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16 de Diciembre de 2020
NEUROCIENCIA

Necesidad de los demás

Las personas ansiamos la compañía de nuestros congéneres tras un período de soledad, igual que necesitamos comer cuando tenemos hambre.

El aislamiento social produce respuestas de ansia en el mesencéfalo similares a las que origina el hambre. [iStocjk/ Valentin Russanov]

Los contactos sociales positivos son probablemente tan importantes para la salud humana como el comer o el dormir. Entonces, ¿nuestro cerebro no debería usar estrategias y medidas de presión similares a las que originan la sensación de hambre o cansancio para advertirnos de que estamos solos? ¿Se podría medir tal necesidad en el cerebro? Con el fin de conocer las respuestas a estas preguntas, investigadores del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) sometieron a 40 voluntarios a una prueba de aislamiento. Mediante resonancia magnética examinaron cómo respondían sus cerebros a esa situación de soiedad. Los resultados se publican en Nature Neuroscience.

Los investigadores dividieron a los participantes en dos grupos. Los del grupo experimental permanecieron diez horas aislados, sin tener contacto con otras personas ni de manera presencial ni virtual (a través de las redes sociales o videoconferencia, por ejemplo). Durante el mismo número de horas, los sujetos del segundo grupo tuvieron que ayunar. Pasado ese período, los experimentadores entrevistaron a los participantes para conocer sus sentimientos. Asimismo, les mostraron una serie de imágenes en las que aparecían bien personas o bien platos con comida de aspecto delicioso.

Síntomas cerebrales de abstinencia

Al ver las fotografías, las regiones cerebrales de todos los individuos reaccionaron con los característicos síntomas de abstinencia. Así, determinadas áreas cerebrales del sistema de recompensa y relacionados con la adicción (la parte compacta de la sustancia negra y el área tegmental ventral) se activaron con mayor intensidad ante los alimentos que si se mostraban fotos de flores, por ejemplo, en el caso de los participantes hambrientos. En los sujetos que habían permanecido aislados se activaron las mismas áreas, pero cuando veían escenas de sociabilidad humana. Las neuronas dopaminérgicas, las cuales se relacionan con la motivación de una persona para cambiar de situación, se hallaban activas en las dichas regiones.

Otras respuestas del cerebro diferían entre los participantes, según si les urgía comer o tener contacto social. Así, el hambre activó áreas específicas de la corteza cingulada anterior (la amígdala y la ínsula), mientras que la necesidad de compañía activaba, además, la corteza orbitofrontal. Todas estas regiones se encuentran relacionadas con la recompensa y la motivación, pero responden de manera sutilmente diferente según el síndrome de abstinencia de que se trate.

A tenor de los resultados, los autores concluyen que el aislamiento agudo provoca ansia social, de igual manera que el ayuno provoca hambre.

Jan Osterkamp

Referencia: «Acute social isolation evokes midbrain craving responses similar to hunger». Livia Tomova et al. en Nature Neurosciencevol. 23, págs. 1597-1605, 2020.

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