21 de Abril de 2021
Medicina

Los beneficios del placebo se mantienen aunque los pacientes sepan que no tiene principios activos

Un ensayo clínico muestra que no es necesario ocultar a los pacientes con intestino irritable si están tomando un placebo para que experimenten mejorías.

[iStock/AsiaVision]

 

Un placebo es toda aquella sustancia o tratamiento que no tiene efecto terapéutico por sí mismo y que, a pesar de ello y paradójicamente, puede provocar beneficios en la salud de determinados individuos, un fenómeno denominado «efecto placebo». El placebo más típico y conocido es una simple pastilla de azúcar. Sin embargo, el placebo puede presentarse en extrañas y diversas formas como tiritas, masajes o cirugías placebo.

A pesar de que el efecto placebo es un elemento omnipresente en la medicina, sobre todo en los ensayos clínicos, su investigación científica ha quedado siempre limitada a un segundo plano de poca relevancia, comparado con los tratamientos con efectos activos en el cuerpo humano. Por esta razón, las incógnitas que rodean a este peculiar fenómeno siguen siendo abundantes, más allá de los mecanismos fisiológicos implicados. Un reciente ensayo clínico, cuyos resultados se han publicado en la revista Pain, arroja más información sobre un dato clave y desconocido en muchos aspectos: ¿Pueden los pacientes seguir experimentando el efecto placebo aunque sepan que lo que están tomando no tiene absolutamente ningún efecto activo?

Durante mucho tiempo, se ha creído que un requisito necesario para que el efecto placebo pudiera darse en pacientes era que estos tuvieran expectativas positivas sobre los efectos de su tratamiento. Estas expectativas podían provocarse a través del engaño, al inducir a la persona a pensar que lo que estaba tomando era un tratamiento efectivo, o bien a través de la ocultación de datos, al no informar al individuo sobre si lo que recibe es un placebo o un tratamiento con potenciales efectos terapéuticos (en ensayos clínicos, cuando esto ocurre, se dice que el paciente está "ciego").

En 1955, el investigador especialista en efecto placebo de la Universidad de Harvard, Henry Beecher, publicó un artículo que sería referencia internacional en este campo de la ciencia: «El poderoso placebo». En dicho documento Beecher asumía que era necesario ocultar a los pacientes si estaban recibiendo placebos para que estos pudieran tener efectos clínicos. Esta premisa de Beecher sigue plenamente vigente en la medicina actual y en la realización de ensayos clínicos, pues los pacientes que participan en estos estudios suelen desconocer si lo que están tomando es un placebo o no, por el temor de que conocer su verdadera naturaleza elimine sus potenciales beneficios.

No obstante, en los últimos años han surgido investigaciones que han puesto en entredicho esta idea preconcebida: para algunos problemas de salud (migrañas, rinitis alérgica, fatiga relacionada con el cáncer, dolor de rodilla, dolor crónico lumbar...), los pacientes siguen mostrando efectos beneficiosos aunque sepan que lo que están tomando no es más que un placebo.

El reciente estudio publicado en Pain por investigadores de la Universidad de Harvard refuerza la idea de que los placebos «a cara descubierta» pueden ser tan efectivos como los placebos «ocultos». Se trata del primer ensayo clínico que compara los beneficios de ambos tipos de placebo en pacientes afectados por alguna enfermedad. Concretamente, evaluaron el papel del placebo, bajo diferentes circunstancias, y la ausencia de cualquier tratamiento sobre pacientes afectados por síndrome de intestino irritable (SII). El SII es una enfermedad crónica, de causa y mecanismos no bien conocidos, que provoca alteraciones en el intestino y dolor abdominal con relativa frecuencia.

En el ensayo clínico participaron 308 adultos, de entre 18 y 80 años, que sufrían SII moderado o grave y tuvo una duración de seis semanas. Estos pacientes se dividieron al azar en cuatro grupos: Placebo (aceite de soja) «abierto» (tanto los investigadores como los pacientes sabían que estos últimos estaban recibiendo un placebo), placebo «a doble ciego» (ni los investigadores ni los pacientes sabían qué estaban tomando los pacientes), control (sin píldoras) y aceite esencial de menta (un tratamiento de eficacia demostrada contra el SII). Los placebos se diseñaron de forma que su apariencia fuera igual a las píldoras de menta. Se examinaron a los pacientes y se realizaron encuestas sobre calidad de vida y otros factores importantes en una escala de 0 a 500 al principio y al final del ensayo.

Los médicos hablaron con todos los participantes sobre el efecto placebo, el ensayo y cuál era su objetivo. Tres eran las ideas principales que se explicaban a los voluntarios: «Sabemos que los placebos pueden producir mejoras clínicas significativas en ensayos a doble ciego», «No sabemos si los placebos funcionan cuando se dan con honestidad (placebos «abiertos»)» y «No es necesario creer que los placebos funcionarán para experimentar beneficios».

Los autores encontraron que tantos los pacientes que habían tomado placebos «abiertos» como aquellos que los habían tomado «a doble ciego» informaban de más efectos beneficiosos y significativos para su salud, en comparación con los individuos en el grupo control que no recibieron ningún tratamiento. En torno al 69 % de los participantes que recibieron placebos «abiertos» mostraron beneficios clínicamente significativos para aliviar sus síntomas. Además, no existían diferencias significativas en las mejorías detectadas entre los pacientes con placebos «abiertos» y aquellos con placebo «a doble ciego».

En otras palabras, revelar a los individuos el hecho de que estaban tomando un placebo no reducía el efecto placebo. Esto respalda la idea de que no es necesario ocultar a los pacientes la naturaleza del placebo para que resulte efectivo y se podría contemplar esta opción, de forma ética y sin engaño, como una opción de «tratamiento» para determinadas personas afectadas por el SII. Esta dolencia es causa frecuente de consulta médica y de absentismo escolar o laboral.

Los investigadores recalcan la importancia de realizar ensayos clínicos para averiguar los beneficios del placebo «abierto» para otras enfermedades, sobre todo para aquellas que causan dolor. También destacan la necesidad de realizar estudios con más participantes que caractericen con mayor rigor el grado de beneficio de esta estrategia. Dado que existen multitud de enfermedades que carecen de tratamientos efectivos, el placebo administrado con honestidad podría ser una opción a valorar para mejorar la salud y la calidad de vida de los pacientes sin que existan dilemas éticos.

 Esther Samper

Referencia: «Open-label placebo vs double-blind placebo for irritable bowel syndrome». Anthony Lembo et al. en Pain, publicado en línea, 12 de febrero de 2021.

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