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Actualidad científica

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  • 23/05/2018

Acústica

Los violines antiguos imitan el canto de las voces masculinas

En el sonido de un Amati hay características comunes con la voz de bajo; en un Stradivarius, con la de tenor.

PNAS

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Este Andrea Amati, construido quizá para la boda de Felipe II con Isabel de Valois en 1559, es uno de los violines más antiguos que se conservan [Jaime Ardiles-Arce, fragmento].

Desde hace muchos años, diversos grupos de investigadores le han buscado explicación al sonido exquisito de los viejos violines. Se han dado muchas razones por las que los instrumentos musicales de las familias de luthiers Amati, Stradivari o Guarneri, de los siglos XVI, XVII y XVIII, serían insuperables. Esta es una lista incompleta: por el clima, por los hongos de la madera, por un barnizado contra los hongos o, simplemente, por la extraordinaria habilidad del constructor. Pero hay insolentes que afirman que los viejos violines no suenan mejor que los modernos. Basta para que unos científicos chinos hayan intentado esclarecer la cuestión en la revista científica PNAS.

El sonido de los instrumentos más viejos es masculino, opinan tras analizar en el laboratorio grabaciones del sonido de dos de los violines más antiguos que se conservan: un Andrea Amati de 1570 y un Gasparo da Salò, nombre con que se conocía al abuelo de la familia de los instrumentos de cuerda, Gasparo Bertolotti, que lo construyó en Brescia en 1560. Para comparar, los investigadores examinaron en el laboratorio acústico también las grabaciones de seis Stradivarius y otros siete violines antiguos de maestros del norte de Italia. Cotejaron sus espectros sonoros con las bandas de frecuencias del canto de ocho voces de hombre y ocho de mujer. Encontraron entonces unas coincidencias asombrosas: los dos violines más antiguos emulaban las resonancias vocales de los bajos o barítonos, mientras que los posteriores Stradivarius emulaban las de los tenores o altos.

En el análisis acústico, esas imitaciones se manifiestan en la coincidencia de formantes del sonido del violín con los típicos del canto humano. Los formantes son dominios de frecuencias especialmente intensos, que le aportan al habla masculina, digamos, sus armónicos característicos: el tracto vocal está construido de una manera, específica para cada sexo y diferente para cada individuo, que afecta a cómo atraviesan las ondas sonoras procedentes de la cavidad laríngea las cávidades de resonancia de la faringe, la boca y la nariz. Los formantes transportan consigo connotaciones emocionales. Y es posible que los más viejos violines se construyesen de modo que tuviesen características sonoras presentes en las tesituras más graves del canto de hombre, conjeturan los investigadores chinos, al menos si todos los viejos instrumentos sonaban como los dos ejemplares examinados. El sonido de los Stradivarius, más recientes, se asemeja en lo que se refiere a los formantes a voces de tesitura más aguda; quizá se deba, si es que no se trata de una pura casualidad, a una tendencia por entonces de la moda, según afirman Hwan-Ching Tai y sus colaboradores de Taiwán, y podría ser el motivo de la impresión de brillantez que causan.

Jan Osterkamp / spektrum.de

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Spektrum der Wissenschaft.

Referencia: «Acoustic evolution of old Italian violins from Amati to Stradivari», de Hwan-Ching Tai et al en PNAS, 21 de mayo de 2018. 

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