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4 de Octubre de 2019
Astronomía

Nuestro segundo visitante interestelar

El objeto 2I/Borisov tiene la misma composición que los cometas del sistema solar, lo que hace pensar que el sistema planetario donde se originó podría parecerse al nuestro.

Imagen compuesta de dos colores del objeto interestelar 2I/Borisov, tomada por el telescopio Gemini Norte, situado en Mauna Kea, Hawái. Puede apreciarse una cola pronunciada debida a la expulsión de gases, que es lo que define a un cometa. Las rayas rojas y azules corresponden a estrellas de fondo, que aparecen distorsionadas por el movimiento del cometa. [Observatorio Gemini/NSF/AURA]

El mes pasado, los astrónomos se entusiasmaron al confirmarse la existencia de un segundo objeto interestelar que vuela a través de nuestro sistema solar. Llamado 2I/Borisov en honor a su descubridor, el astrónomo aficionado de Crimea Gennady Borisov, este cuerpo ya ha atraído una enorme atención. Innumerables observatorios, desde el Telescopio Muy Grande (VLT) en Chile hasta el telescopio espacial Hubble, de la NASA, lo están estudiando, y hay mucha más ciencia en camino mientras 2I/Borisov se acerca a su brillo máximo, que alcanzará en diciembre. «Los telescopios de todo el mundo se han preparado rápidamente», dice Michele Bannister, de la Universidad Queen's de Belfast. «Esto, básicamente, está dando lugar a una nueva subrama de la astronomía.»

El primer objeto interestelar, 'Oumuamua, se descubrió en 2017 cuando ya estaba cerca de abandonar nuestro sistema solar. En cambio, 2I/Borisov ha sido detectado mientras hace su entrada. El nuevo cuerpo celeste muestra indicios de actividad cometaria, con polvo y gas a su alrededor, mientras que 'Oumuamua era más tranquilo, como un asteroide (aunque aún no está del todo claro cómo clasificarlo). 

La pregunta ahora es si 2I/Borisov se parece o no a los cometas de nuestro sistema solar, y cualquiera de las dos posibles respuestas es igual de emocionante. «Me encuentro dividida», asegura Bannister. «Si es como los objetos que tenemos en nuestro sistema solar, los procesos que ocurren aquí son más habituales de lo que pensábamos. Y si es muy distinto, eso nos diría que —en la infinidad de sistemas exoplanetarios que existen— la química tiene lugar de una manera bastante diferente a la que vemos.»

Gennady Borisov descubrió el objeto a finales de agosto con un telescopio casero de 0,65 metros. Y casi de inmediato, otros astrónomos, tanto profesionales como aficionados, comenzaron a enfocarlo con sus instrumentos. La trayectoria del cometa confirmó que no está ligado gravitatoriamente al Sol y, por lo tanto, proviene de otro sistema estelar. 

Julia de León, del Instituto de Astrofísica de Canarias, y sus colaboradores usaron el Gran Telescopio Canarias el 12 de septiembre para producir algunos de los primeros resultados (presentaron sus hallazgos el 19 de septiembre en Research Notes of the AAS, una revista que publica trabajos en curso y no está sujeta al proceso de revisión por pares). «Tan pronto como conocimos la existencia de este posible objeto interestelar, decidimos investigarlo», afirma De León. Estudiando la luz que se refleja en el polvo emitido por el objeto, ella y su equipo descubrieron que ese polvo presenta una composición similar a la de los cometas de nuestro propio sistema solar.

Poco más de una semana después, Alan Fitzsimmons, de la Universidad Queen's de Belfast, y sus colaboradores estudiaron el gas expulsado por 2I/Borisov y publicaron sus conclusiones en el repositorio arXiv. Empleando el telescopio William Herschel, también situado en las Islas Canarias, detectaron cianógeno, un gas común en los cometas que orbitan alrededor del Sol. «En cuanto al primer tipo de gas que hemos detectado, este cometa se parece un poco a los de nuestro sistema solar», explica Fitzsimmons. «Y cuando nos fijamos en la cantidad de gas que vemos, en comparación con la cantidad de partículas de polvo que arroja el cometa, también se asemeja bastante.»

El cianógeno es uno de los gases más fáciles de detectar alrededor de estos objetos, pero los astrónomos ya están preguntándose qué es lo próximo que podrían ver. En el momento en que se realizaron estas observaciones, el cometa estaba más allá de la órbita de Marte, a una distancia casi tres veces mayor que la que separa a la Tierra del Sol, y no mostraba una gran actividad.

Pero los astrónomos esperan que 2I/Borisov arroje más y más material al espacio a medida que alcanza su punto más cercano al Sol, o perihelio. Eso ocurrirá el 7 de diciembre, momento en que estará al doble de distancia de nuestra estrella que la Tierra. (Desgraciadamente, el objeto no podrá observarse a simple vista desde nuestro planeta. Los astrónomos incluso estudiaron la posibilidad de que las naves espaciales que se encuentran en otras partes del sistema solar, como la sonda japonesa Hayabusa2, pudieran verlo, pero no tuvieron suerte.) 

Los investigadores pretenden buscar agua, dióxido de carbono y monóxido de carbono. «De hecho, podemos estudiar en detalle la composición de los hielos que conserve ese objeto», añade Bannister, que ha reservado tiempo de observación en el Telescopio Muy Grande de Chile. «Así que este pequeño mundo se está calentando debido a la luz solar, posiblemente por primera vez en toda su existencia. No sabemos dónde se formó. Pero ahora mismo muestra actividad.»

David Jewitt, de la Universidad de California en Los Ángeles, ha conseguido tiempo de observación en el Hubble a mediados de octubre para intentar medir el núcleo del cometa. «Nuestro principal objetivo científico es tratar de distinguir el núcleo dentro de la coma [la nube de polvo y gas que envuelve el núcleo]», comenta. Jewitt señala que conocer mejor el tamaño de 2I/Borisov también dará más información sobre otros objetos interestelares de la galaxia. «Cuando tengamos un valor aproximado [de su masa], podremos decir algo sobre la masa de estos cuerpos que se encuentran diseminados por toda la galaxia.»

Y es que, según algunos cálculos, podría haber un enorme número de ellos. Malena Rice y Greg Laughlin, ambos de la Universidad Yale, emplearon observaciones de los discos planetarios alrededor de otras estrellas para averiguar cómo son expulsados estos objetos. Sugirieron que los culpables podrían ser los planetas más grandes que Neptuno ubicados lejos de su estrella (a más de cinco veces la distancia que hay entre la Tierra y el Sol).

En los primeros instantes de vida de un sistema solar, esos planetas podrían lanzar al espacio profundo una masa similar a la de la Tierra en forma de granos de polvo y cuerpos mayores. Y parece que muchos de estos objetos expulsados podrían estar relativamente cerca de nosotros en estos momentos. «En el sistema solar debería haber, en un momento dado, unos 850 objetos de tamaño de 'Oumuamua o más grandes», asevera Rice. Aunque la mayoría sean demasiado tenues para que podamos detectarlos, este cálculo sugiere que los descubrimientos de 'Oumuamua y 2I/Borisov no son más que un aperitivo de lo que está por venir.

Se espera que próximos telescopios, como el Gran Telescopio para Rastreos Sinópticos (LSST), que comenzará a operar en Chile a principios de la década de 2020, encuentren muchos más objetos interestelares, tal vez uno al año. Pero, por ahora, todos los ojos están puestos en el cometa 2I/Borisov, que ya está demostrando ser fascinante.

Jonathan O'Callaghan

Referencias: «Interstellar visitors: A physical characterization of comet C/2019 Q4 (Borisov) with OSIRIS at the 10.4 m GTC», J. de León et al. en Research Notes of the AAS, vol. 3, n.º 9, art. 131, 19 de septiembre de 2019; «Detection of CN gas in interstellar object 2I/Borisov», A. Fitzsimmons et al. en arXiv:1909.12144v2 [astro-ph.EP], 26 de septiembre de 2019.

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