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9 de Marzo de 2020
Astronáutica

La Voyager, incomunicada

La NASA está de obras: la antena de 70 metros de la Red del Espacio Profundo va a estar fuera de servicio once meses para que la remocen. Durante ese tiempo, la sonda Voyager 2 tendrá que proseguir su viaje a solas.

La antena DSS43, una pieza clave de la NASA para la exploración interplanetaria, va a ser remozada [NASA/CANBERRA DEEP SPACE COMMUNICATION COMPLEX].

El camino hacia el futuro está sembrado de obras. Ni siquiera la NASA se libra de colgar un letrero que diga «cerrado por reformas» en alguno de sus telescopios. Desde primeros de marzo, una pieza principal de la Red del Espacio Profundo (la DSN, por sus siglas en inglés) deja de estar operativa temporalmente. Durante once meses se va a proceder a importantes trabajos de mantenimiento en la antena de 70 metros de diámetro de Canberra, la parabólica que se comunica con casi todas las naves espaciales que se alejan más allá de la Luna. Para esas más de treinta misiones no es un problema, casi sin excepción, ya que pueden utilizar las antenas de la DSN de Estados Unidos o de España en vez de la australiana. Pero para ello la misión ha de ser visible desde el hemisferio norte. Solo hay una sonda que incumpla este criterio: la Voyager 2, que en noviembre de 2018 abandonó la zona de influencia del Sol y ahora atraviesa las inmensidades del espacio.

Para recibir sus datos, la NASA puede echar mano de tres antenas vecinas de la de Canberra, aunque más pequeñas; así pues los resultados de su investigación del espacio interestelar están garantizados. Sin embargo, para que sea la NASA la que se comunique con la nave se necesita un transmisor especial, y solo lo tiene la antena de 70 metros, la DSS43. Para darse cuenta de la importancia que tiene esto, basta con echar la vista unas semanas atrás: en enero, por culpa de un error del sistema, la Voyager 2 apagó imprevistamente sus instrumentos de medida. Tras unos días de angustia, se logró recuperar la sonda enviándole un paquete de datos con instrucciones para la reparación. El sistema volvió a funcionar bien, todo un logro para el control de la misión que no se podrá repetir en los once meses que vienen. En ellos, la Voyager 2 estará abandonada a su suerte, a la protección contra fallos que lleva incorporada (que causó precisamente el apagado anterior). No se trata solo de emergencias, sino de asuntos del día a día que han de funcionar automáticamente, como el mantenimiento de la temperatura o el cambio de dirección de las antenas emisoras. La NASA lleva preparando la interrupción del contacto desde hace meses. La sonda va a pasarse los once meses en un estado de reposo, en el que se apagarán los sistemas prescindibles para evitar motivos de fallos. Pero si pese a todo sucede algo, los investigadores no podrán hacer nada.

La NASA no ha tenido más remedio que correr esos riesgos residuales: 48 años son una respetable edad para una antena de radio, que trae consigo una probabilidad de fallo más alta. Una avería súbita puede acabar mal, no solo para la Voyager 2, sino sobre todo para las misiones a la Luna o Marte que hay planeadas. Los vuelos del proyecto Artemisa, que se supone que llevarán de nuevo personas a la Luna a partir de 2024, estarían guiados por la DSN. Con las nuevas antenas de esta, los investigadores creen que darán un paso adelante: la radioparabólica de 34 metros de California tendrá también un espejo óptico que podrá recibir haces de láser. Esta técnica permite un ritmo de recepción de datos diez veces mayor que con señales de radio solo, lo cual es esencial para una eventual base humana en Marte, que tendrìa necesidades comunicativas muchas veces mayores que las de un simple vehículo, un simple rover. Pero estas misiones son solo música del futuro; las nuevas antenas seguirán siendo también, por un tiempo y desde que se puso la primera piedra el 11 de febrero, solo una obra.

Lara Hartung

Referencia: «NASA's Deep Space Antenna Upgrades to Affect Voyager Communications», en la página del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA.

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