3 de Marzo de 2021
Medicina

Los potenciales riesgos de los microplásticos para la salud humana son prácticamente desconocidos

La revista Science publica en una revisión las múltiples incógnitas que rodean a estas partículas

[iStock/solarseven]

Los microplásticos, partículas de plástico con un tamaño inferior a 5 milímetros de diámetro, están cada vez más presentes en multitud de lugares de la Tierra. Más allá de los mares y océanos, donde su concentración es cada vez mayor, se han detectado en diversos ecosistemas terrestres, incluso en aquellos remotos como parques nacionales. Los microplásticos se originan a partir de la erosión y fragmentación de plásticos de mayor tamaño, neumáticos, ropa o pintura o proceden directamente de diversos artículos como productos medicinales y de higiene (detergentes, geles, pastas de dientes...) o cosméticos. Pueden persistir en el medio ambiente durante siglos y se estima que una persona puede ingerir y respirar alrededor de 100.000 partículas de microplásticos al cabo de un año.

La presencia cada vez mayor de los microplásticos en prácticamente todo el mundo está aumentando la preocupación sobre sus potenciales riesgos para la salud humana. Sin embargo, el conocimiento sobre estos riesgos es muy reducido y faltan datos claves a la hora de valorar el peligro de estos elementos casi omnipresentes en la naturaleza.

La revista Science ha publicado recientemente una detallada revisión, realizada por los investigadores holandeses A. Dick Vethaak y Juliette Legler, sobre el conocimiento científico actual en el campo de los microplásticos y sus potenciales riesgos para la salud. Como explican los autores, los microplásticos son muy heterogéneos tanto en su tamaño, como en su forma y tipo de material; pueden ser fibras, fragmentos o esferas, estar compuestos por diferentes productos químicos y convertirse en superficies en las que proliferen microorganismos perjudiciales.

Uno de los mayores obstáculos a la hora de averiguar los riesgos sanitarios de los microplásticos es la gran falta de información sobre el grado de exposición de los seres humanos a estos materiales. Se sabe que los humanos ingieren o inhalan microplásticos a través del agua, los alimentos y al aire, pero se necesitan con urgencia herramientas adecuadas para detectar, cuantificar y caracterizar a los microplásticos más diminutos (especialmente aquellos de escala nanométrica). Casi todos los datos de exposición con los que contamos en la actualidad se limitan a las partículas más grandes (por encima de los 10-50 micrómetros), lo que distorsiona nuestra percepción real sobre este asunto. Es posible que los actuales análisis estén subestimando la exposición real de los humanos a los microplásticos por no detectar a las partículas más pequeñas que son precisamente las que podrían tener un papel más relevante en cuanto a su toxicidad.  Por otra parte, la detección de microplásticos en los tejidos y fluidos del ser humano cuenta en la actualidad con muchas limitaciones.

Otro problema en nuestra comprensión de los efectos de los microplásticos en humanos es la falta de información sobre la capacidad que tienen estas partículas para atravesar las barreras epiteliales que recubren el tracto gastrointestinal, las vías aéreas o la piel. Tan solo contamos con un reducido número de estudios in vitro (sobre células en laboratorio) y en animales que sugieren que solo una pequeña fracción de los microplásticos tienen la capacidad de cruzar las barreras de los pulmones y los intestinos. Las partículas más pequeñas son precisamente aquellas que entran en el cuerpo con mayor eficiencia.

En cualquier caso, los autores recalcan que, pese a que la proporción de microplásticos que se absorbe en el cuerpo humano parece reducida, no hay que subestimar este riesgo si se considera que los humanos están expuestos a estas partículas durante toda la vida y es posible que puedan acumularse en los tejidos y órganos con el paso del tiempo. Diferentes experimentos, tanto in vitro como en animales acuáticos y roedores, han observado la migración de microplásticos de un tamaño inferior a 10 micrómetros desde el estómago hasta los sistemas circulatorio y linfático, lo que provocaba una exposición sistémica y una acumulación en diferentes tejidos como el cerebro, los riñones o el hígado. En cualquier caso existen grandes incógnitas sobre la absorción, distribución, metabolismo y excreción de los microplásticos y si los efectos de estos dependen de la dosis.

Otra cuestión desconocida es qué efectos tóxicos físicos, químicos y microbiológicos podrían causar los microplásticos una vez se encuentran en el cuerpo humano. Tanto estudios in vitro como en roedores muestran que estas partículas tienen la capacidad de producir diversos efectos biológicos como daño celular, estrés oxidativo, secreción de citocinas, inflamación, reacciones inmunitarias, daño al DNA o neurotoxicidad. Sin embargo, estos experimentos se realizaban con altas concentraciones de microplásticos que, además, se encontraban totalmente limpios Estas condiciones no reflejan el mundo real donde la exposición a los microplásticos es muy pequeña aunque mantenida a lo largo del tiempo y estas partículas pueden estar contaminadas por diversos microorganismos o productos químicos presentes en el medio ambiente.

¿Podrían los microplásticos actuar como caballos de «Troya» con la habilidad para transportar sustancias químicas, biológicas o microorganismos tóxicos en el ser humano? Por ahora, existe un conocimiento muy reducido sobre esta capacidad de los microplásticos, especialmente de aquellos nanométricos que pueden cruzar de forma más efectiva las membranas biológicas. Se desconoce, por ejemplo, cómo los microplásticos interaccionan con el sistema inmunitario o si las partículas nanométricas podrían afectar a la placenta o al desarrollo de los bebés.

Diferentes estudios epidemiológicos sobre trabajadores de la industria del textil y el plástico, que se exponen a elevadas cantidades de polvo de plástico en fibras, han observado diversos daños en los pulmones como inflamación, fibrosis y alergias. Más allá de estas investigaciones, contamos con muy pocos estudios en humanos para valorar los riesgos de los microplásticos, lo que a su vez impide establecer medidas de precaución y de salud pública para limitar estos riesgos.

Los investigadores plantean la urgente necesidad de dedicar esfuerzos en investigación multidisciplinar, con científicos de polímeros y del ámbito médico, para averiguar el potencial peligro de los microplásticos y despejar las múltiples incógnitas que existen hoy en día. Se espera que en los próximos años se produzcan avances tecnológicos en el análisis de partículas (especialmente de las nanométricas) en los fluidos y tejidos del cuerpo humano. También es importante que las futuras investigaciones sobre microplásticos se realicen con condiciones más ajustadas al mundo real. Solo así se podrán despejar las múltiples incógnitas que impiden conocer el peligro real de estas partículas.

Esther Samper

Referencia: «Microplastics and human health». A. Vethaak y J. Legler en Science, vol. 371, n.º 6530, págs. 672-674, febrero de 2021.

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