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8 de Mayo de 2019
Arqueología

Lo que el ADN enseña sobre una familia asesinada en el Neolítico

Quince personas fueron asesinadas y enterradas juntas hace casi 5000 años. Salvo una, estaban emparentadas geneticamente entre sí. Sus restos nos muestran cómo estaba constituido un grupo familiar del Neolítico.

Un cráneo del Neolítico [Armin Kübelbeck].

Los arqueólogos encontraron en 2011, en una cueva cerca de Koszyce, en el sur de Polonia, los restos de quince personas que tenían lesiones craneales. Entre ellas había cuatro madres y sus hijos. Murieron de modo violento hace unos 4800 años: las mataron con golpes en la cabeza. Sin embargo, no las enterraron de cualquier forma y los restos estaban acompañados de objetos valiosos, como detallan Hannes Schroeder, de la Universidad de Copenhague, y sus colaboradores en PNAS. Gracias al análisis del ADN, han determinado que se enterró a las madres junto a sus hijos. Además, todas aquellas personas, con la excepción de una mujer de unos treinta años, estaban emparentadas genéticamente entre sí: en aquella tumba colectiva se enterró a miembros de una familia extendida neolítica asesinados de manera brutal.

Eso así, no se enterró a la familia entera. Como señala el grupo de investigadores, parece que falta una gran parte de los hombres maduros. Ocho de los individuos eran de sexo masculino, pero solo uno es el padre de uno de los niños y seis tenían menos de veinte años. Por el contrario, cinco de las siete personas de sexo femenino tenían más de treinta años y cuatro eran madres de algún otro de los individuos de la tumba. Según el equipo de Schroeder, buena parte de los hombres del grupo familiar estaba ausente en el momento de la masacre, y luego debieron de ser ellos los que enterraron a los muertos. Hace pensar que fue así la manera en que se dispusieron los cadáveres en la tumba, agrupándolos conforme a su parentesco. Los enterradores conocían bien a los muertos.

El enterramiento de Koszyce [Hannes Schroeder].El análisis, afirma el equipo, permite sacar otras conclusiones interesantes. Cuatro de los individuos eran seguramente medio hermanos: tenían el mismo padre, pero dos madres diferentes, que a su vez estaban emparentadas entre sí. Una mujer no parece tener parentesco genético alguno con nadie del grupo. Yace, sin embargo, junto a un hombre algo más joven; es probable que fuese introducida en la familia, como pareja de uno de sus miembros, procedente de otro grupo.

El grupo familiar de los asesinados no muestra indicios de una endogamia excesiva; parece que recibía a menudo nueva sangre de otros.

No está claro el motivo de la matanza, pero el momento en que se produjo llama la atención: coincide con la época en que se extendió la cultura de la cerámica cordada a expensas de la cultura de las ánforas globulares, a la que pertenecían las víctimas de la tumba de Koszyce.

Lars Fischer / Spektrum.de

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Spektrum der Wissenschaft.

Referencia: «Unraveling ancestry, kinship, and violence in a Late Neolithic mass grave», de Hannes Schroeder et al. en PNAS (6 de mayo de 2019),  

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