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20 de Diciembre de 2019
Planetas

Los seísmos revelan la geología de Marte

La nave InSight de la NASA ya ha detectado más de 300 temblores en la superficie del planeta rojo y ha logrado averiguar dónde se originaron algunos de ellos.

Imagen de Marte tomada por el telescopio espacial Hubble en 2016, poco antes del momento de oposición al Sol. [NASA, ESA, Hubble Heritage Team (STScI/AURA), J. Bell (ASU) y M. Wolff (Instituto de Ciencias del Espacio)]

Los seísmos de Marte, o «martemotos», tienen lugar a un ritmo vertiginoso. Desde su punto de aterrizaje cerca del ecuador marciano, la misión InSight de la NASA detecta cerca de dos de estos temblores al día, y la cadencia no deja de aumentar.

«Estamos observando muchos», ratifica Bruce Banerdt, geofísico del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, en California, e investigador principal de InSight. Banerdt anunció los resultados de la misión el 12 de diciembre en una reunión de la Unión Geofísica Americana celebrada en San Francisco.

Desde que llegó a Marte hace poco más de un año, InSight ha detectado 322 martemotos. Son los primeros seísmos detectados en Marte o en cualquier otro cuerpo celeste que no sea la Tierra o la Luna. Los científicos pretenden usarlos para explorar el interior del planeta rojo y, en particular, para caracterizar su corteza, manto y núcleo.

La mayoría de los martemotos son muy débiles, mucho más que cualquier temblor que podamos sentir en la Tierra. Pero un par de ellos han sido lo bastante intensos (casi de magnitud 4 en la escala de Richter) para que los científicos pudieran descubrir dónde se originaron.

Dos de los mayores seísmos se produjeron en las Fosas de Cerbero, un área geológicamente activa que se encuentra a unos 1600 kilómetros al este de InSight. Dichos temblores podrían haberse desencadenado al liberarse la tensión acumulada a lo largo de las fallas geológicas de la corteza marciana.

La misión también ha descubierto unos misteriosos pulsos magnéticos que aparecen cada día, alrededor de la medianoche, en torno al módulo de aterrizaje. Pero uno de los principales objetivos de InSight —introducir una sonda térmica en la superficie marciana, a 5 metros de profundidad— parece aún lejano y ha generado muchas frustraciones. La sonda, apodada «el topo», ha encontrado más fricción en el terreno de la que esperaban los científicos. En octubre, incluso retrocedió y salió inesperadamente de su agujero.

Rastrear los temblores

Hasta el momento, los principales hallazgos de la misión han llegado gracias al creciente catálogo de martemotos. El sismómetro de alta sensibilidad de InSight busca temblores de noche, cuando amainan los vientos que azotan la superficie durante el día.

Los martemotos pueden ser de dos tipos, dependiendo de su frecuencia. Las señales de alta frecuencia —las más habituales— podrían provenir de terremotos que perturban la poco profunda corteza marciana, mientras que las de baja frecuencia llegarían desde el manto del planeta, de acuerdo con Domenico Giardini, sismólogo de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich.

Dos de los temblores más intensos, ambos de baja frecuencia, se registraron en mayo y julio. Los miembros del equipo fueron capaces de rastrear el origen de la energía sísmica hasta las Fosas de Cerbero, un área que presenta actividad geológica reciente, como fallas que parecen haberse movido en los últimos diez millones de años.

Los investigadores ya habían predicho la posibilidad de que InSight detectase seísmos provenientes de las Fosas de Cerbero antes incluso de lanzar la nave. Las fallas de esa región podrían acumular estrés en sus extremos, explica Alice Jacob, científica planetaria del Instituto de Física del Globo de París y autora principal de un estudio que identifica esa como la posible causa de los martemotos registrados por InSight.

La asiduidad con que se producen los temblores ha ido en aumento, añade Banerdt: desde unos pocos temblores esporádicos justo después del aterrizaje de InSight hasta el ritmo actual de dos seísmos al día. Los científicos de la misión aún no están seguros del motivo.

Igual de misteriosos son los pulsos magnéticos que aparecen cada noche. InSight los detectó con su magnetómetro y se piensa que están relacionados con algo que ocurre en el espacio alrededor de Marte. Una hipótesis es que se crean cuando las partículas cargadas del viento solar chocan contra el planeta.

A vueltas con la sonda

El mayor revés de InSight hasta ahora está relacionado con su sonda térmica. Aunque comenzó a horadar la tierra tal y como estaba planeado, en octubre llegó el desastre: de repente, retrocedió y salió parcialmente de su agujero.

Los ingenieros de la misión diseñaron esta sonda para que trabajara en un tipo de terreno diferente al que finalmente se encontró: la prepararon para un suelo no cohesivo, donde las partículas se mueven con poca fricción entre ellas, como ocurriría en una tinaja de azúcar. Pero según Tilman Spohn, científico espacial del Centro Aeroespacial Alemán, en Colonia, el lugar donde aterrizó InSight resultó tener un suelo cohesivo. En ese tipo de terreno las partículas se adhieren más, como las de la harina.

Cuando la sonda comenzó a excavar, la tierra alrededor de ella se compactó y formó un hoyo. La sonda no logró generar suficiente fricción contra las paredes de ese foso como para seguir internándose en la superficie. Spohn apunta que él y sus colaboradores ya habían visto que podía ocurrir eso en experimentos de laboratorio con suelos cohesivos. Sin embargo, esperaban que el terreno alrededor de InSight mostrara poca cohesión, de acuerdo con lo observado en otros puntos de aterrizaje de la superficie marciana.

InSight parece haber tenido la mala suerte de posarse en un lugar donde el suelo se ha compactado en un material más duro, una especie de costra que en inglés se conoce como duricrust, señala Matthew Golombek, científico planetario del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA. Esa costra ha resultado más dura y posiblemente más gruesa de lo esperado.

Los ingenieros de la misión han tratado de resolver el problema fijando la sonda a una de las paredes del hoyo con el brazo del módulo de aterrizaje, para aumentar la fricción y que pueda seguir avanzando. Lenta y cuidadosamente, está empezando a enterrarse de nuevo.

«Dentro de poco, tal vez hayamos vuelto adonde estábamos», concluye Spohn. «Llegados a este punto, eso sería algo tremendamente positivo: nuestro regalo de Navidad.»

Alexandra Witze/Nature News

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Nature Research Group.

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