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2 de Noviembre de 2017
CANCER

Las bacterias intestinales podrían aumentar la toxicidad de la quimioterapia

Las diferencias en las poblaciones microbianas en el intestino pueden explicar por qué algunos pacientes sufren graves efectos secundarios después de administrarles un fármaco utilizado para tratar el cáncer colorrectal.

El microbioma del tracto digestivo podría ser clave para predecir los efectos secundarios indeseados de un fármaco anticancerígeno. En la imagen, Escherichia coli, uno de los muchos tipos de bacterias presentes en el intestino humano. [Wikimedia Commons]

Un estudio reciente, publicado en la revista npj Biofilms and Microbiomes, relaciona la composición de las poblaciones microbianas intestinales con la reacción adversa a un medicamento anticancerígeno. Esta investigación realizada por científicos del Colegio de Medicina Albert Einstein, de Nueva York, podría ayudar a predecir qué pacientes sufrirán efectos secundarios y prevenir posibles complicaciones.

El irinotecan es uno de los tres fármacos anticancerígenos más usados para tratar el cáncer de colon cuando este se ha extendido a otros órganos. Este medicamento, en su forma inactiva, se administra por vía intravenosa. En el hígado, varias enzimas metabolizan y activan este compuesto, convirtiéndolo así en tóxico para las células cancerígenas. Posteriormente, otras enzimas hepáticas revierten el proceso de activación y el fármaco se elimina por vía intestinal. Sin embargo, las bacterias del tracto digestivo pueden usar el irinotecan residual como fuente de alimento, activándolo nuevamente. En el 40% de los pacientes, esta acción provoca una diarrea aguda que requiere hospitalización, ya que puede resultar mortal. Los investigadores identificaron un tipo de enzimas, las beta-glucuronidasas, como las responsables de la reactivación del fármaco.

Mediante el análisis de muestras fecales de 20 personas sanas se obtuvo la relación entre los diferentes tipos de bacterias intestinales, su abundancia y la actividad de enzimas beta-glucuronidasas. Así, cuatro de los microbiomas estudiados metabolizaron la mayor parte del irinotecan inactivo administrado. En cambio, la capacidad metabólica de los dieciséis restantes fue notablemente menor. Además, los científicos detectaron mayor concentración de beta-glucuronidasas en las cuatro muestras más activas. Estos resultados parecen confirmar la hipótesis: mayor actividad metabólica de las beta-glucoronidasas, mayor riesgo de padecer reacciones adversas. Por consiguiente, establecer qué tipo de metabolismo, alto o bajo, presentan los pacientes con cáncer colorrectal podría ayudar a reducir los efectos secundarios del tratamiento.

Para los médicos, la toxicidad del irinotecan no es una novedad y en los últimos años los pacientes han recibido antibióticos orales con el objetivo de atenuarla. Sin embargo, la eliminación indiscriminada de las bacterias intestinales disminuye la capacidad de reacción del sistema inmunitario frente a infecciones. Como conclusión a su trabajo, los investigadores sugieren la inhibición de la actividad de las beta-glucuronidasas como estrategia terapéutica. Modificar la población microbiana antes de administrar el medicamento podría ser otra opción. Otra alternativa es la administración de prebióticos, ya que las beta-glucuronidasas metabolizan los carbohidratos presentes en el irinotecan inactivo. Así pues, proporcionar otra fuente de hidratos de carbono podría evitar que las enzimas reactivaran el fármaco.

Marta Pulido Salgado

Referencia: «Human microbiome signatures of differential colorectal cancer drug metabolism», de Leah Guthrie et al., en npj Biofilms and Microbiomes, edición anticipada en internet 1 de noviembre de 2017.

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