12 de Enero de 2022
Emociones

Manos calientes, corazones calientes

Aparte de reconfortarnos físicamente, el calor también nos transmite una sensación de seguridad y evita que reaccionemos con miedo en las pruebas de condicionamiento.

El calor físico actúa también cmo un estímulo de seguridad. [iStock/ Mihailomilovanovic]

Sobre todo en la temporada de frío, muchas personas disfrutan del calor acogedor frente a la chimenea, la estufa o en la sauna del gimnasio. A medida que el calor penetra lentamente en el cuerpo, se tiene la sensación de estar envuelto en algodón. Investigadores de la Universidad de California han demostrado ahora que el efecto va más allá de una simple estado físico de confort. Según publican en Emotion, el calor proporciona una sensación de seguridad que podría ayudar a tratar los ataques de ansiedad y los traumas.

Para su estudio, los científicos del soleado sur de Estados Unidos modificaron conocidos experimentos de condicionamiento. En primer lugar, administraron una leve descarga eléctrica a 30 participantes cada vez que sostenían determinados objetos en sus manos; entre ellos, una pelota de goma o una almohadilla térmica. Si se les daba un bloque de madera, en cambio, no recibían ningún electrochoque. Con el tiempo, los sujetos aprendieron a esperar un estímulo desagradable ante un objeto concreto y a reaccionar a él (empezaban a sudar, por ejemplo). Mas los científicos observaron una excepción: los voluntarios no presentaban ninguna reacción corporal cuando se trataba de la almohadilla térmica, a pesar de que ese objeto predecía que iban a recibir una descarga eléctrica (de la misma manera que la pelota de goma, por ejemplo).

 Un efecto protector

Con el fin de investigar de forma más exhaustiva la propiedad de la sensación de calor, el equipo dirigido por Erica Hornstein llevó a cabo otro experimento con 30 personas más. Esta vez, las descargas eléctricas siguieron a determinadas fotografías. Una vez que los participantes interiorizaron la relación entre las fotos y los electrochoques, los experimentadores emparejaron las imágenes con los objetos de la primera prueba. De nuevo, solo la almohadilla térmica no provocó una reacción de miedo.

Así pues, los investigadores no lograron condicionar el calor con un acontecimiento desagradable. Además, cuando vinculaban otro estímulo con un electrochoque, la almohadilla térmica inhibía la reacción de miedo. En 2018, Hornstein y otros investigadores encontraron un efecto similar en un estudio en el que tomaron parte los cuidadores cercanos de los participantes. Según constataron, tanto la proximidad social como el calor fisiológico activaban el sistema opioide del cuerpo. Los autores sospechan que los opioides también podrían desempeñar un papel en los resultados del experimento reciente.

Anton Benz

«Warm hands, warm hearts: An investigation of physical warmth as a prepared safety stimulus».Erica A. Hornstein, Michael S. Fanselow y Naomi I. Eisenberger, publicado en línea en Emotion, 2021.

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