3 de Mayo de 2019
EVOLUCIÓN HUMANA

Los primeros homininos de la meseta tibetana eran denisovanos

Una mandíbula fósil descubierta en la región revela que este grupo se hallaba muy extendido y vivía a una altitud sorprendente.

Reconstrucción virtual de la mandíbula atribuida a un denisovano. El fósil se halló en la meseta del Tíbet, a una altitud de más de 3000 metros. [Jean-Jacques Hublin, MPI-EVA, Leipzig]

Un equipo internacional de investigadores ha descubierto los restos más completos hasta ahora del misterioso grupo de homininos conocido como denisovanos. La mandíbula, hallada en lo alto de la meseta tibetana y datada en más de 160.000 años, es también el primer espécimen de denisovano encontrado fuera de la cueva siberiana en la que se descubrió la especie hace una década, lo que confirma la sospecha de que esta se hallaba más extendido de lo que el registro fósil sugiere actualmente.

La investigación, llevada a cabo por científicos del Instituto de Investigación de la Meseta Tibetana de la Academia China de las Ciencias, en Pekín, la Universidad de Lanzhou y el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, en Leipzig, representa la primera vez que se ha identificado un humano antiguo a partir solo del análisis de proteínas. Al no poder extraer ADN de los restos, los científicos examinaron sus proteínas, lo que hace albergar esperanzas de que puedan identificarse más fósiles incluso en los casos en que el ADN no se haya conservado.

Hasta ahora, todo lo que sabía sobre los denisovanos procedía de un puñado de dientes y fragmentos de hueso hallados en la cueva Denísova, en el macizo de Altái, en Siberia. El ADN de estos restos reveló que los denisovanos eran un grupo emparentado con los neandertales, ambos descendientes de una población que se separó de los humanos modernos hace unos 550.000-765.000 años. Los dos grupos habrían coincidido en la cueva de Denisova y se habrían cruzado, según indica el fragmento óseo descrito el año pasado, correspondiente a un individuo híbrido cuyo padre había sido denisovano y la madre neanderthal.

Pero muchos pensaban que era solo cuestión de tiempo que se hallaran pruebas de denisovanos en otros lugares. Algunos humanos actuales de Asia y Oceanía presentan indicios de ADN de denisovanos, lo que aumentaba la posibilidad de que el hominino viviera también lejos de Siberia. Y algunos investigadores sospechan que los fósiles de varios homininos no clasificados de China podrían ser denisovanos.

El último espécimen, recién descrito en Nature, corresponde a la mitad de un maxilar inferior, con dos dientes enteros. Un monje lo descubrió en la cueva china Karst de Baishiya, en 1980, y lo entregó a la Universidad de Lanzhou. Pero no fue hasta la década de 2010 que la arqueóloga Dongju Zhang y sus colaboradores comenzaron a estudiar el hueso.

El equipo se enfrentó a un problema. Todos los restos de la cueva de Denisova se habían identificado gracias a que aún contenían algo de ADN que podía compararse con secuencias genéticas de otros humanos antiguos. Sin embargo, de la mandíbula del Tíbet no pudo extraerse ADN.

En lugar de ello, los autores buscaron proteínas antiguas, que tienden a perdurar más tiempo que el ADN. En la dentina hallaron fibras de colágeno que resultaban adecuadas para el análisis. El equipo las comparó con las presentes en varios homínidos, incluidos los denisovanos y los neandertales, y observó que guardaban un mayor parecido con las de los denisovanos.

Algunas investigaciones anteriores ya habían identificado restos de neandertales a partir del análisis de proteínas y de ADN. Pero este último logro podría llevar a concentrarse en las proteínas antiguas de los fósiles de los que no se ha podido extraer ADN, apunta Chris Stringer, paleoantropólogo del Museo de Historia Natural de Londres. El método podría resultar especialmente útil en muestras más antiguas o de climas más cálidos, donde el ADN se degrada más con mayor rapidez.

El techo del mundo

Que el hogar del nuevo denisovano se situara a 3280 metros sobre el nivel del mar sorprendió a los investigadores. Es un dato que ayuda a resolver el enigma sobre la contribución genética de los denisovanos en los tibetanos actuales. «Resulta asombroso que los humanos antiguos vivieran a esa altitud», comenta Stringer.

Algunos tibetanos presentan una variante de un gen llamado EPAS1 que reduce la cantidad de hemoglobina (la proteína portadora de oxígeno) en la sangre, lo que les permite vivir a grandes alturas, donde la concentración de oxígeno es baja. Se había pensado que esta adaptación procedía de los denisovanos, pero esa idea era difícil de conciliar con la altitud relativamente baja de la cueva de Denisova, de 700 metros. El último estudio sugiere que los denisovanos desarrollaron la adaptación en la meseta tibetana y la transmitieron a Homo sapiens, cuando la especie llegó a la región hace entre 30.000 y 40.000 años, explica el coautor Frido Welker, antropólogo molecular de la Universidad de Copenhague.

Si los denisovanos de Asia estaban adaptados a las grandes altitudes, algunos yacimientos similares podrían albergar también restos suyos. Y puede que el hallazgo de la mandíbula lleve a reconsiderar la clasificación de otros restos. «Podemos volver a examinar nosotros mismos el registro fósil, y vincular más y más especímenes con los denisovanos», comenta Bence Viola, paleoantropólogo de la Universidad de Toronto.

Matthew Warren/Nature News

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Nature Research Group.

Referencia: «A late Middle Pleistocene Denisovan mandible from the Tibetan Plateau». Fahu Chen et al. en Nature, publicado en línea el 1 de mayo de 2019.

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