4 de Julio de 2022
Medicina

Normalizar la menopausia para evitar su medicalización

El estigma, la ignorancia o la desinformación sobre la menopausia favorecen su tratamiento médico injustificado y una visión negativa de este proceso.

Tener un buen conocimiento sobre qué ocurre en la menopausia es recomendable para tener unas expectativas realistas de esta etapa de la vida. Foto [iStock/fizkes]

La menopausia, el proceso biológico por el que las hembras dejan de ser fértiles, es una peculiaridad extraña en el reino animal. Hasta ahora, solo se han identificado cinco especies que experimentan este fenómeno: las orcas, los narvales, las ballenas belugas, los calderones y los seres humanos. Las razones evolutivas de la menopausia siguen sin estar claras. Las principales hipótesis plantean que es un mecanismo que favorece la supervivencia del grupo: las abuelas, al no poder tener más descendencia, centrarían su tiempo y dilatada experiencia en la crianza de los nietos o de otros miembros jóvenes del grupo, además de realizar otras tareas importantes.

La menopausia es un evento natural que sucede en torno al 50 por ciento de la población humana mundial, a partir de cierta edad (entre los 45 y 55 años). Sin embargo, la experiencia sobre este proceso no es en absoluto universal: diferentes factores biológicos, culturales y sociales influyen de forma determinante en cómo percibe cada mujer la menopausia. Esos factores también condicionan su posible medicalización (tratamiento injustificado de un proceso normal de la vida que es observado como un problema de salud), lo que puede potenciar aún más una visión negativa de esta etapa de la vida.

Un equipo internacional de especialistas sanitarios han publicado un reciente análisis en la revista médica British Medical Journal sobre la importancia de normalizar la menopausia, eliminar su estigma y potenciar una educación realista y equilibrada (con sus aspectos positivos y negativos) sobre esta etapa normal de las mujeres. Con frecuencia, tanto desde la sociedad, como desde el ámbito médico, la narrativa sobre la menopausia se centra en el lado negativo (problemas de sueño, sudores nocturnos, sofocos, fatiga, cambios de humor, dolor de músculos y articulaciones...), cuando también existen múltiples aspectos positivos o neutrales, como la liberación de la menstruación, del embarazo o de la contracepción.

La imagen negativa de la menopausia influye en que las mujeres tengan una actitud más positiva de la menopausia tras pasarla que antes de llegar a ella, ya que, a menudo, las expectativas sobre las experiencias de esta etapa no coinciden con la realidad. A su vez, unas actitudes y expectativas negativas antes de la menopausia incrementan el riesgo de síntomas angustiantes cuando esta etapa aparece. Aquellas que adoptan una visión medicalizada de la menopausia tienden a atribuir los cambios físicos y mentales a la menopausia, en lugar de a otras causas, lo que puede dificultar un diagnóstico correcto de una posible dolencia (como la depresión).

Además, informar a las mujeres sobre los síntomas que pueden aparecer en la menopausia, la evolución de estos y cómo manejarlos podría darles seguridad sobre cómo vivir este período. Dos encuestas realizadas en Irlanda y Estados Unidos mostraron que entre el 65 y el 77 por ciento de las mujeres no se sentían preparadas para la menopausia y reconocían que les faltaba información importante sobre lo que esperar y cómo mejorar la salud. La falta de información es todavía más acentuada en torno a las personas transgénero y no binarias, así como entre las mujeres inmigrantes. En las primeras, además de entornos sociales que pueden no ser seguros ni adecuados para ellas, los médicos cuentan con lagunas de conocimiento. Por otro lado, los tabús en algunas culturas de mujeres inmigrantes a la hora de hablar de la menopausia impiden que conozcan los cambios normales que puedan aparecer.

Durante siglos, la medicina ha difundido una visión negativa del envejecimiento reproductivo de las mujeres. En el siglo XIX se pensaba que la menopausia causaba una enfermedad nerviosa con múltiples manifestaciones físicas y psicológicas. La función de los ovarios se consideraba esencial para la feminidad y, por tanto, se recomendaban estrógenos a todas las mujeres menopáusicas para tratar esta «grave, dolorosa y a menudo incapacitante enfermedad».

En este documento se recalca que la menopausia es un estado fisiológico. Aunque algunas mujeres puedan tener dificultades para atravesar esta etapa y necesiten tratamiento médico (incluso terapia hormonal), eso no convierte a la menopausia en un proceso patológico. La terapia hormonal sustitutiva para la mayoría o todas las mujeres menopáusicas, que experimentan niveles bajos de estrógenos, fue una postura médica errónea que causó más daños que beneficios para la salud, como demostraron múltiples investigaciones con el paso del tiempo. En la actualidad, se desaconseja esta terapia para la prevención de enfermedades crónicas.

Las autoras señalan varios estudios científicos que revelan cómo el contexto biopsicosocial y económico influye no solo en la percepción y las expectativas de los signos y síntomas que pueden aparecer con la menopausia, sino también en el momento del inicio de esta etapa y en la manifestación y gravedad de diversos síntomas. Así, por ejemplo, la menopausia aparece un poco más tarde en las mujeres de países ricos (de media, a los 51 años) que en aquellos de ingresos bajos o medios (de media, entre los 46 y 48 años) e informan de más síntomas vasomotores. En 11 países asiáticos los síntomas que se identifican como más problemáticos son el dolor en el cuerpo y articulaciones (que afectan al 76 por ciento de las mujeres coreanas y al 96 por ciento de las vietnamitas). En cambio, solo el 5 por ciento de las mujeres indonesias informa de sofocos.

Por otra parte, en EE.UU, las mujeres de diferentes grupos étnicos también experimentan la menopausia de forma distinta. Así, las mujeres de ascendencia africana tienen una menopausia más precoz y con síntomas vasomotores (sofocos y sudores nocturnos) más frecuentes y duraderos que las mujeres caucásicas. Las razones de este fenómeno no se conocen, pero el racismo estructural, la desigualdad y múltiples factores de estrés a lo largo de la vida podrían estar contribuyendo.

La mayoría de las mujeres que atraviesan la menopausia experimentan cambios en el cuerpo. Sin embargo, suelen considerarlo un proceso natural que se puede manejar sin intervención médica. En ese sentido, una encuesta en EE.UU. dirigida a más de 2500 mujeres en los años 80 encontró que el 35 por ciento se sentía neutral sobre esta experiencia, e incluso el 42 por ciento estaba aliviada por pasar por la menopausia. En Australia, otra encuesta realizada en 2001 registró que el 90 por ciento de las mujeres no tenía problemas por los cambios físicos o psicológicos que aparecían con la transición menopáusica o perimenopausia (el período endocrino de varios años que va de una menstruación normal a la última menstruación y la ausencia de ovulación).

Las investigadoras concluyen el trabajo recalcando la importancia de combatir la discriminación de las mujeres que envejecen y el estigma de la menopausia, así como informar de modo equilibrado a las mujeres para que estén mejor equipadas a lo largo de esta etapa de la vida.  

Esther Samper

Referencia: «Normalising menopause»; Martha Hickey et al. en British Medical Journal, vol. 377:e069369 , 15 de junio de 2022.  

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