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26 de Agosto de 2020
Astrofísica

La Tierra, en una nube

¡Quién lo diría mirando el firmamento! Nuestro sistema solar vuela a través de un campo de nubes interestelar. Un vídeo muestra la belleza de estructuras así e informa sobre su naturaleza.

Aunque no nos parezca que nos rodean polícromas nebulosas, como la NGC 6357, parte de la cual se ve en esta imagen, en realidad estamos atravesando una nube interstelar [ESO].

Las imágenes de las nebulosas interestelares están entre las más fascinantes y estéticas que ofrece la astronomía. Entre ellas lo mismo las hay de gigantescas nubes de polvo y moléculas iluminadas por estrellas jóvenes y brillantes como de restos gaseosos, maravillosamente simétricos, coloreados de la manera más artística, expelidos por viejas estrellas moribundas. En comparación con ese esplendor cromático nuestro cielo nocturno parece muy sobrio. La Tierra tiene una luna, pero sobre ella no se dejan ver luminosas nubecillas de múltiples colores.

Sin embargo, la Tierra vuela a través de una nebulosa; más en concreto, de la llamada nube interestelar local, o «copo local». No la vemos, en primer lugar, porque no tiene la suficiente densidad, y en segundo, porque se extiende a través del cielo entero. Si la observásemos desde muy lejos, la distinguiríamos, resaltando del entorno. Los variados colores de las imágenes astronómicas confunden un poco, como es natural. No responden a lo que un observador humano vería. Se trata de imágenes que combinan tomas en distintas longitudes de onda (que a menudo están mucho más allá de la sensibilidad humana) y consisten en representaciones en falso color.

El sistema solar, en la nube interestelar local, a su vez dentro de un sistema de más nubes [NASA/Goddard/Adler/U. Chicago/Wesleyan].

Desde hace unos cien mil años, nuestro sistema solar atraviesa la nube interestelar local, y durante los próximos quince mil, más o menos, seguirá haciéndolo. Es una estructura de unos 30 años luz de tamaño formada por un gas muy enrarecido: su densidad de partículas es de 0,3 átomos por centímetro cúbico. Esta densidad de partículas parece sumamente reducida según los parámetros terrestres. Pero la burbuja local, una región con muy poca materia interestelar que rodea el copo interestelar local, es mucho menos densa aún, con 0,001 por centímetro cúbico. También hay una extrema diferencia de temperatura: en la nube interestelar local es de 6000 grados, mientras que las partículas de la burbuja local están alrededor de un millón de grados.

Una galería de imágenes de nebulosas acompañada de una lección sobre ellas y sobre la nube interestelar local [Astrum].

Que nuestro sistema solar atraviesa oblicuamente la nube de gas que lo rodea nos lo hacen saber las partículas neutras. Con temperaturas de unos miles de grados, la mayoría de las partículas están ionizadas y, por lo tanto, cargadas eléctricamente. La onda de choque de terminación, donde el viento solar y el medio interestelar se encuentran, apartan los iones calientes del medio interestelar hacia los lados, como la ola de proa de un barco. Las partículas frías  y neutras apenas sienten esas fuerzas y surcan el sistema solar. Esto se comprueba gracias a sondas espaciales que vuelan por nuestro sistema. De esta forma se han comprobado en los últimos cuarenta años incluso cambios de dirección, que inician la turbulencia de la nube interestelar local.

Dirk Eidemüller

Más información en arXiv:0804.0161 [astro-ph].

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