20 de Abril de 2022
Medicina

Limitar la sal en los pacientes con insuficiencia cardíaca no salvó vidas

El mayor ensayo clínico realizado hasta la fecha muestra que una dieta baja en sal no evitó muertes ni hospitalizaciones en personas con fallo cardíaco, aunque sí mejoró la calidad de vida de forma moderada.

Foto [iStock/Andrei Berezovskii]

Las poblaciones de las sociedades occidentales consumen sal en abundancia. España no es una excepción: sus habitantes ingieren, de media, casi 10 gramos de sal a día. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda limitar el consumo del cloruro sódico a entre 2 y 5 g al día para reducir el riesgo en adultos de diversas enfermedades cardiovasculares. Gran parte del consumo excesivo de sal procede de los productos ultraprocesados, que cuentan con altas cantidades de este ingrediente para incrementar su sabor.

Más allá de la recomendación general de limitar la ingesta de sal en las personas sanas, los médicos llevan décadas aconsejando a los pacientes con insuficiencia cardíaca (la incapacidad del corazón para bombear la sangre en cantidades adecuadas) que reduzcan lo máximo posible el consumo de cloruro de sodio. La razón es sencilla: cuanto mayor es el consumo de sal, mayor es la retención de agua en el cuerpo humano, lo que aumenta el riesgo de fatiga y de hinchazón (edemas), sobre todo en las piernas. Además, esta retención de líquidos conlleva un aumento del esfuerzo del corazón.

A pesar de que aconsejar un menor consumo de sal en pacientes con fallo cardíaco tiene un claro respaldo fisiológico, el impacto real sobre la salud no era bien conocido por una limitada investigación científica de alta calidad sobre este asunto. Ahora, el mayor ensayo clínico realizado hasta la fecha aclara cuáles son los efectos de limitar la ingesta de cloruro de sodio en la dieta en los pacientes con insuficiencia cardíaca. Sus resultados se han publicado en la revista médica The Lancet.

Para el desarrollo del estudio, se reclutaron 806 pacientes en 26 centros sanitarios de seis países (Australia, Canadá, Chile, Colombia, México  y Nueva Zelanda). Estas personas eran mayores de edad, sufrían insuficiencia cardíaca crónica (pero no necesitaban estar hospitalizados) y recibían el tratamiento médico recomendado para ello. El consumo medio de sal entre ellos era de 2,2 g al día.

Tras seleccionar a los participantes al azar, la mitad de ellos siguieron recibiendo la atención médica estándar (grupo control), mientras que la otra mitad recibió, además, un asesoramiento nutricional para reducir el consumo diario de sal. El objetivo marcado era una ingesta de sal inferior a 1,5 g al día. Se registraron diferentes eventos clínicos y la calidad de vida de los pacientes al comienzo de su participación en el estudio y a los 12 meses.

El asesoramiento nutricional consistía en un menú diseñado por dietistas en el que se detallaban platos que usaban ingredientes típicos de cada región. También se animaba a cocinar en casa sin añadir sal y a evitar ingredientes ricos en esta, ya que una fuente importante de sal suele ser la comida de restaurantes y los productos ultraprocesados.

Un año después del comienzo del ensayo, había una diferencia apreciable en el consumo de sal entre ambos grupos. La ingesta media de sal en el grupo control era de 2 g, mientras que el grupo con asesoramiento consiguió reducir su consumo a una media de 1,6 g al día.

Sin embargo, los investigadores observaron que en el grupo con una ingesta reducida de sal no se producían menos muertes por cualquier causa, ni tampoco hubo una disminución de las hospitalizaciones o de las visitas a Urgencias por alguna dolencia cardiovascular, comparado con el grupo control. Tampoco se documentaron diferencias entre ambos grupos en la distancia recorrida durante una caminata de seis minutos. Lo que sí se detectó fue una mejora moderada en la calidad de vida y un alivio de varios síntomas como la fatiga o la sensación de falta de aire en el grupo con menor consumo de sal.

A pesar de que el ensayo clínico que evalúa el impacto sobre la salud de un bajo consumo de sal es de elevada calidad, cuenta con importantes limitaciones. En primer lugar, no había enmascaramiento del tratamiento recibido (asesoramiento para la reducción del consumo de sal) con respecto al grupo control. Este factor podría influir en generar un potencial efecto placebo y que los participantes con bajo consumo de sal tuvieran una visión más positiva de sus síntomas. En segundo lugar, solo se realizó un año de seguimiento a los pacientes. No puede descartarse que los beneficios para la salud de reducir la ingesta de sal aparezcan a medio o a largo plazo. Por último, la diferencia en el consumo de sal entre ambos grupos era de tan solo 0,4 g y el grupo control ya contaba de por sí con un consumo relativamente bajo, según las recomendaciones de la OMS. Esto podría ser un factor determinante para que no se observasen diferencias apreciables en los efectos sobre la salud transcurrido un año.

En cualquier caso, los investigadores continuarán con el ensayo clínico para evaluar el impacto sobre la salud de reducir el consumo de sal a los dos y cinco años. También analizarán marcadores en sangre de los pacientes para averiguar si en algunos de ellos disminuir la ingesta de cloruro de sodio lleva a beneficios claros para la salud.  

 

Esther Samper

Referencia: «Reduction of dietary sodium to less than 100 mmol in heart failure (SODIUM-HF): an international, open-label, randomised, controlled trial», Justin Ezekowitz et al. en The Lancet, vol. 399, n.º10333, págs. 1391-1400, 2 de abril de 2022.

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