10 de Agosto de 2021
COVID-19

Nuevos datos alertan sobre la letalidad de la variante beta

Un trabajo halla que las personas infectadas con la variante beta, identificada por primera vez en Sudáfrica, tienen más probabilidades de morir que aquellas contagiadas por otras variantes.

Dos sanitarios atienden a una persona ingresada por COVID-19. [Tempura/iStock/Getty Images]

Un estudio reciente ha concluido que las personas infectadas por la variante beta del coronavirus tienen más probabilidades de necesitar cuidados intensivos y de morir que aquellas contagiadas por otras variantes. La variante beta, también conocida como B.1.351, fue identificada por primera vez a finales de 2020 en Sudáfrica, donde fue responsable de la segunda ola de COVID-19 antes de extenderse por todo el mundo.

Varios indicios habían sugerido que, en Sudáfrica, los casos graves de COVID-19 fueron más comunes durante la segunda ola que durante la primera, causada por la variante original del SARS-CoV-2. A fin de determinar con precisión la gravedad de la variante beta, Laith Jamal Abu-Raddad, experto en enfermedades infecciosas del Centro Médico Weill Cornell-Qatar, en Doha, analizó las infecciones que tuvieron lugar en Qatar a principios de 2021, un período en el que circulaban las variantes beta y alfa. Esta última, conocida también como B.1.1.7, fue detectada por primera vez en el Reino Unido en 2020.

Según los resultados, los cuales no han sido aún revisados por pares, las personas que acabaron contagiadas por la variante beta tenían un 25 por ciento más de posibilidades de enfermar gravemente que aquellas infectadas por la alfa, así como un 57 por ciento más de probabilidades de morir. Abu-Raddad explica que tales resultados concuerdan con lo observado entonces en el país: cuando la variante beta se propagó en Qatar, los ingresos de pacientes graves se duplicaron y las admisiones en UCI y los fallecimientos se multiplicaron por cuatro. «Estaba muy claro que se trataba de una variante más grave», añade el investigador.

El estudio es pequeño, pero reviste importancia porque sus conclusiones se derivan de una cuidadosa comparación entre personas con características similares, como la edad y el sexo, explica Waasila Jassat, especialista en salud pública del Instituto Nacional de Enfermedades Transmisibles de Johannesburgo. En julio, un estudio dirigido por Jassat halló que, durante la segunda ola sudafricana, los hospitalizados por COVID-19 tenían un 30 por ciento más de probabilidades de fallecer que durante la primera. La investigadora añade que determinar la gravedad de la variante beta ayudará a anticipar su efecto en los sistemas sanitarios.

A medida que se ha ido extendiendo la variante delta, más transmisible, la beta está desapareciendo en muchos lugares donde llegó a ser dominante, como Sudáfrica y Qatar. Con todo, Abu-Raddad señala que dicha variante parece ser más resistente a las vacunas y a las infecciones previas que otras, incluida la delta, por lo que podría volver a causar estragos en cualquier momento. «Nunca deberíamos subestimar este patógeno», concluye el investigador.

Ewen Callaway

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Nature Resarch Group.

Referencia: «Severity, criticality, and fatality of the SARS-CoV-2 Beta variant»; Laith J. Abu-Raddad et al. en medRxiv, 4 de agosto de 2021.

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