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11 de Diciembre de 2019
Sismología

Las grandes fallas de California, ¿están ligadas sísmicamente?

Según un polémico análisis de unos testigos del suelo marino, los terremotos que la falla de Cascadia genera frente a la costa de California podrían desencadenar temblores en la de San Andrés.   

El bosque fantasma de Neskowin, en Oregón, Estados Unidos, se formó, según una hipótesis, cuando un terremoto de la zona de subducción de Cascadia hizo que el suelo de un bosque de píceas de Sitka (una de las mayores coníferas que existen) descendiese de golpe y el barro de corrimientos de tierra o los residuos de un tsunami lo cubriesen. Unas tormentas lo descubrieron entre 1997 y 1998 [Chrahp].

Dos de las zonas sísmicas más temibles de Estados Unidos podrían estar ligadas. Un polémico estudio sostiene que al menos han sido ocho las veces en los últimos 3000 años que un movimiento sísmico golpeó doblemente la Costa Oeste de Estados Unidos: un primer terremoto afectaba a la falla de Cascadia, frente a la costa del norte de California, y desencadenaba después un segundo seísmo en la falla de San Andrés, justo al sur. En algunas ocasiones, la dilación entre un terremoto y el otro debió de ser de varias décadas.

Según el estudio, la falla de Cascadia, de la que los sismólogos piensan que podría desencadenar un terremoto de magnitud 9 en cualquier momento, podría también hacer que los hubiese en la parte septentrional de la de San Andrés, que discurre bajo la zona de la bahía de San Francisco.

Varios sismólogos le han dicho a Nature que se necesita más trabajo para confirmar esta atrevida idea. Los investigadores llevan creyendo desde hace mucho que las dos fallas son sísmicamente independientes.

Chris Goldfinger, geólogo y paleosismólogo de la Universidad del Estado de Oregón en Corvaille, presentará sus hallazgos el 13 de diciembre en un congreso de la Unión Geofísica Americana que se celebra en San Francisco. «Más que nada, se trata de pruebas circunstanciales», afirma. «No tengo una sin vuelta de hoja».

Pistas tentadoras

Goldfinger y sus colaboradores indicaron por primera vez en 2008 que los terremotos de la parte meridional de Cascadia podían desencadenar terremotos en la norte de la de San Andrés. Informaron entonces de su hallazgo de capas de sedimentos revueltos, arenosos, en testigos del fondo marino que se habían extraído mar adentro. Esas capas, que reciben el nombre de turbiditas, se suelen formar cuando un terremoto sacude el fondo del mar y causa deslizamientos submarinos de tierras. Informaron también de que habían hallado turbiditas en Cascadia que parecía que se habían formado justo antes que unas turbiditas parecidas de cerca de la falla de San Andrés: quizá un terremoto en Cascadia había desencadenado otro en San Andrés.

Pero resultaba difícil precisar con exactitud cuándo se formaron las turbiditas; Goldfinger sabía que necesitaba más indicios. «Así que eso es lo que hicimos», dice. «Fuimos a por más testigos».

Ahora dispone de los datos de siete testigos extraídos perforando en el fondo del mar en el sur de Cascadia y otros siete de cerca del norte de la falla de San Andrés. Los dos sitios están separados por unos cien kilómetros: suficientemente cerca para sentir los temblores de ambas fallas.

En ocho puntos de ambos conjuntos de testigos, Goldfinger observó turbiditas inusuales, de dos capas, y comprendió que le decían algo nuevo. «Por fin se me hacía la luz», dice. Las turbiditas de dos capas «tenían que corresponder a dos terremotos que habían quedado registrados juntos».

Sigue habiendo dudas

Tal y como Goldfinger lo ve, un terremoto en Cascadia sacudiría primero la línea de costa, donde causaría deslizamientos de tierra que aparecerían en ambos conjuntos de testigos en la forma de la primera capa de las turbiditas. Entonces, en un momento posterior, la parte norte de la falla de San Andrés se sacudiría también y haría que se formase la segunda capa de turbidita.

«Es una secuencia bastante convincente», dice Jason Patton, geólogo ingeniero del Servicio Geológico de California, en Sacramento, y coautor del artículo de 2008. «Las turbiditas de Cascadia están cubiertas por las de San Andrés, así que las de Cascadia fueron las primeras en depositarse».

Otros se reservan la opinión. Las turbiditas muestran que el suelo tembló en algún momento del pasado, pero resulta difícil decir exactamente cuándo o dónde se produjeron esos terremotos, dice Joan Gomberg, sismóloga del Servicio Geológico de Estados Unidos, en Seattle, Washington. «Con toda esta incertidumbre siguen siendo posibles muchas interpretaciones igualmente verosímiles, y muchas de ellas no son llamativas», afirma. Por ejemplo, las turbiditas podrían haber sido formadas por terremotos sin relación entre sí y que ocurrieron en cualquier lugar a lo largo del sísmicamente activo Noroeste Pacífico.

Ross Stein, sismólogo de Temblor, una empresa de Redwood City, en California, que informa sobre terremotos y la manera de protegerse de ellos, quiere ver modelos detallados que muestren cómo podría propagarse la tensión desde la falla de Cascadia hasta el norte de la de San Andrés. Los investigadores suelen coincidir en que un terremoto grande puede desencadenar a veces otro en una falla cercana mediante la transferencia de tensiones y acercando la segunda falla a una crisis. Pero no está claro si puede pasar eso entre el sur de Cascadia y el norte de San Andrés, sostiene Stein. Goldfinger dice que en el congreso solo va a «exponer la idea».

Alexandra Witze / Nature News

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Nature Research Group.

Referencia: «Possible Stratigraphic Evidence of Stress Triggering of the Northern San Andreas Fault Following Southern Cascadia Earthquakes», de Chris Goldfinger y Joel Gutierrez, ponencia del Congreso de Otoño de la AGU, 2019.

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