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11 de Septiembre de 2020
Microplásticos

Los microplásticos, omnipresentes en los ecosistemas terrestres

Si bien la contaminación de los océanos y los medios acuáticos con partículas de plástico se conoce desde hace tiempo, nuevos estudios desvelan que también están presentes en los ecosistemas terrestres.

Los microplásticos abundan en los parques nacionales protegidos de Estados Unidos. [iStock/doble-d]

Los microplásticos –partículas de plástico de menos de 5 milímetros de diámetro– se hallan en todos los océanos, incluso en zonas tan aisladas como el océano Antártico. Los estudios llevados a cabo en los últimos quince años señalan que estos residuos contaminan todos los medios acuáticos. ¿Pero qué ocurre en los continentes? Los indicios de una situación similar se acumulan. Varios grupos han encontrado una notable presencia de microplásticos en los Pirineos o las reservas naturales del oeste de los Estados Unidos, mientras que otro equipo ha estudiado los efectos de estas partículas microscópicas sobre los ecosistemas terrestres.

En 2019, Steve y Deonie Allen, del laboratorio de ecología funcional y medioambiente de Tolosa, detectaron microplásticos en zonas remotas de los Pirineos. Otro grupo alemán observó el mismo fenómeno en los aledaños del lago de Garda, en Italia. El viento y la lluvia contribuyen a esta diseminación.

La contaminación por microplásticos parece ser un fenómeno generalizado y ni siquiera se salvan las zonas recónditas. Más recientemente, Janice Brahney, de la universidad de Utah, y sus colaboradores estudiaron los datos procedentes de once zonas protegidas y parques nacionales del oeste de los Estados Unidos (que abarcan cerca de 500 kilómetros cuadrados) a lo largo de un periodo de catorce meses. Los investigadores examinaron por separado el origen y el ciclo de vida de los residuos de plástico en condiciones de deposición húmedas (por precipitación) o secas (por el simple efecto de la gravedad o la retención de las partículas).

En el caso de los depósitos húmedos, las ciudades y las zonas pobladas cercanas parecen ser la principal fuente de los microplásticos. En cambio, los residuos plásticos depositados por efecto de la gravedad han recorrido grandes distancias, a veces transcontinentales. Con todo, resulta que la gran mayoría de los plásticos son transportados por depósitos secos. En total, los autores calculan que cerca de 1000 toneladas de plástico se acumulan cada año en la zona examinada.

Al analizar la composición de los microplásticos aislados, los investigadores constataron que las microfibras que conforman la mayoría de ellos –el 66 por ciento del plástico hallado en las muestras húmedas y el 70 por ciento de las secas– proceden, principalmente, de prendas de vestir y materiales domésticos (por ejemplo, alfombras) o de un uso industrial.

Sin embargo, esta conclusión preocupante no es tan sorprendente si tenemos en cuenta que se produjeron en el mundo 359 millones de toneladas de plástico en 2018 frente a los 245 millones de toneladas de 2008. Una tendencia que sigue al alza, impulsada por China y los Estados Unidos.

Las consecuencias sobre la salud humana de la presencia de microplásticos en el aire siguen siendo a día de hoy una incógnita, pero sabemos que, en función de su tamaño, algunos de ellos son susceptibles de acumularse en los pulmones.

Además, su acumulación en los ecosistemas puede desestabilizar a estos últimos. Matthias Rillig y Anika Lehmann, de la universidad libre de Berlín, evaluaron el impacto de los microplásticos sobre los ecosistemas terrestres recabando los resultados de numerosos estudios que aluden a los efectos conocidos y potenciales de estos residuos. A medida que los microplásticos se acumulan en los suelos, modifican sus propiedades, lo que puede influir en el escurrimiento del agua y la erosión. Al disminuir la densidad de los suelos, los microplásticos podrían favorecer el crecimiento de ciertas plantas, cuyas raíces penetrarían en profundidad con mayor facilidad. Al contrario, algunos compuestos de los microplásticos podrían ser tóxicos para otras especies vegetales. Por último, los ciclos del carbono, pero también del nitrógeno y del fósforo, podrían verse alterados por la presencia de estos residuos.

Jules Coignard 

 

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