Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

23 de Octubre de 2018
astronomía

Las lunas, ¿pueden tener lunas?

La Luna no tiene sus propios satélites, pero las lunas de otros planetas sí podrían tenerlos. ¿Cómo habría que llamarlas?

Representación artística de Kepler 1625b-i, candidato a exoluna. No parece que ningún satélite de los planetas del sistema solar tenga a su vez satélites propios, pero no es en principio imposible que algunas lunas de los planetas de otras estrellas los tengan [NSA/ESA].

La Luna, Calisto (que gira alrededor de Júpiter) y Titán y Japeto (de Saturno) son los únicos satélites del sistema solar que, en teoría, podrían tener a su vez satélites. Pero de estos no hay la menor constancia; salvo una sorpresa astronómica mayúscula, si queremos ver lunas de lunas tendremos que mirar en planetas de otros sistemas estelares. No hay ninguna razón de principio que excluya su existencia, explican Juna Kollmeier, de los Observatorios Carnegie, en Pasadena, y Sean Raymond, de la Universidad de Burdeos, en un artículo prepublicado en arXiv.

Para que una luna pueda tener a su vez una luna (su subluna o, como se ha propuesto también llamar a un objeto así, su lunaluna) deben cumplirse unas determinadas condiciones. Un cuerpo celeste así tendrá que estar tan cerca de la luna principal que el planeta correspondiente no la atraiga, sino que, en cambio, sea a esta adonde la gravedad lo ligue, pero no tanto que acabe fragmentándose o que salga disparado de la órbita de la luna.

Al mismo tiempo, luna y subluna tendrían que unirse mediante una muy intensa fuerza de la gravedad, lo cual ha de corresponderse con unas determinadas masas. Y la distancia al planeta ha de ser la suficiente para que la subluna pueda describir su órbita sin complicaciones alrededor de la luna. En nuestro sistema solar solo cumplen esas condiciones los cuatro satélites mencionados. Los demás son demasiado pequeños o están demasiado cerca de sus planetas. Debe cumplirse además una condición adicional. La velocidad de la subluna ha de ser justo la correcta para que entrase en la zona de influencia de la luna y describiese así una órbita alrededor de la luna y no alrededor del planeta. «Podemos estar bastante seguros de que no hay una gran lunaluna alrededor de ningún satélite de Júpiter o de Saturno», le explica Michele Bannister, de la Universidad de la Reina, de Belfast, a New Scientist. Y si la Luna hubiese tenido una subluna, el lento separarse de aquella con respecto a la Tierra habría arrancado al final a la subluna de su órbita al romperse el equilibrio gravitatorio.

Los amigos de las lunalunas tendrán, pues, que poner sus esperanzas en las exolunas. En cualquier caso, ya se ha descubierto una posible exoluna, que tendría el tamaño de Neptuno. Pero, en comparación con los planetas, dar con satélites es mucho más difícil, y conforme al estado actual de la técnica parece casi imposible que se dé con una exolunaluna.

Daniel Lingenhöhl / spektrum.de

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Spektrum der Wissenschaft.

Referencia: «Can Moons Have Moons?», de Juna A. Kollmeier y Sean N. Raymond en arXiv:1810:03304 [astr-ph.EP].

Artículos relacionados

También te puede interesar

Revistas relacionadas

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.