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6 de Marzo de 2020
Epidemiología

Mantenerse bien informado: la mejor estrategia contra el SARS-CoV-2

Mitos y realidades de la epidemia del coronavirus según el experto en salud global Antoni Trilla.

¿Qué sabemos del nuevo coronavirus que acapara toda la atención mediática, científica y de la comunidad internacional? En la imagen, fotografía obtenida mediante microscopía de transmisión electrónica del SARS-CoV-2. [Flickr/NIH]

Todo empezó a finales de diciembre de 2019 en un mercado de animales silvestres en Wuhan, China. Una vez acaecida la transmisión de un mamífero, aún por determinar, al ser humano, el invierno, junto con la temporada de la gripe y el constante desplazamiento de la población, cada vez más globalizada, favorecieron la expansión del coronavirus-2 del síndrome respiratorio agudo grave (SARS-CoV-2, por sus siglas en inglés).

Pero ¿qué sabemos y qué desconocemos de este nuevo virus? El pasado jueves 5 de marzo, Antoni Trilla, jefe del Servicio de Medicina Preventiva y Epidemiología del Hospital Clínico de Barcelona, investigador del Instituto de Salud Global y decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona, impartió un seminario en línea a fin de responder estas preguntas.

¿Cómo es el virus y de dónde viene?

El SARS-CoV-2 es un virus cuyo material genético está compuesto por una molécula de ARN, en lugar de ADN. Pertenece al género betacoronavirus, uno de los 4 que constituyen la familia de los coronavirus. Estos patógenos deben su nombre a una especie de picos o puntas (proteínas) que recubren su superficie formando una suerte de corona. La unión de los picos a la membrana de las células humanas provoca cambios estructurales, que permiten la entrada del microorganismo al interior de la célula huésped. La colaboración entre científicos de varios países ha permitido determinar la estructura de estas proteínas víricas; hecho que abre la puerta al desarrollo de vacunas y pruebas diagnósticas.

Asimismo, la secuenciación de su genoma señala que el SARS-CoV-2 se asemeja de forma notable a los coronavirus detectados en los murciélagos; y, en menor medida, a otros coronavirus, responsables de epidemias previas en humanos, como el SARS y el SROM-CoV. Así pues, la comunidad científica no descarta a estos mamíferos voladores como reservorio del virus. Sin embargo, el sacrificio de todos los animales del mercado chino dificulta identificar la fuente de contagio.

«Debemos olvidar las conspiraciones. El virus no se creó en un laboratorio de alta seguridad. Como tampoco el ejército americano se halla detrás de la epidemia, ni se trata de una maniobra del Gobierno chino», indica Trilla. «SARS-CoV-2 proviene de la naturaleza, donde hay un gran número de patógenos desconocidos, con capacidad para infectar al ser humano y ocasionar nuevas enfermedades. De hecho, alrededor del 50 por ciento de las enfermedades emergentes identificadas a lo largo de las últimas décadas son zoonóticas. Es decir, el agente causante de la enfermedad se transmite de animales a personas. El ébola o la gripe aviar constituyen algunos ejemplos», añade.

Infección y transmisión del virus

¿Cuánto tiempo transcurre desde la infección hasta la aparición de los primeros síntomas? Según los datos obtenidos hasta la fecha, el período de incubación es de entre 5 y 7 días, aunque puede prolongarse hasta los 14 días e incluso alcanzar los 21. A pesar de que la mayoría de las personas infectadas actúan como trasmisoras una vez desarrollada la enfermedad, también se han identificado algunos casos de pacientes sin síntomas, capaces de contagiar a otros individuos. Por consiguiente, conocer la latencia del SARS-CoV-2 resulta esencial para establecer los períodos de cuarentena y controlar la epidemia.

La tasa de contagio (R0) constituye otro parámetro clave para determinar el potencial de expansión del virus. Para el SARS-CoV-2, la OMS estima que cada paciente infectado puede transmitir la enfermedad a un promedio de entre 1,5 y 2,5 personas. «Si conseguimos que R0 descienda por debajo de 1, estaremos más cerca de contener la infección», declara Trilla. «Podemos romper la cadena de transmisión mediante el aislamiento y tratamiento de los afectados».

Tasa de contagio (R0) de los diferentes virus. Esto es el número de personas sanas a las que un paciente infectado puede transmitir el patógeno. Fuente: Organización Mundial de la Salud. Fecha de consulta: 6 de marzo de 2020. [Investigación y Ciencia/Marta Pulido Salgado]

«También debemos concienciar a la población sobre la importancia de lavarse las manos con frecuencia, evitar cubrirse la boca con las manos al estornudar —mejor usar un pañuelo desechable o taparse con el codo— y desinfectar las superficies», aconseja el experto. La transmisión del nuevo virus es muy parecida a la de la gripe estacional. La vía aérea constituye la principal fuente de contagio. «Las pequeñas gotas que una persona infectada produce cuando habla, tose o estornuda, a menos de un metro y medio de mí pueden infectarme. También hay riesgo si me toco la boca, la nariz o los ojos con las manos, tras entrar en contacto con una superficie contaminada por estas secreciones.»

Tampoco debemos olvidar el tiempo. Una exposición corta, de unos 10 minutos, implica poco riesgo de contagio. Sin embargo, compartir espacios cerrados durante horas, como en un vuelo comercial, el lugar de trabajo o el hogar aumenta la probabilidad de infección.

¿Qué síntomas provoca la enfermedad? ¿Cuán grave es?

El 75 por ciento de las personas con COVID-19, la enfermedad del SARS-CoV-2, presentan fiebre. Asimismo, cabe destacar que en el 81 por ciento de los afectados, los síntomas son de carácter leve e incluyen tos seca y dolor de garganta.

«Sin embargo, cuando el paciente empieza a desarrollar problemas respiratorios, dolor en el pecho o cansancio, el caso se agrava», expone Trilla. «La neumonía es la complicación más habitual de COVID-19, pues ocurre en el 14 por ciento de los enfermos, y puede conllevar fallos respiratorios graves que requieran el uso de equipos de respiración asistida. Aun así, ello ocurre solo en el 5 por ciento de los afectados, que son inmediatamente ingresados en las unidades de curas intensivas», enfatiza.

¿Quién presenta mayor riego de desarrollar COVID-19?

«No hay una respuesta absoluta. Siempre hay una excepción que confirma la regla. No obstante, las personas mayores de 60 años, los individuos con problemas respiratorios y aquellos con un sistema inmunitario débil, es decir los sujetos con diabetes, fallo renal o alteraciones cardiovasculares, constituyen los grupos de población que más precauciones deberían tomar», resume el epidemiólogo.

De forma interesante, la enfermedad parece afectar en menor medida a los niños. Las cifras provisionales sugieren que solo un 13 por ciento de los infectados son menores de edad y, además, presentan una sintomatología leve. «No sabemos por qué. Si comparamos con la gripe estacional, el comportamiento es completamente opuesto. Al parecer, en este caso serían los padres, en cuarentena en sus hogares, quienes contagiarían a sus hijos. De acuerdo con los datos actuales, los pequeños resultan malos transmisores del virus», explica Trilla.

¿Cuántas personas mueren a causa de COVID-19?

«Los números disponibles son provisionales y deberán ajustarse. A día de hoy, en China la tasa de mortalidad se sitúa entre el 2 y el 2,5 por ciento, mientras que fuera de este país es del 0,7 por ciento. No obstante, es muy probable que los casos leves no hayan sido contabilizados en su totalidad, pues resultan más difíciles de diagnosticar que los graves. Es decir, nos hallaríamos ante una situación de infradiagnóstico», comenta Trilla. «Ahora toda persona con síntomas de neumonía se estudia, aun cuando el cuadro clínico no se asemeje a COVID-19. Así pues, esperamos que las nuevas pruebas identifiquen nuevos contagios, hecho que rebajará la cifra final.»

De hecho, distintos modelos matemáticos señalan que la tasa real de mortalidad se acercaría a 1 persona de cada 100 infectados, a nivel global. Es decir, 10 veces más alta que la gripe estacional, cuya mortalidad se estima en un 0,1 por ciento.

Fuentes: Organización Mundial de la Salud y Centros para la Prevención y el control de las Enfermedades. Fecha de consulta: 6 de marzo de 2020. [Investigación y Ciencia/Marta Pulido Salgado]

En respuesta a una pregunta del público acerca de las notables diferencias, en cuanto al número de muertes, observadas en las distintas regiones afectadas, Trilla señaló, de nuevo, el hecho de no reconocer o diagnosticar correctamente todos los casos como la causa más probable. Asimismo, aunque no descartó la aparición de mutaciones, puntualizó que, normalmente, estas reducen la agresividad del virus.

La edad también aumentaría la probabilidad de muerte, por lo que en una sociedad envejecida, como la europea, la tasa de mortalidad podría aumentar.

¿Cómo se detecta el virus? ¿Existe tratamiento?

El SARS-CoV-2 se halla, principalmente en las vías respiratorias, por lo que el diagnóstico se realiza mediante un frotis de nariz, faringe o garganta. La técnica de la reacción en cadena de la polimerasa (PCR, por sus siglas en inglés) permite detectar el virus en unas 5 o 6 horas. Los científicos también trabajan en el desarrollo de nuevos métodos basados en anticuerpos capaces de reconocer el patógeno en muestras de sangre. «Cabe señalar que las autoridades públicas son las que autorizan la realización de pruebas diagnósticas. La decisión no depende del personal sanitario, que no puede analizar a todos los pacientes si no obtiene el permiso correspondiente», indica Trilla.

En la actualidad no existe un tratamiento específico para COVID-19, pero sí para sus síntomas, hecho que permite la total recuperación de los casos leves.

La comunidad científica trabaja en distintos ensayos clínicos con antivirales, como la combinación de lopinavir y ritonavir usados en la lucha contra el VIH o el fármaco experimental remdesivir diseñado para combatir el ébola. Otras estrategias incluyen la administración de corticosteroides o de interferon-alfa.

¿Y la vacuna?

«No sabemos cuál es la inmunidad natural del SARS-Cov-2. Asumimos que si el patógeno se asemeja a otros coronavirus, esta será corta, es decir de pocos meses, máximo un año. Por consiguiente, en caso de obtener una vacuna, la inmunización deberá repetirse de forma periódica, como en el caso de la gripe estacional», explica el experto. «Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos de diferentes laboratorios de todo el mundo, esperamos obtener las primeras dosis efectivas y seguras, no antes de 12 o 18 meses», concluye.

¿Desaparecerá el SARS-CoV-2 con la llegada del verano?

«Es posible, pero no lo sabemos aún con certeza. Podría desaparecer en verano, pero regresar en otoño. Si así fuera, nos hallaríamos ante un virus estacional, como el de la gripe o el resfriado común, cuya principal causa son 4 tipos de coronavirus», responde Trilla. «Algunos modelos predicen que el aumento de la temperatura reducirá la virulencia del SARS-CoV-2. También cabe señalar, que el buen tiempo anima a salir de casa y abrir las ventanas, hecho que contribuye a reducir el riesgo de contagio».

¿Cómo ha controlado China la epidemia?

«Aunque es verdad que, en China, el número de casos se ha reducido, aún no podemos hablar de epidemia bajo control. Asimismo, hay que diferenciar 2 "Chinas": Wuhan y Hubei, donde la situación es muy complicada con más de 60.000 casos, y el resto del país, que a pesar de contar con grandes núcleos urbanos, los focos no han superado los 1000 infectados», expone el epidemiólogo. «¿Cómo lo han hecho? Pues con unas medidas de control y una disciplina que difícilmente podrían aplicarse en nuestra sociedad occidental democrática. Además, China también ha usado sistemas complejos de inteligencia artificial para monitorizar el desplazamiento de la población y evitar el flujo de personas procedentes de zonas infectadas. Sin embargo, tendremos que esperar a ver si la efectividad del control se mantiene después del verano.»

Antoni Trilla finalizó el seminario con un claro mensaje: «Aún quedan muchas incógnitas por resolver y no debemos confiarnos. Mantenerse informado y evitar la propagación de rumores constituye la mejor protección contra el SARS-CoV-2. Nada se propaga más rápido que el miedo. Así pues, escuchemos a la ciencia, que a pesar de su imperfección, aporta datos reales y verídicos».

Marta Pulido Salgado

Referencias:

Coronavirus: Myths and facts. Antoni Trilla, seminario en línea impartido el 5 de marzo de 2020.

Cryo-EM structure of the 2019-nCoV spike in the prefusion conformation. D. Wrapp et al. en Science, publicado el 19 de febrero de 2020.

 

Más información:

Instituto de Salud Global

Organización Mundial de la Salud

Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES) del Ministerio de Sanidad de España

Seguimiento de incidencia 2019-nCoV de la John Hopkins

 

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