También adquiere sentido entonces un acceso vigilado: para controlar el suministro y reparto de las mercancías.

Bienes para el «Deslumbrante Atón»

A los egiptólogos les sorprendería que hubiese habido una localidad en esa zona al oeste de Tebas: allí había más que nada templos funerarios y tumbas. Además, Tebas, la antigua ciudad residencial, ya está bien documentada en la orilla este, entre los templos de Karnak, dedicado a Amón, y Luxor.

Esqueleto de una res. Las excavaciones encontraron los restos no embalsamados de una res [Ministerio de Turismo y Antigüedades].

Un hallazgo respalda con especial fuerza la tesis de Loeben: la impresión de un sello en barro del Nilo que da el nombre del palacio y del monarca, Tjechen-Aton. «El sello deja claro que nos encontramos en el palacio de Amenhotep III». También dos esqueletos de res, de los que los arqueólogos hn dicho que eran «un enterramiento inusual» para una sala, no resultarían extraños, según Loeben, en unas dependencias con determinadas finalidades productivas o en la zona de las cocinas. Se conocen momias de toros enterradas en amplias catacumbas del norte de Egipto. Los huesos de la «ciudad áurea», sin embargo, no son de animales embalsamados. Lo que sería raro en una tumba sería completamente normal en un matadero.

La denominación «ciudad áurea» no aparece en ninguno de los testimonios escritos recién descubiertos. Cabe suponer que se trata de darle un prestigio singular a lo hallado, dentro de un empeño por presentar a Egipto como un destino turístico atractivo. Desde hace años, los arqueólogos comunican con regularidad descubrimientos y se construyen nuevos museos por todo el país: el mayor, el gigantesco Gran Museo Egipcio, se inaugurará pronto en Guiza. Y en este mismo mes de abril de 2021 se han trasladado momias de las dinastías entre la 17 y la 20 a nuevo museo mediante una pomposa procesión nocturna.

Karin Schlott

Más información en los sitios en Facebook del Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto y de Zahi Hawass.

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