9 de Diciembre de 2020
Antropología

Los primeros navegantes, ¿sabían a dónde iban?

Para pisar las islas Ryukyu de Japón, sus primeros habitantes tuvieron que recorrer en plena Edad de Piedra 200 kilómetros de mar abierto. No lo lograron por casualidad, sino con mucha audacia.

A remo a lo largo de 200 kilómetros desde Tiawán, con partida el 7 de julio de 2019, hasta una isla japonesa, Yonaguni, 45 horas después; así debieron de poblarse las islas Ryukyu en el Paleolítico [Museo Nacional de la Naturaleza y la Ciencia, Tokio].

¿Fueron las corrientes marinas las que llevaron hasta islas desconocidas a algunos que se habían hecho al mar? ¿O navegaron sus primeros habitantes hacia costas lejanas orientadamente? El antropólogo Yousuke Kaifu, del Museo Nacional de la Naturaleza y las Ciencias de Tokio y sus colaboradores han investigado ahora el ejemplo de las islas Ryukyu, de Japón. La conclusión de su estudio, publicado en Scientific Reports: los navegantes que llegaron allá en el Paleolítico se dirigieron probablemente hacia esas islas a sabiendas.

Los yacimientos arqueológicos demuestran que hará entre unos 35.000 y 30.000 años personas que vivían en Taiwán se establecieron en las islas Ryukyu, a unos 200 kilómetros de distancia. El archipiélago se extiende a lo largo de 1200 kilómetros ante la costa china, de Taiwán en el sur hasta las grandes islas que forman el territorio principal de Japón en el norte. Hasta ahora no estaba claro si no habrían sido las fuertes corrientes del Pacífico allí imperantes las que arrastraron a los que iban a ser habitantes de las islas hasta ellas por casualidad.

Las islas Ryukyu en el Paleolítico. Este era el aspecto de la región entre hace 35.000 y 32.000 años: el nivel del mar era unos 80 metros inferior al actual; las islas Ryukyu situadas más al sur podrían haber sido algo más visibles que hoy [Yousuke Kaifu, Museo de la Universidad, Universidad de Tokio].

La corriente del Japón, o Kuroshio, marca el final de la corriente Norecuatorial; se mueve desde Filipinas hasta Taiwán y desde allí hasta Japón. No ha cambiado mucho en los últimos cien mil años, escriben los investigadores. Por eso, la deriva actual sigue siendo reveladora: para calcular la probabilidad de un tocar tierra casualmente Yousuke Kaifu y sus colaboradores examinaron los datos por satélite de 138 boyas que flotaron en el mar entre 1989 y 2017.

Datos por satélite de 138 boyas. Solo cuatro se acercaron a las islas Ryukyu a menos de 20 kilómetros de distancia; la corriente arrastró a las demás más allá [Tien-Hasia Kuo, Universidad Nacional de Taiwán, Taipei].

«Solo cuatro de las boyas llegaron a estar a menos de 20 kilómetros de alguna de las islas Ryukyu, y en todos los casos ello se debió a unas malas condiciones meteorológicas», explica el antropólogo en un comunicado de prensa. La corriente, pues, se lleva las boyas más allá de las islas, salvo con tormenta. Pero con mal tiempo los navegantes no se atreverían a hacerse a la mar,  sobre todo teniendo en cuenta que las travesías, según lo que hoy parece saberse, debieron de realizarlas familias. Mucho más probable es que tuviesen a la vista las islas. Desde las montañas de las costas de Taiwán se podría ver en ocasiones la isla siguiente, la de Yonaguni.

«Nuestros resultados están cerca de dejar establecido que la hipótesis de la deriva, aplicada a las migraciones paleolíticas en esta región, resulta casi imposible», dice Kaifus. La migración a las islas Ryukyu debió de ser muy difícil porque allí se encuentran las corrientes más fuertes del mundo. «Si surcaron ese mar a propósito, fue toda una audacia».

El antropólogo lo sabe por experiencia propia: remó en 2019 con cuatro colegas hasta las islas Ryukyu con un simple bote de bambú. Para los alrededor de 200 kilómetros necesitaron apenas dos días. El antropólogo dijo entonces que era todo un enigma cómo poblaron las islas los seres humanos de aquella época.

Christiane Gelitz

Referencia: «Palaeolithic voyage for invisible islands beyond the horizon», de Yousuke Kaifu, Tien-Hsia Kuo, Yoshimi Kubota y Sen Jan, en Scientific Reports,  10, número de artículo: 19785 (2020).

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