7 de Noviembre de 2022
Cambio climático

Los retos de la COP27

Arranca la cumbre climática de la ONU, donde los países debatirán cómo costear los daños del calentamiento global y reforzar la reducción de emisiones en mitad de una crisis energética.

Manifestación contra el cambio climático en Núremberg. [Markus Spiske/Unsplash]

Ha pasado un año desde que los líderes mundiales renovaran sus compromisos climáticos en la histórica cumbre de Glasgow. Ayer volvieron a reunirse en Sharm El-Sheikh, Egipto, para iniciar la 27.ª Conferencia de las Partes de la ONU sobre el Cambio Climático (COP27), donde continuarán negociando con el objetivo de frenar el calentamiento global. Sin embargo, el mundo es hoy un lugar diferente: los políticos deben hacer frente a la crisis energética causada por la guerra de Ucrania y a los crecientes daños provocados por los fenómenos meteorológicos extremos.

El panorama a corto plazo es desalentador. Los precios de la energía se están disparando tanto dentro como fuera de las fronteras europeas, lo que ha dado pie a una nueva remesa de inversiones gubernamentales destinadas a reducir el coste de los combustibles fósiles. Según algunas estimaciones, tales subvenciones casi se duplicaron en 2021 y se prevé que vuelvan a aumentar este año, lo que no hará sino incrementar la dependencia de las fuentes de energía más contaminantes del planeta.

Pero también hay buenas noticias. Las infraestructuras de energías renovables siguen ampliándose en todo el mundo. Y unos 26 países han asumido este año nuevos compromisos climáticos. Australia, por ejemplo, se ha comprometido a reducir sus emisiones de gases con efecto invernadero en un 43 por ciento respecto a los valores de 2005 para el año 2030. Un análisis de la Agencia Internacional de la Energía indica que las nuevas políticas anunciadas por Estados Unidos, Europa y otros países en respuesta a la crisis energética están concebidas para fomentar las inversiones en energías limpias, lo que permitiría alcanzar una meseta de emisiones a escala global hacia 2025.

Mientras tanto, los efectos del cambio climático continúan agravándose. En septiembre, los científicos anunciaron que el calentamiento global potenció unas lluvias monzónicas inusualmente intensas que causaron inundaciones extremas en Pakistán, donde perdieron la vida más de 1700 personas y los daños causados en hogares e infraestructuras alcanzaron decenas de miles de millones de dólares. El debate sobre cómo financiar los costes de esos estragos cobrará protagonismo en Sharm El-Sheikh, donde también se examinará si los países ricos están haciendo lo suficiente para ayudar a los más pobres a adaptarse al calentamiento global.

«Mitigación y adaptación: esos son las dos claves» de la COP27, resume Joyeeta Gupta, politóloga de la Universidad de Ámsterdam.

Pérdidas y daños

Conscientes de que los países industrializados cargan con buena parte de la responsabilidad en un calentamiento que ya está provocando sequías, inundaciones e incendios en todo el mundo, las naciones de rentas bajas llevan más de una década ejerciendo presión para que se les compense por los daños. En concreto, exigen la implantación de un mecanismo de financiación que permita a los países ricos a ayudar a los más pobres a afrontar económicamente los efectos del calentamiento global, que ya son inevitables. Y sus protestas están cobrando fuerza.

En Glasgow, los países acordaron iniciar un diálogo al respecto, pero los principales bloques negociadores que representan a los países de rentas bajas piden que en Sharm El-Sheikh se pase a la acción. «Es el único ámbito que se ha descuidado por completo en las negociaciones», afirma Tasneem Essop, quien reside en Ciudad del Cabo y es directora ejecutiva de Climate Action Network International, una red de grupos de presión. «Ahora forma parte de la agenda política.»

Pocos esperan una resolución, porque Estados Unidos y otros países de rentas altas se han opuesto firmemente a extender lo que, según ellos, podría ser un cheque en blanco para financiar cualquier tipo de daño climático en el futuro. Sin embargo, puede que en la cumbre se cree un nuevo mecanismo para proporcionar ayuda financiera cuando se produzcan catástrofes climáticas específicas, aventura Danielle Falzon, socióloga de la Universidad Rutgers en Nueva Jersey.

«Es fundamental que se establezca algún tipo de mecanismo de financiación, porque en este momento es la población la que está soportando los costes de las pérdidas y los daños», afirma Falzon. En opinión de la experta, si no se logra este año en la COP27, solo será cuestión de tiempo, puesto que los países de rentas bajas han hecho de este asunto su máxima prioridad.

Las pérdidas y los daños no son más que una parte de un debate más amplio sobre cómo financiar mejor la adaptación climática de los países de rentas bajas. En Glasgow, las naciones ricas acordaron aumentar tal financiación, pero no han alcanzado sus objetivos. Uno de los cometidos de Sharm El-Sheikh consiste en mejorar las normas de control de las inversiones para garantizar que el dinero se está gastando bien, explica Falzon.

Reducir las emisiones

El año pasado, más de 150 naciones asumieron nuevos compromisos climáticos, y el Pacto Climático de Glasgow que nació de la COP26 exigía que los países presentaran nuevos compromisos en 2022. En virtud del pacto, a partir de ahora las Naciones Unidas evaluarán cada año tales compromisos. Además, ya se está perfilando el proceso formal para evaluar cuánto se progresa hacia los objetivos climáticos (un «balance global» exigido cada cinco años por el acuerdo de París de 2015) y la cuestión forma parte del programa de Sharm El-Sheikh.

Además de los 24 países que ya han asumido nuevos compromisos a lo largo de este año, se espera que otros se pronuncien durante la COP27. Si los países cumplen esos nuevos compromisos, así como los ya asumidos en Glasgow, podrían recortarse 5500 millones de toneladas de carbono más cada año hacia 2030, según el Instituto de Recursos Mundiales (IRM), un grupo de expertos en medioambiente con sede en Washington DC.

Conseguirlo equivaldría a eliminar las emisiones de carbono de todo un año de Estados Unidos, el segundo mayor emisor del mundo. Pero sigue estando muy lejos de lo requerido para alcanzar el objetivo fijado en el acuerdo de París, es decir, limitar el calentamiento global a 1,5-2 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales. Si los países cumplen sus compromisos, el calentamiento global podría limitarse a unos 2,1 grados hacia finales de siglo, según Climate Action Tracker, un consorcio de organizaciones científicas y académicas. De no cumplirlos, el consorcio vaticina que las leyes y las políticas actuales encaminarán al mundo hacia los 2,7 grados de calentamiento, lo que, según los científicos, podría tener consecuencias catastróficas.

«Hemos progresado algo, pero no avanzamos todavía al ritmo que necesitamos», asegura David Waskow, director de la Iniciativa Internacional sobre el Clima del IRM.

En Sharm El-Sheikh se espera que los países comiencen a diseñar un nuevo «programa de mitigación». Todavía no se sabe exactamente en qué consistirá, pero una de las posibilidades es que ponga el foco en el modo en que los países cumplirán los objetivos generales de emisiones, estableciendo metas para sectores específicos, como la electricidad, el transporte y la agricultura.

Para que cualquiera de estos esfuerzos dé resultado, debemos centrarnos más en la responsabilidad, opina Waskow. «No podemos adoptar nuevos compromisos sin controlar si los actuales se están cumpliendo.»

Para Gupta, los negociadores de la COP27 corren el riesgo de empantanarse en los procedimientos: «Me temo que en las COP nos hemos perdido tanto en los detalles que hemos perdido de vista lo principal, y es que debemos deshacernos de los combustibles fósiles

Jeff Tollefson

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Nature Research Group.

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